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27 de junio de 2012 13:10 hs

Peñarol tiene esa extraña seducción de meterse solito en un lío. Nacional deambula entre su discurso predicador y su accionar totalmente opuesto. Y la incoherencia campea y reina el ambiente.

Mire si será inexplicable lo de Peñarol que, cuando las miradas apuntaban a la vereda opuesta, mete gratuitamente la cabeza en la guillotina. Entonces, cuando se suponía que debía estar celebrando el regreso de Pacheco, se genera un polvorín.

Es que el tema del ídolo aurinegro fue mal manejado desde el inicio y los mensajes jamás fueron claros. Dicen una cosa y hacen otra.

Hace un año lo despidieron. Se generó una revolución. Los hinchas se movilizaron. El Centenario fue invadido por carteles. Tiempo después Gregorio Pérez lo pidió y lo ignoraron. Lo terminaron llamando la noche previa a que se iba a gira con Wanderers y encima le tiraron la pelota diciendo: “nosotros hicimos la oferta ahora tiene que decidir Pacheco si quiere venir a jugar en el club”. Inexplicable.

El vicepresidente Edgard Welker, que no anda con matices porque para él es blanco o negro, pidió explicaciones. “A mi me gusta la coherencia en la conducción y acá no encuentro coherencia en el actuar”. Y es lógico. Si el domingo Da Silva dice que no habló de Pacheco no se explica como el lunes cerraron el regreso. El gerente deportivo Osvaldo Giménez se defendió diciendo que “la explicación la dio Jorge Da Silva y es que fue un jugador que pidió”. Welker dijo lo contrario: “No era prioridad dentro de los planes de Da Silva”. Típico del Peñarol de los últimos tiempos.

Nacional no se queda atrás. No se puede tapar el sol con una mano diciendo que no tenían conocimiento de que Gustavo Díaz tenía un compromiso con Defensor Sporting. Si el club se embandera bajo el lema de determinada cultura debe andar por un solo camino. No se puede caminar de acuerdo a la conveniencia del momento como ocurrió con el desembarco de Matías Vecino. El jugador perteneció a varios empresarios: Fonseca, Bentancur y Boselli. Nacional marcó un camino diciendo que negociaba de club a club. Esa vez no lo hizo. Argumentó que no había otra salida porque los empresarios eran los dueños. Una muestra de la ilegalidad institucionalizada porque está prohibido que los representantes sean dueños de jugadores. Bueno, que podemos esperar si hay clubes que para contratar un técnico piden permiso a los dueños del poder.

Alarcón admitió públicamente que se equivocó con la contratación de Díaz pero el daño ya estaba hecho. Nadie es infalible pero hay códigos que no se deberían romper. El tema es que en el fútbol campea y reina la incoherencia. Las pruebas son contundentes.

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