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La inflación cede y hace más fácil la negociación de salarios

El dato del último mes deja atrás la tendencia a la aceleración que preocupaba a asalariados

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09 de abril de 2018 a las 05:00

Cuando se negocian salarios a futuro, la inflación y sus expectativas juegan un papel fundamental. Porque más allá del número final que surja del tire y afloje entre las partes, lo que efectivamente termine pasando con el poder de compra de los trabajadores –lo que verdaderamente importa al final del día, en especial a los asalariados– va a depender en buena medida de la evolución efectiva de los precios.

Con las reglas de juego actuales impulsadas por el Poder Ejecutivo, esa importancia es aun mayor. Desde la ronda anterior de Consejos de Salarios, los ajustes nominales ponen sobre la mesa desde el primer momento las expectativas de inflación.

Esas expectativas están sumamente influidas por la evolución reciente de los precios. Es difícil, en el marco de una negociación, que las partes logren abstraerse de la realidad reciente y piensen únicamente en las perspectivas que trazan los expertos, más aun cuando los últimos datos favorecen su posición.

En ese contexto, las estadísticas conocidas el miércoles de la semana pasada sobre la evolución de los precios en marzo no son un dato más. No solo la inflación volvió a entrar al rango meta del cual había escapado en febrero sino además rompió una racha de siete mediciones consecutivas en aceleración.

A la hora de negociar, no es lo mismo hacerlo con una inflación en aumento que en retroceso o incluso en niveles estables. Por más que los expertos anticipaban la desaceleración inflacionaria del último mes e incluso preveían que el cierre del año se diera en niveles no mucho más altos a los de febrero –7,5% previsto para diciembre frente a 7,2% en la medición del segundo mes del año–, y que retrocediera en 2019 (7,2%), una inflación en aumento daba argumentos al PIT-CNT para ir por ajustes mayores para cubrirse de una eventual aceleración inflacionaria.

Una inflación en aumento genera incertidumbre entre los trabajadores al negociar números a futuro en nominal. ¿Qué pasa si continúa la tendencia a la aceleración en la suba de precios? ¿Qué margen hay para que siga subiendo la inflación sin afectar el poder de compra?

La relevancia está en que en un escenario como el actual, sobreestimar los niveles de inflación futura puede generar complicaciones tanto desde el punto de vista económico como social. Una inflación menor a la esperada conduce a ajustes reales más altos que podrían tener consecuencias sobre la capacidad de las empresas para sostener sus plantillas de trabajadores y por ende, poner en juego el potencial crecimiento de la actividad y la generación de empleo.

Más allá de la escalada de la inflación entre julio y febrero en los grandes números de la canasta, es necesario entender qué fenómenos se encuentran detrás.

Simplificando, se puede agrupar en dos grandes componentes los distintos bienes y servicios que integran la canasta de consumo de los uruguayos. Por un lado, se encuentran los artículos más estables en su precio, cuya evolución obedece a los fundamentos que tiene tanto la economía doméstica como el mercado internacional. La suba de precios de ese componente es lo que se conoce como inflación subyacente. Lo que queda por fuera, son los bienes y servicios cuyo precio es muy volátil –como los productos del agro, muy sujetos a la incidencia del clima–o está atada a la discrecionalidad de agentes por fuera del mercado –como el Estado, con las tarifas públicas–. Eso se conoce como inflación residual.

Cuando se analiza la escalada de precios en los meses anteriores a marzo, la aceleración fue producto del componente residual de la inflación y no del subyacente, que es el que permite trazar tendencias de largo plazo. Entre julio y febrero, la inflación residual calculada en 12 meses pasó de 0% a 8,4%, mientras que la subyacente se redujo de 7% a 6,6% y en marzo siguió moderándose a 6,4%. Este último componente de la inflación llegó a subir a una tasa de 11,1% interanual en marzo de 2016.

Esto permite cierto optimismo respecto a la posibilidad de que la inflación se mantenga acotada en un entorno de 7%. Si se sostendrá o no, dependerá en buena medida del resultado de la negociación colectiva y de factores externos como el tipo de cambio, que podría acentuar o debilitar las perspectivas actuales.

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