28 de mayo 2021 - 21:45hs

La muerte de Jorge Larrañaga abre camino a nuevos realineamientos en la interna del Partido Nacional, que aparece conducido con holgura por el movimiento del presidente. Dos corrientes se alternan en la mayoría blanca desde marzo de 1887, cuando una asamblea realizada en el Circo San Martín fundó oficialmente el Partido Nacional, como continuador de la “divisa blanca” de Oribe, o “partido blanco”.

La discusión entre blancos netos y principistas derivó en el choque de la convención nacionalista que concluyó con dos Directorios paralelos, uno presidio por Juan José de Herrera y otro por Julio Carlos Pereira.

Desde entonces, el nacionalismo ha tenido dos columnas políticas.

Tras el tiempo de revolución saravista de 1897, este partido quedó expresado en una vertiente “radical” con Lorenzo Carnelli y otra de la línea oficial, con el hijo de Juan José: Luis Alberto de Herrera.

Desde aquel primer Directorio (o primeros directorios), el nacionalismo tuvo una columna liberal (herrerista) y otra inclinada a un dirigismo estatal, que fue cambiando de nombre y siempre fue opuesta al herrerismo de cada época.

La corriente herrerista tendría una trayectoria lineal: Juan José (1887), Luis Alberto (hasta su muerte en 1959), Martín Echegoyen luego (con un movimiento deshilachado), Luis Alberto Lacalle (1982-2013) y Luis Lacalle Pou (2014 en adelante).

La otra columna, fue con Pereira (1887), Carnelli (1918 aproximadamente), el movimiento de “nacionalismo independiente” que terminó en un partido fuera del lema (el PNI) con Lussich, Juan Andrés Ramírez (finales de los `20 y hasta finales de los ´50), la UBD con Fernández Crespo (1958-64), Reforma y Desarrollo con Alberto Gallinal (1966), el wilsonismo de los ´70 (Por la Patria y Movimiento Nacional de Rocha), que se prolongó hasta la muerte del líder Ferreira Aldunate (que provenía del Partido Nacional Independiente). Esa vertiente se prolongó en Alianza Nacional de Larrañaga. 

La muerte del “Guapo”, inesperada, dolorosa, abre dudas sobre la continuidad de un movimiento extremadamente dependiente de su conductor.

¿Cuál ha sido la tendencia de alternancia de mayorías entre los blancos?

 

1958

La reunificación blanco-nacionalista se dio para las elecciones de 1958 que marcaron la victoria histórica ante el gobernante Partido Colorado, que marcaba supremacía por casi un siglo, y aquel triunfo sería con una mayoría liderada por Herrera, asociado al Ruralismo que conducía Nardone, conocido popularmente como “Chico Tazo”.

 

1962

Muerto el histórico caudillo herrerista el sector sufrió el golpe, lo que fue aprovechado por la otra corriente y el partido logró su segunda victoria consecutiva, pero con alternancia en la interna, y la corriente mayoritaria pasó a ser la de UBD con Fernández Crespo.

 

1966

Los colorados volverían al gobierno mientras los blancos asumían su derrota y atravesaban un realineamiento de fuerzas. “Reforma y Desarrollo”, con Carlos Julio Pereyra y Wilson Ferreira, sería el sublema mayoritario entre los blancos con casi 171 votos, pero los herreristas que votaron en dos corrientes, llegarían a unos 326 mil sufragios. O sea que otra vez cambiaría la mayoría hacia los seguidores de Herrera (66% a 34%), aunque se gestaba una nueva supremacía liderada por Ferreira Aldunate.

 

1971

La unión de Por la Patria y el Movimiento Nacional de Rocha dio lugar al acuerdo programático de “Nuestro compromiso con usted” bajo el sublema “Defensores de las leyes”. En la última elección previa a la dictadura, Ferreira-Pereyra tuvieron casi 440 mil votos de los 669 mil sufragios nacionalistas, con una mayoría de 65%.

Esa nueva mayoría se daba con 251 mil votos de Wilson y 192 mil votos de Carlos Julio (a ellos se sumó Washington Beltrán con 77 mil y pico de votos)

 

1984

Las primeras elecciones de la democracia restaurada, en 1984, fueron como era esperable con amplia mayoría para el “wilsonismo”, lo que se había anticipado con claridad en las internas de 1982, en ambos casos, con Ferreira proscripto, por lo que no podía ser candidato ni aparecer en las listas. Pese a eso, el ingenio publicitario lo tenía presente con la sigla de la lista del `82 que era ACF (Adelante con Fe … con Ferreira).
En 1984, los blancos votaron un poco menos que en 1971, y la mayoría wilsonista logró 65% de la interna: Lacalle de Herrera fue con lista propia y apoyando la candidatura de Zumarán (reemplazo de Ferreira) y obtuvo 17% (sumado a Garat llegó a casi 20%, mientras que otros herreristas (Ortiz con la UNH y Johnny Payseé) lograron 15%.

 

1989

La muerte de Ferreira en 1988 se dio cuando el nuevo herrerismo liderado por el nieto del caudillo, comenzaba a abrirse paso firme, primero con la reunificación de la corriente y luego en busca de aliados internos que dieran arco más ancho a su propuesta.

Luis Alberto Lacalle de Herrera ganaría las elecciones con un partido que aumentaría su electorado a casi 766 mil votos.

El Herrerismo tuvo casi 43% de la interna, lo que sumado al movimiento creado por Gonzalo Aguirre (Renovación y Victoria) llegaría a 58% del voto blanco. Atrás quedarían el MNR-504 con 28,5% y PLP con 13%.

 

1994

El dilema de la elección del delfín o heredero electoral, cuando el líder está en la Presidencia y no puede ser reelecto, complicó al Herrerismo que terminó dividido. Alberto Volonté con Manos a la Obra fue mayoría con 300 mil votos, seguido del Herrerismo (dividido otra vez) que tuvo 264 mil votos, y por Corriente Wilsonista de Gallinal con casi 66 mil votos.

Los blancos tuvieron poco más de 633 mil votos.

La interna fue así: Volonté con 47,6%, Herrerismo con Ramírez con 41,7% y Correntada con 10,4%.

Era una elección de transición, los colorados volvían al gobierno y los blancos estaban rebarajando sus cartas para ver quién dominaba el partido.

 

1999

Tras la reforma constitucional, cada partido debía ir con candidato único para lo que se hacían internas (o primarias abiertas) pocos meses antes de la elección nacional.

Mientras el movimiento herrerista sufría disgustos y desgaste político, un hombre del interior, Jorge Larrañaga, agrupaba fuerzas para erigirse en líder, pero tenía enfrente a un guerrero incansable.

Luis Alberto Lacalle retomaría la mayoría interna con 62% del partido, que sufría muy mala votación frente a los colorados, y apoyaría a Batlle en el primer balotaje de la historia.

Los blancos consiguieron casi 479 mil votos.

 

2004

Era el año y el número de la lista, 2004, y Larrañaga ganaría la interna blanca y a los colorados también, para ir al balotaje con el Frente Amplio.

Para el Senado, el Herrerismo tendría solo 28% , mientras Larrañaga llegaría a 53,6% lo que sumado a su socio Gallinal, pasaría a casi 71%.

Otra vez cambiaba la mayoría interna, a favor del “wilsonismo” frente al “herrerismo”.

El nacionalismo estuvo cerca de los 765 mil votos, pero Tabaré Vázquez llevaría a la izquierda por primera vez al gobierno sin necesidad de segunda vuelta.

 

2009

Aquella mayoría duraría poco, apenas un período, y de ahí en más los herreristas dominarían el partido hasta ahora. El balotaje de 2009 sería entre el candidato oficialista, “Pepe” Mujica, y el representante de la oposición, otra vez Lacalle de Herrera, que en la elección legislativa se impondría por casi 52%, frente a Larrañaga con 41% y Alberto Perdomo con 5,5%.

Los blancos tuvieron casi 670 mil votos en esa elección.

 

2014

El paso al costado de Lacalle de Herrera generó esperanzas en el “ala wilsonista” y Larrañaga estaba convencido que recuperaba la mayoría blanca, pero sorprendió el adelantamiento de Lacalle Pou, que tenía un plan para 2019 pero sintió que debía largarse en esa elección.

Con un sector propio, “Aire Fresco”, que era una especie de herrerismo del siglo XXI, Lacalle Pou logró amplia mayoría en el Senado, con más de 371 mil votos, que sumado a casi 50 mil de la lista de Sergio Abreu, que era su aliado, le garantizó dominio frente a Alianza de Larrañaga, que arañó los 300 mil votos.

Los blancos votaron 732,6 mil votos y en el balotaje perdieron con Vázquez.

Larrañaga se recuperaría un año después en las departamentales, con 8 de los 12 intendentes blancos, pero por una u otra razón, los iría perdiendo.

 

2019

La última elección ratificó que la mayoría está en esa corriente, heredera de Herrera, porque Lacalle Pou se impuso de nuevo en las primarias y conquistó el gobierno nacional en histórica victoria ante el Frente Amplio.

Con casi 697 mil votos en la nacional, los liderados por Lacalle Pou lograron 65,5%, frente a 20,4% de Larrañaga y 14% del debutante inesperado, Juan Sartori.

El ciclo electoral se completaría en las subnacionales de setiembre de 2020 y ahí hubo un cambio favorable a Lacalle Pou, con 8 de los 15 intendentes (y los otros 7 no son un grupo ni aparecen con chance de serlo, lo que muestra supremacía del presidente).

 

2021

Hacia el nuevo período político, el nacionalismo tiene varias agrupaciones

Aire Fresco de Lacalle Pou, el Herrerismo tradicional con Heber-Penadés, la 40 de Javier García, Alianza Nacional con incertidumbre, Por la Patria con Jorge Gandini, y sectores con fuerza en algún departamento, pero sin organización, ni chance de convertirse en liderazgo nacional.

En perspectiva, fue muy meritorio del Larrañaga de crear movimiento nacional, liderando a pares del interior (caudillos departamentales), lo que no es común.

No hay que olvidar al senador Juan Sartori, que no tiene estructura, pero sí ganas de probar chance de nuevo, con aprendizaje de su primera vez.

Alianza había sufrido desgaste, perdido dirigentes con una sangría que no había terminado y no tiene una grifa que sea imprescindible para construir una columna nueva, alternativa a la mayoría.

Además, Lacalle Pou no es el herrerista tradicional, así como tampoco aquellas ideas que enamoraban a wilsonistas en los años ´70, siguen sobre la mesa con igual firmeza, lo que aflojan las diferencias de pensamiento y baja el muro de separación entre una y otra columna.

Al estar en el gobierno, y en tiempos complejos por salud y economía, todos los blancos están atados al resultado de la gestión. La mayoría está clara en la interna blanca y sin desafiantes por ahora. Por ahora.

 

Soy Nelson Fernández,  periodista y analista económico, columnista de El ObservadorHasta aquí esta nueva entrega de Rincón y Misiones, la newsletter exclusiva para suscriptores Member de El Observador para entender mejor la realidad económica y los temas que tocan nuestro bolsillo, y contar con mejor información para tomar decisiones.
 
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