Hace unos años la selección argentina entrenaba en Mar del Plata y un dirigente arregló con el entrenador para que ingresaran seis jóvenes discapacitados para observar el movimiento. Llegaron, se acomodaron y Emanuel Ginóbili ya trabajaba en cancha cuando se percató de la presencia de los visitantes en ese recinto sagrado y exclusivo para el plantel. Se acercó a su bolso, sacó una cámara de fotos, los saludó y se fotografió con ellos, contó el presidente de la delegación argentina que llegó este viernes a Montevideo, Carlos Henault. Ahí se empieza a descubrir el lado humano del basquetbolista, del mismo que parece de otro planeta cuando pisa la cancha.
La máquina humana
En la cancha se maneja como si fuera de otro planeta, afuera muestra su costado más sensible