¿Viste que Claudia Goldin y sus investigaciones sobre la brecha de género en el mercado laboral ocuparon primera plana en los últimos días? Y qué oportuno que así sea: un asunto que en las últimas décadas se ha colado a los codazos en la agenda, recibe uno de los mayores galardones internacionales de la mano de una mujer, siendo además la primera vez que se le otorga el Premio Nobel de Economía a una única persona. De las investigaciones de Goldin y de cómo estamos en Uruguay quiero hablarte en esta edición de “En Suma”.
Licenciada en Economía por la Universidad de Cornell, doctora por la Universidad de Chicago y actualmente docente en la Universidad de Harvard, también integra la Oficina Nacional de Investigación Económica. Sus trabajos, a lo largo del tiempo, no solo han reflejado un escenario de desigualdad, sino que han ido en busca de los motivos que lo configuran y han ensayado posibles caminos para revertir esa balanza en desnivel.
Por ejemplo, Goldin llegó a la conclusión de que el desarrollo económico por si solo no cierra las brechas de género, siendo necesarias políticas que de forma proactiva las corrijan. También puso sobre la mesa cómo impacta en el trabajo remunerado y el desarrollo profesional de las mujeres el hecho de convertirse en madres; o la mayor disponibilidad laboral de ellos frente ellas, quienes centralizan las tareas asociadas al cuidado del hogar o la atención de niños y adultos mayores. La fuerza laboral femenina, la desigualdad de ingresos, los cambios tecnológicos, la educación y la inmigración también forman parte de sus áreas de investigación.
En Uruguay, pese a que el nivel de formación promedio de las mujeres es superior al de los varones, la desigualdad existe. Según el último Índice de Desigualdad de Género (IDG) de Naciones Unidas, Uruguay se encuentra en el puesto 62 entre 148 países, con amplio margen para mejorar.
Y como para muestra basta un botón, veamos solo algunos datos de la última “Encuesta sobre Uso de Tiempo y Trabajo no Remunerado”, publicada en marzo de este año, que muestra que las mujeres casi duplican a los varones en la realización de tareas no pagas. De hecho, las mujeres dedican el 61,4% de su tiempo de trabajo a tareas no remuneradas, mientras que los varones un 35,9%.
Y si bien ellos trabajan más horas pagas que ellas, al sumarse el tiempo dedicado a las tareas domésticas y el cuidado de niños y adultos, las mujeres totalizan una carga laboral semanal superior a la de los varones.
La encuesta también evidencia que el 87,3% de las mujeres consultadas participan de los trabajos de cuidado y gran parte de las tareas domésticas, mientras la cifra es de un 75,6% en el caso de los hombres. Aunque se ha avanzado, la brecha persiste.
¿Pero quién hace qué? Siete de cada diez mujeres se dedican a hacer las compras o cocinar, mientras en el caso de los varones son tres de cada diez. Un comportamiento similar ocurre con la limpieza o el cuidado de la ropa: ellas cuadruplican la participación de ellos.
Los varones, sin embargo, participan más de tareas asociadas a lo “masculino”, como mantenimiento y reparaciones: ellos se involucran en el 83,1% de los casos frente al 16,9% de ellas. Cuando se trata del cuidado de familiares a cargo, la tasa de participación de las mujeres es de un 45,7% frente al 32,4% de los varones. Respecto al cuidado de menores (hasta 12 años), ellas dedican 17,8 horas semanales y ellos 13 horas. La falta de equidad, también en este capítulo, es clara.
¿Y qué ocurre con la autonomía económica? Según las últimas Estadísticas de Género del Ministerio de Desarrollo Social disponibles, que consideran la Encuesta Continua de Hogares del Instituto Nacional de Estadística, al analizar la cantidad de mujeres (11,7%) y varones (6,4%) de 14 y más años que no perciben ingresos propios, se registra una brecha de 5,3 puntos porcentuales a favor de los varones. En cuanto la proporción de hogares monoparentales con jefatura femenina, la cifra asciende a 11,5% frente al 2,9% de los hogares monoparentales masculinos. Son solo ejemplos, pero las cifras interpelan.
Uruguay ha ratificado todos los compromisos internacionales en materia de género y aunque se ha trabajado para achicar la brecha a nivel local con legislación, normativa, políticas públicas y presupuesto -que nunca es suficiente-, los desafíos persisten.
Celebro que premiaciones como la de Goldin nos obliguen a hablar de estos temas. Ojalá no tuviésemos que hacerlo.