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La obra del boxeo en las cárceles y los dos reclusos que salieron para disputar un torneo

En el Torneo Súper 6 que organiza la Federación Uruguaya de Boxeo compitieron dos boxeadores privados de libertad que conocieron en el deporte una nueva forma de vida gracias a una titánica tarea que realiza hace años el entrenador Juan Petracca

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10 de noviembre de 2022 a las 05:01

En el módulo 11 del Comcar la vida transcurre lenta y apretada. Hay solo media hora al día para salir a hacer planchada, en un espacio gris y angosto. Ahí se hacinan los reclusos más complicados de la mayor cárcel que tiene Uruguay. Los llaman los bagayos. Son los privados de libertad a los que nadie les abre ninguna otra celda en el penal. 

Un buen día, el entrenador de boxeo Juan Petracca se reunió con 27 reclusos de ese módulo 11 y también del 10 en un salón de visitas del Comcar, en un espacio de 10 por 10 metros. Ya llevaba un tiempo promoviendo el deporte en la cárcel y le había pedido a las autoridades que ya no hicieron la requisa previa. "Quedaba violento", pensó. Sin embargo, esa tarde había un conflicto entre dos presos. Y en esos módulos las tensiones se dirimen con armas blancas que los propios presos fabrican. 

El grupo le planteó el problema al entrenador. Querían salvar la actividad. Y Petracca les ofreció calzarse los guantes para dirimir el conflicto, con la condición de que una vez terminado el mismo se dieran un abrazo, cualquiere fuera el desenlace. No pasaron tres minutos cuando el cansancio gobernó a los pugilistas y ambos pidieron que sonara la campana. "Ya está profe, ya está", le pidieron. Y aquella pelea donde se asomaba la muerte terminó en abrazo y conflicto enterrado. 

Los valores que promueve el deporte sanan, construyen, enriquecen, unen.

Petracca comenzó a llevar el boxeo a las cárceles hace cuatro años, primero a través del programa Pelota al Medio a la Esperanza del Ministerio del Interior y luego en conjunto con la Secretaría Nacional del Deporte (SND). Da clases y entrena en el Comcar, en la unidad 1 y 6 de Punta de Rieles, en Quebracho y la cárcel de mujeres. 

Desde el módulo 6 de Punta de Rieles, una cárcel que funciona como un barrio cerrado, con comercios, donde los reclusos pueden usar celular, dos boxeadores salieron para participar este año de la segunda edición del Torneo Súper 6 Copa Directv 2022, organizado por la Federación Uruguaya de Boxeo, única entidad avalada por la SND para regir el boxeo amateur y profesional en el país. 

El salteño Daniel Centurión participó en -67 kilos donde realizó dos muy buenos combates ante boxeadores experientes. Perdió los dos pero dejó una muy buena imagen. 

Santiago Freier participó en -92 kilos. Ganó su primer combate por nocáut técnico y perdió el segundo por nocáut ante Junior Feijo, a la postre campeón de la categoría. 

Santiago Freier compitió en -92 kilos

Estos fueron los campeones de la segunda edición del Súper 6:

CampeónCategoríaClub
Lucas Fernández-57 kilosClub Ipiranga
Silvestre Kanapkis-60 kilosClub Team Casoni
Alejandro Bottino-63,5 kilosClub Huracán Buceo
Ezequiel Allalon-67 kilosClub Plaza Colonia
Lucas Araújo-75 kilosClub Continental
Santiago Borges-81 kilosClub Legionarios
Junior Feijo-92 kilosClub Ali
CampeonaCategoríaClub
Lucía Marrero-60 kilosClub Ali

Freier tiene 25 años, lleva siete años preso y le quedan por cumplir tres años más de condena. 

Estuvo en los módulos más complicados del Comcar pero hace cinco meses, por su buena conducta y por practicar boxeo, lo trasladaron a la unidad 6 de Punta de Rieles. 

"Nunca había peleado fuera del establecimiento, solo había peleado contra internos. En la primera pelea sentí muchos nervios, era todo nuevo, salir en televisión. Fue un debut perfecto. En la segunda sentí la ventaja de peso que di", contó a Referí

"Mi peso natural es 98, 99 kilos, pero competió en 92. Fue una locura bajar de peso, me deshidraté porque estuve días sin comer ni tomar agua haciendo ejercicios en doble horario", reveló.

En la cárcel se come todos los días lo mismo. Los reclusos llaman a su alimento "el rancho": papa y zanahoria hervida, a veces lenteja, a veces arroz o fideos, rara vez pulpa. "Es un asco, un rejunte con agua sucia. Si no tenés visita que te den una mano, no comés bien", contó Freier. 

El deporte, una segunda oportunidad para los reclusos

"El boxeo para mí es una parte fundamental de mi proceso de tiempo que llevo acá adentro. Me dio montones de cosas, me sacó de los problemas, me cambió el enfoque. He tenido altos y bajos, momentos en que no quería entrenar, pero siempre me permitió salir adelante. Esta oportunidad que se me presentó de salir a competir me motiva más para lograr cosas, es todo un avance", explicó el púgil. 

"Santiago es un boxeador que da bien los 92 kilos que en amateur es peso pesado. Es un tipo muy grande, con buen alcance de brazos, es zurdo con lo cual tiene una leve ventaja porque hay más boxeadores derechos, es muy rápido, tiene desplazamientos rápidos, tiene velocidad en las manos, tira golpes con mucha velocidad, tiene pegada; es bastante completo. Es estilizado en movimientos, muestra buena línea técnica, es atractivo al verlo boxear, tira muy bien golpes, se desplaza bien, tiene buen cabeceo. Con 25 años es un buen prospecto para el boxeo", Juan Petracca, entrenador

Freier no quiere contar qué delito cometió. "Vivía en Santa Catalina, éramos mi madre y cuatro hermanos. Mi madre limpió pisos toda la vida. Yo era un pibe de barrio, sin nada. Fui creciendo y ahí aparecieron las malas juntas, las drogas, los robos..."

El deporte es para Freier una segunda oportunidad. Cultivar valores que no conoció antes de la cárcel. Tener una razón para alejarse del ocio. Un objetivo, una ilusión, un motor para hacer girar las horas del día a día. 

"Entreno de lunes a viernes, de las 9 hasta el mediodía, y de las 14 hasta las 16.30 o 17".

La posibilidad de pelear en el Súper 6 le hizo volver a sentir pedacitos de libertad. "Pude caminar por la vereda, no fui esposado a la pelea y pude compartir un tiempo con mi familia".  

El lunes 28 de noviembre se disputará un torneo intercarcelario en Punta de Rieles con un ring con medidas profesionales, provisto con fondos de Pelota al Medio a la Esperanza, con la organización de Marcio Alfonso que es el director de la cárcel y que está muy involucrado acercar el deporte a los reclusos. Competirán internos de Unidad 20 de Salto, las unidades 1 y 6 de Punta de Rieles y también habrá representantes de Comcar. Freier tiene previsto disputar el Campeonato Nacional en febrero del año próximo. 

"La población carcelaria es gente que viene de contextos muy vulnerables, que no ha visto otras cosas en la vida, que empezaron sus carreras delictivas por falta de otras opciones en la vida o que vienen de familias donde se aprende la carrera delictiva. La cárcel es una cosa de día y otra de noche, cuando se pone peligrosa", reveló Petracca. 

"Yo ahora en Punta de Rieles puedo dormir tranquilo en las noches", agregó Freier. 

"Llevar el boxeo a las cárceles para mí es gratificante, siempre me vuelvo satisfecho porque me siento respetado, valorado. Cuesta un poco al principio, pero me he hecho respetar con el trabajo y siempre que puedo llevo algún calzado, alguna ropa. Nunca un recluso me pidió que entrara nada raro, respetan mi trabajo y se sienten a gusto", expresó. 

El boxeo en el módulo 6 de Punta de Rieles

Para Petracca el boxeo no es un deporte violento y entiende que no es peligroso enseñarlo a los privados de libertad: "Respeto todas las opiniones, pero el boxeo, como las artes marciales, potencia el respeto, el compañerismo, el sacrificio, la humildad, la solidaridad. El que nunca se puso los guantes no sabe que no es un deporte violento. Sí es rudo, pero la violencia es cuando vas con odio y bronca hacia el oponente. En el boxeo vas con un fundamento técnico, deportivo. El día de mañana nadie va a salir a robar a las piñas. La calle está muy complicada y si alguien sale de vivo sabe que se la puede llevar en patota o que le pueden meter un balazo. No lo veo por ese lado, lo veo como una herramienta que genera sentido de pertenencia, de equipo, de disciplina y de muchos otros buenos valores".

En el boxeo social o en las cárceles cada entrenamiento se termina con una oración del boxeador así como cada pelea se termina con un abrazo. Sí, con un abrazo, aún si es en el módulo 11 del Comcar.

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