A lo largo de su carrera Steve Jobs ha tenido un solo lema: “mantente hambriento, mantente audaz”. Con este espíritu, el presidente de Apple no solo creó, entre otras revoluciones tecnológicas, el iPod, el iPhone y el iPad, sino que también sorteó varios reveses capaces de dejar en la ruina emocional a cualquiera: una adopción –vale recordar que sus padres biológicos lo entregaron a una pareja de clase media de origen armenio–, un despido –nada más ni nada menos que de la empresa que él mismo fundó– y un diagnóstico de cáncer –que ha ido sobrellevando a través de operaciones.
La otra cara de un señor hambriento y audaz
En El camino de Steve Jobs, Jay Elliot, ex vicepresidente de Apple, revela historias inéditas e íntimas del hombre que cambió la forma en que millones de personas trabajan, juegan y se comunican