11 de agosto 2011 - 16:01hs

A lo largo de su carrera Steve Jobs ha tenido un solo lema: “mantente hambriento, mantente audaz”. Con este espíritu, el presidente de Apple no solo creó, entre otras revoluciones tecnológicas, el iPod, el iPhone y el iPad, sino que también sorteó varios reveses capaces de dejar en la ruina emocional a cualquiera: una adopción –vale recordar que sus padres biológicos lo entregaron a una pareja de clase media de origen armenio–, un despido –nada más ni nada menos que de la empresa que él mismo fundó– y un diagnóstico de cáncer –que ha ido sobrellevando a través de operaciones.

Según ha dicho Jobs en más de una oportunidad, ni el dinero ni las innovaciones ni los excelentes balances en las cuentas de su empresa han sido su mayor logro, lo suyo en realidad pasa por otro lado, pasa por haber sustentado la vida –su vida y la de los que lo rodean– en una vocación creativa. Dicho de otro modo, el mayor logro de Jobs ha sido volcar toda su creatividad para que millones de personas pudieran cambiar la forma en que trabajan, juegan y se comunican. No es exagerado decir que Jobs revolucionó los hábitos privados y sociales del mundo. Es un hecho.

Algo de esto es lo que se percibe en El camino de Steve Jobs, probablemente el mejor o al menos el más cercano e íntimo de los libros que se han escrito del “niño genio”, dado que su autor no es otro que Jay Elliot, quien fuera vicepresidente ejecutivo de Apple y mano derecha de Jobs durante muchos años, participando activamente en todos los lanzamientos de la compañía.

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Con una vida profesional vinculada al desarrollo de las computadoras –de hecho Elliot actualmente es CEO y fundador de la compañía de software Nuvel, pero antes trabajó en Migo Software, IBM e Intel–, el autor es la persona que mejor conoce el trabajo profesional de Jobs, pero no por eso un escritor que sabe contar bien una historia, por eso pidió la colaboración de William L. Simon para escribir este libro, dado que Simon es un célebre escritor de best sellers y autor de iCon, la biografía hasta ahora más difundida de Jobs.

Por lejos, uno de los más atractivos pasajes de El camino de Steve Jobs es su comienzo, cuando Elliot cuenta su encuentro con Jobs en un restaurante. “Éramos muy distintos: él era un veinteañero con aspecto hippie que vestía jeans y zapatillas, y vio en mí a un atleta de 1,98 m, de cuarenta años, de tipo corporativo, que usa traje y corbata. Lo único que parecíamos tener en común era que en ese momento ambos teníamos barba. Sin embargo, descubrimos rápidamente que compartíamos la pasión por la computadoras. El tipo era un tragafuegos, ardiendo en energía, prendido ante la idea de que yo había trabajado en posiciones clave en el área de tecnología, pero que había dejado IBM cuando descubrí que eran muy lentos para aceptar nuevas ideas”.

Lo interesante de este encuentro es que fue casual: Elliot estaba sentado en ese restaurante esperando a una persona y leyendo en un diario el encabezado de la sección Negocios en el que contaban el desastroso final de la compañía Eagle Computer; Jobs, que también esperaba gente, leía el mismo artículo. Esto hizo que empezaran a conversar y Elliot le contó a Jobs su relación con la historia: acababa de renunciar a Intel para unirse a Eagle Computer, una compañía que, ni bien cotizó en alza en la bolsa, hizo multimillonario a su CEO, quien para festejar esto salió a tomar unas copas con los cofundadores de la compañía y fue directo a comprarse un Ferrari, chocando mientras lo prueba y matándose. Fin del CEO, de Eagle Computer y del futuro de Elliot.

Dos semana después, Elliot estaba trabajando para Apple, y como a Jobs le gusta sorprender a la gente hasta el último minuto, un día lo invitó a dar un paseo en su Mercedes Benz. “La música estallaba por los parlantes del coche. Police y The Beatles a un volumen demasiado alto. Ni una palabra de a dónde nos dirigíamos”. Jobs llevó a Elliot a Palo Alto a ver la versión primaria de lo que luego se llamaría mouse, una impresora de computadora y una pantalla que no solo mostraba textos y números, sino también dibujos, imágenes gráficas y un menú de elementos que podían seleccionarse con ese mouse. “Steve se refirió luego a esa visita como apocalíptica. Estaba seguro de que veía el futuro de la computadora”.

Pero si bien El camino de Steve Jobs es una especie de relato en clave autobiográfica, la visión desde dentro que ofrece Elliot se centra sobre todo en los aspectos empresariales de Apple, por eso el subtítulo del libro es Liderazgo para las nuevas generaciones. La idea de Elliot es en este sentido bien clara: su trabajo va dirigido a los jóvenes, que encontrarán en casi 250 páginas como una guía para futuros empresarios con vocación de innovar.

Para entender un poco mejor el imperio construido por Jobs, conviene recordar aquí algunas de las cifras que ha alcanzado Apple en el tercer trimestre de 2011: los beneficios alcanzaron en junio US$ 7.310 millones, número que duplica los US$ 3.025 millones de hace un año. Por otra parte, en el pasado trimestre se han vendido 3,9 millones de Mac y 20,3 millones de iPhones; del iPad 2 por ejemplo se han vendido 9,25 millones, casi 29 millones de tabletas desde que salieron al mercado. Si a esto se le suman las ventas de iPod y de todo el software de Apple, como iTunes, iLife, Aperture o Final Cut, se tendrá una visión más completa de una compañía que además de vender ilusiona.

En El camino de Steve Jobs Elliot lo dice claro: Jobs no solo sabe persuadir sino que ilusiona y fascina. Estamos hablando del tipo que se concentró en crear un producto tan revolucionario como la Macintosh, que llega al mercado en 1984, o la mítica impresora LaserWriter. Estamos hablando del creador de NeXT Computer, del tipo que compra Pixar Image Computer y que, tras años de no ganar dinero, llega a un acuerdo con Disney para producir películas animadas, saliendo de esa cantera filmes como Toy Story. Hablamos de un hombre que ha encontrado en el budismo un estilo de vida que le consuela y acompaña, pero que lleva encima una carga de perfeccionismo que lo ponen en situaciones de mucha dureza.

Es Steve Jobs, el hombre que decidió que todas las firmas del equipo original de ingenieros deberían estar grabadas dentro de las cubiertas de las Mac, algo que los compradores y usuarios de Mac nunca verán, pero que Jobs entendió que era necesario porque “los artistas firman su trabajo”.

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