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La planta de reciclaje de plástico más grande del mundo por dentro

PetStar recicla más de 3.000 millones de botellas al año y tiene a Coca Cola como una de sus principales accionistas

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12 de abril de 2018 a las 05:00

Invitado a Ciudad de México

La nube gris que envuelve a Ciudad de México es espesa y sucia. Mientras el avión aterriza y atraviesa la mugre flotante del cielo, la ciudad emerge inabarcable y populosa. Edificios, millones de personas, millones de autos. Humo. Smog. La belleza de la ciudad queda irremediablemente opacada por ese primer vistazo.

En la ciudad conviven más de 22 millones de personas y hay uno o varios autos por familia. Moverse sobre ruedas propias es, además, un símbolo de estatus.Según cifras del Instituto Nacional de Estadística y Geografía el parque automotor de todo el país es de más de 38 millones de vehículos. De 2010 a 2014 creció un 23%. No es raro, entonces, que la ciudad ocupe de manera frecuente los primeros lugares en los rankings de las ciudades con más polución en el continente.

Pero esa polución, a pesar de ser abundante, no es el único problema ambiental del país. Como en el resto del mundo, millones de botellas de plástico son descartadas por día, por mes y por año, y en consecuencia, la reutilización y el reciclaje de este material se ha convertido en una de las misiones principales de las grandes empresas, responsables de posicionar el plástico en el mercado con sus productos.

El problema del plástico está siendo atacado, ya que en Toluca, una ciudad cercana a la capital del país, se erige PetStar, la planta de reciclaje de plástico más grande del mundo. Esa planta posee varios accionistas, y uno de los principales es Coca Cola.

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En un edificio de 10 pisos creado y acondicionado para impactar lo menos posible al ecosistema del lugar, se reciclan 3.100 millones de botellas de plástico al año, cantidad que podría llenar el mítico estadio Azteca dos veces y media. En total, se producen 50 mil toneladas de resina reciclada de Pet (plástico) grado alimenticio.

Esos datos fríos se dimensionan cuando se entra a la planta. Cada recinto está creado para que la luz del sol impacte de manera prolongada y se utilice menos electricidad, lo que le da un aspecto natural hasta los rincones más artificiales. Cada etapa del proceso esta señalizada con carteles que explican qué es lo que se está haciendo allí, señal de que, además de una planta, es casi un museo del reciclaje.

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Perocuando se recorren sus instalaciones lo que más impacta es el plástico. Plástico empaquetado, en cubos, colocado en sitios acondicionados, corriendo por bandas transportadoras. El plástico problema transformado en plástico solución.

Allí, en un edificio de 10 pisos creado y acondicionado para impactar lo menos posible al ecosistema del lugar, se reciclan 3.100 millones de botellas de plástico al año, cantidad que podría llenar el mítico estadio Azteca dos veces y media. En total, se producen 50 mil toneladas de resina reciclada de Pet (plástico) grado alimenticio.

En total, el proceso que transforma al plástico en Pet reciclable y utilizable posee veinte etapas diferentes, que incluyen la articulación de recolectores en todo el país, la separación del plástico utilizable del descartable y la transformación final, mediante condensación, homogeneización y otros procesos, en el producto final.

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"La filosofía que queremos demostrar con este modelo es que para un proyecto sustentable permanezca en el tiempo tiene que ser rentable. Debe tener valor social, ambiental y económico. Es la manera que tenemos de intentar que esto que hacemos se replique", explicó, durante el recorrido, Jaime Cámara Creixell, director de la empresa.

Cada valor al que hace referencia Cámara posee características particulares. El valor social se enmarca en el acopio de pepenadores (aquellos que recolectan el plástico en basureros y los trasladan hasta la planta) distribuidos por 1.200 puntos en todo México. El valor ambiental refiere, por su parte, a la capacidad de colaborar reduciendo un 87% la emisión de gases de efecto invernadero al reutilizar el plástico; en total se estima que la producción de un año de la planta y su implicación en el ambiente equivale a retirar por dos días todos los autos de Ciudad de México.

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Y, como toda empresa, el valor económico refiere a lograr una sustentabilidad junto a sus accionistas, vendiendo el plástico a precio de mercado y otorgando trabajo a casi 25 mil personas de forma indirecta.

La planta tiene, además, zonas especiales que buscan concientizar a los visitantes sobre la importancia del reciclado y una terraza verde en la que se plantan diferentes especies de plantas locales.

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Reciclaje en Uruguay

Si bien la planta de la que Coca Cola es accionista se encuentra en México, Uruguay también forma parte de los proyectos de reciclaje que la empresa impulsa desde hace algunos años. Según datos de la compañía, desde 2008 se aligeró el peso del envase utilizando menos plástico para su elaboración. Hoy se usa un 17% menos de ese material a la hora de fabricar botellas. A su vez, en 2017 se logró que el 84% de los residuos industriales generados en planta fueran de materiales reciclados.

Coca Cola, a través de Montevideo Refrescos, participa además en el Plan de Gestión de Envases administrado a través de un fideicomiso de la Cámara de Industrias del Uruguay. Actualmente la compañía tiene 38 productos diferentes en el mercado uruguayo.

Menos azúcar, más productos

A mediados de enero, los consumidores de Coca Cola comenzaron a encontrar que en las heladeras había aparecido una nueva variante de la bebida: la Coca Cola sin azúcar. Esta variante se enmarcaba en la campaña Marca Única que la compañía lanzó en 2016, con el fin de impulsar las versiones de sus bebidas con menos calorías. Significó, entre otras cosas, que se aumentara la visibilidad de todas las opciones disponibles en el país. El impulso responde a una decisión de atacar la raíz de uno de los problemas de salud más complicados: la obesidad.

Anteriormente al desembarco de la Coca Cola sin azúcar, la tendencia marcaba que los consumidores preferían cada vez más las versiones con menos azúcar. Entre otros resultados, el volumen de Coca-Cola Zero creció un 13% en 2016 y un 15% en 2017. Según datos de la empresa, en Uruguay se compra una Coca Cola sin azúcar cada cuatro comunes.

Según los mismos datos, el 75% de los productos lanzados en los últimos dos años son bebidas reducidas en calorías. En la actualidad, el 37% de las opciones en Uruguay son de este tipo.

Pero para que todos estos productos lleguen al mercado, primero deben pasar por varias pruebas. Esas pruebas se hacen en Ciudad de México, donde está establecido el Centro de Innovación y Desarrollo de Coca Cola. La institución da apoyo a las cuatro reparticiones de la empresa en Latinoamérica (México, Brasil, América Central y Sudamérica) e inició sus operaciones en 2015.

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Allí, cada año, se proponen más de 1.000 fórmulas diferentes, se testea con consumidores elegidos al azar y se aprueban ingredientes y bebidas.

En ese centro se estudió recientemente, por ejemplo, las propiedades del yogurt Santa Clara, una marca mexicana que la compañía adquirió de manera reciente y que se encuentra disponible en el país norteamericano en una versión que no contiene azúcar agregada, saborizantes, ni colorantes. De allí también salió una línea de jugos dentro de la marca Del valle –que está presente en Uruguay– y que utiliza stevia en lugar de azúcar tradicional.

Según explicaron los técnicos del lugar durante una visita a las instalaciones, todo lo que allí se desarrolla y se testea tiene como destino los mercados de Latinoamérica. Depende luego de las distribuidoras de cada sector el que alcancen las góndolas de cada supermercado del continente.

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