Agro > TRIBUNA / LUIS ROMERO ÁLVAREZ

La reactivación del país

"Por vivir encerrados en un Mercosur autista tiramos por la borda cientos de millones de dólares”

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08 de noviembre de 2019 a las 10:45

Por Luis Romero Álvarez, especial para El Observador

El economista Ernesto Talvi, en plena campaña electoral, al ser preguntado sobre cómo habría que reactivar el país no dudó en contestar: “Hay que reactivar el agro”.

Antes había dicho que el agro es nuestro petróleo, palabra más palabra menos. Es destacable que Talvi, quien no tiene raíces agropecuarias, pero sin duda sabe mucho de economía, tenga tan claro lo que los que somos del agro decimos desde siempre: si el agro marcha bien, el país marcha bien. Bravo por Talvi entonces y ojalá esa visión tan clara y tan acertada se impregne en la coalición que está llamada a gobernar el país.

Ahora bien: ¿cómo se reactiva el agro? A mi juicio, hay que proceder en tres tiempos. El primero es corregir los problemas sistémicos que tienen postrada a toda la producción nacional: mejorar el tipo de cambio; bajar el costo de la energía (¿recuerdan el gasoil productivo de la primera campaña del FA? Aquí el gasoil siempre había valido la mitad que la nafta y pasó a valer lo mismo… ¡y para subsidiar el boleto en vez de sacar de la nafta que no mueve tractores ni camiones se sacó del gasoil!); luego aliviar los impuestos ciegos, aunque en el corto plazo se precise subir transitoriamente (creando el aumento con fecha de caducidad en el mismo instrumento legal) los impuestos a la renta.

Dependiendo de cómo se encuentren realmente las finanzas públicas, una vez que se tome el control del Estado, será posible evaluar si el recorte de gastos superfluos y despilfarros, más la no reposición de empleados públicos, es suficiente en cantidad y velocidad, para reencaminar la viabilidad financiera del país o no.

De esto dependerá cómo manejar el tema impuestos, reconociendo que no hay nada peor para el país que una debacle como le sucedió a Mauricio Macri por no hacer a tiempo lo que debía hacer.

Paralelamente, desarmar y aliviar la maraña de permisos, regulaciones y trámites que se acumulan inútilmente sobre los que quieren arriesgar su capital y su esfuerzo para producir.

Dentro de este primer tiempo también hay que ir de urgencia al rescate de los sectores lechero, arrocero y citrícola que no aguantan más y que son muy valiosos para el país.

En el segundo tiempo hay que acelerar la apertura de mercados y la eliminación de aranceles para nuestros productos en mercados existentes. Por vivir encerrados en un Mercosur autista tiramos por la borda cientos de millones de dólares anuales en aranceles que nuestros competidores no pagan sencillamente porque hicieron los acuerdos comerciales debidos y que nosotros también deberemos firmar de inmediato, guste a quien guste y pese a quien pese.

En un tercer tiempo hay que prender nuevos motores del sector primario que tienen enorme potencial y hoy están apenas moderando. Esto se hizo en el primer gobierno del doctor Julio María Sanguinetti con el tema forestal: plan maestro, ley de promoción, proyecto con el Banco Mundial para cubrir costos de subsidios y exoneraciones a la industria naciente.

Estos nuevos motores de inicio deben ser: la granja, la pesca y la minería. Cualquiera de los tres puede darle al país mucho más que la forestación, pero están hoy muy lejos de rendir a medida de su potencial. Si no se hace nada, como no se ha hecho nada en tantos años, seguirán así para siempre en vez de hacer volar las exportaciones, crear más puestos de trabajo y aportar más impuestos para la sociedad.

Habiendo atendido con velocidad y profesionalismo los puntos anteriores queda por encaminar las fuerzas de fondo que siempre se necesitan para sostener los resultados a largo plazo: educación, seguridad, salud e investigación.

Tenemos que recordar que no hay mejor política social que un buen trabajo y que pagarles a vagos para que sean vagos es el peor negocio de un país.

El nuevo gobierno entonces de primera tiene que comunicar un mensaje bien claro: ¡uruguayos, a trabajar! Pero a trabajar para ganar como es justo y necesario.

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