Va de un lado a otro en el reconocimiento del plantel aurinegro del estadio de Pacaembú, donde el miércoles jugará la revancha de la final de la Copa Santander Libertadores ante Santos y siempre alguien lo detiene para hacerle un comentario, para palmearle la espalda, para elogiar lo que hicieron en Peñarol o, simplemente, para hablar de fútbol. Y con todos hace una pausa. Siempre tiene tiempo para charlar unos minutos.
“Es una experiencia extraordinaria la que estamos viviendo ahora. Cuando con Juan Pedro (Damiani) dijimos “vamos a agarrar esta responsabilidad” nos enfrentamos a una situación extrema, porque el club estaba peor de lo que pensábamos y había situaciones que no eran sensibles a la vista”, explicó el vicepresidente aurinegro, Edgard Welker, a El Observador para ubicar el contexto del club que recibieron en 2009 y el que surca las canchas de América en la actualidad.
“Pusimos mucho dinero y la cara para salir del pozo, y recibimos de todo tipo de agresiones, verbales, físicas… pero hoy te encontrás con esta recompensa, que no solo está enfocada en el éxito momentáneo sino en el crecimiento integral del club”, expresa con orgullo.
“En el futuro no habrá que esperar 24 años para volver a soñar con ver a Peñarol en otra final, porque en el futuro el club no estará pendiente del dinero que puedan aportar algunos dirigentes para sobrevivir. Con el crecimiento social que vive la institución se logró un equilibrio en sus ingresos y a partir de ahora también se logrará bajar el pasivo”, agregó.