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21 de septiembre 2022 - 9:23hs

Mientras la inflación a nivel mundial sigue marcando nuevos máximos, la Reserva Federal de Estados Unidos (FED) anunciará esta tarde una nueva suba de sus tasas de interés de referencia que, según el pronóstico del mercado, será de 75 puntos básicos, la tercera consecutiva en dicho rango.

Pese a que el índice de precios al consumidor de Estados Unidos cedió desde el 9,1% interanual registrado en junio -el valor más alto en cuatro décadas-, el indicador continuó elevado en los meses siguientes y la inflación núcleo, que marca la tendencia de largo plazo al excluir bienes y servicios volátiles, volvió a acelerarse en agosto.

De cara a una inflación que no da respiro, el presidente de la FED, Jerome Powell, abrió la puerta a otro incremento que sugirió “inusualmente grande”, probablemente de 75 puntos, lo que llevará la tasa a niveles nunca vistos desde la crisis financiera de 2008 en un intento, según la FED, para evitar un desanclaje de las expectativas.

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En ese contexto, Powell ratificó en el cónclave de banqueros  que se realizó en Jackson Hole, Estados Unidos, que la FED “continuará con una política monetaria restrictiva por algún tiempo con el objetivo de estabilizar la inflación en torno a la meta tradicional del 2% anual.

Desde entonces, diversos gobernadores de la FED se expresaron públicamente a favor de una suba de 75 puntos básicos. Algunos analistas, incluso, han especulado con la posibilidad de una suba mayor, algo que el consenso considera poco probable.

“Una suba de tal calibre sería la mayor suba individual desde los años ochenta y generaría expectativas de una baja durante el año próximo, lo que sería contraproducente para la FED al reducir los rendimientos de los bonos de largo plazo”, estimó Michael Feroli, economista jefe de JPMorgan, en declaraciones a la agencia Bloomberg recogidas por los medios especializados.

Quienes apoyan una suba por encima de los 75 puntos básicos argumentan que un aumento de esa magnitud es factible porque el consumo continúa sólido. “Puede haber motivos, pero los funcionarios tienen que ser cuidadosos de no sobre reaccionar”, según el ex funcionario de la FED, Donald Kohn.

En lo que va del año, la entidad dispuso subas de 25 puntos porcentuales en marzo, 50 en mayo, 75 en junio y otros 75 en julio, llevando las tasas desde niveles cercanos a cero a un rango de entre 2,25% y 2,50%. Ahora, se espera que la FED continúe el rumbo fijado para cerrar 2022 en un 4%, y que mantenga las tasas en un nivel ligeramente más alto durante 2023.

Por lo pronto, los funcionarios del organismo han deslizado que durante 2023 no harán recortes, ya que estiman que una medida apresurada en esa dirección podría reimpulsar la inflación. En consecuencia, se espera que la FED revise a la baja sus cálculos de crecimiento económico y aumente los pronósticos relacionados con el desempleo.

En lo inmediato, la suba en las tasas ya se refleja en los intereses de los bonos del Tesoro. Los rendimientos a 2 años rozan el 4% por primera vez desde 2007, y aumentaron más de 3 puntos porcentuales en lo que va de este año, el mayor incremento anual desde 1994.

Los consejos de “Doctor boom”

Apodado “Doctor boom” por el mundo de las finanzas y el periodismo especializado por su acertado anticipo de la crisis de la hipotecas subprime de 2008, el economista Nouriel Roubini afirmó que Estados Unidos y el mundo afrontarán una “larga y fea recesión” para fines de este año, panorama recesivo que según estimó podría prolongar durante el próximo.

"Incluso en una recesión normal el S&P 500 puede caer un 30%”, señaló el presidente y director ejecutivo de Roubini Macro Associates. Sin embargo, advirtió que "en un aterrizaje forzoso real” la caída del indicador podría llegar al 40%.

Además, sostuvo que "lograr una inflación del 2% sin un aterrizaje forzoso va a ser una misión imposible para la Reserva Federal". En ese sentido, pronosticó que la FED decidirá hoy una suba de sus tasas de 75 puntos básicos y de otros 50 puntos básicos en noviembre y diciembre, respectivamente, lo que llevaría la tasa a un rango de entre el 4% y 4,25% hacia diciembre.

Según su lectura, ante la persistente inflación, la FED “probablemente no tenga otra opción que subir más las tasas”, sumado así un nuevo impacto negativo en la oferta de bienes y servicios a los ya ocasionados por la pandemia, la guerra en Ucrania y la política de tolerancia cero ante el Covid-19 desplegada por China.

Roubini estimó que una vez que el mundo ingrese en recesión no es dable esperar “remedios de estímulo fiscal”. La razón: el alto endeudamiento que exhiben los gobiernos, que los deja casi sin herramientas en el plano fiscal. “En un contexto de alta inflación significaría, si se aplica un estímulo fiscal, sobrecalentar la demanda agregada”, explicó.

Como resultado del panorama, el economista ve a futuro un horizonte con estanflación, como en la década de los 70, y una “enorme angustia por la deuda” como en la crisis financiera mundial de 2008. Según su visión, la recesión estadounidense y mundial durará todo 2023 y su profundidad dependerá “de la intensidad de los shocks de oferta y las dificultades financieras”.

Roubini, además, estimó que a diferencia de la crisis de 2008, cuando los hogares y los bancos fueron los más afectados, esta vez serán “las corporaciones, los fondos de cobertura y el capital privado los que van a implosionar”.

En este contexto, aconsejó "tener pocas acciones y más efectivo” porque, según explicó, “aunque el efectivo se erosiona con la inflación, su valor nominal permanece en cero, mientras que las acciones pueden caer hasta un 30%”. En tren de aconsejar, Roubini recomendó “mantenerse alejados de los bonos de largo plazo” y agregar protección contra la inflación “con bonos de corto plazo, o títulos que ajustan por inflación”.

El economista publicó hace poco un nuevo libro, "Megamenazas", donde identifica 11 shocks de oferta negativos a mediano plazo que reducirían el crecimiento potencial por el aumento de los costos de producción; entre ellos: la desglobalización, el proteccionismo y la relocalización de las fábricas desde China y Asia a Europa y Estados Unidos.

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