8 de agosto de 2013 19:02 hs

Debo comenzar esta nota felicitando al ministro Tabaré Aguerre y a quienes lo acompañan en el ambicioso proyecto de utilizar la genómica como plataforma sobre la cual se pueda continuar valorizando la producción de carne, sin duda un ambicioso plan que nuevamente le permite al Uruguay ubicarse en la delantera de las carnes sudamericanas.

El objetivo es lograble y la experiencia que ya puede exhibir la raza Angus en los Estados Unidos (la raza más medida del mundo) avalan la idea: la genómica no solamente agrega certeza a los DEP, los cuales a su vez permiten entender cuál sera el beneficio, medido en dólares por cabeza, de cada ternero producido por una determinada combinación genética, en relación al promedio de la raza, sino que nos permiten conocer hoy, a través de un análisis de sangre, el potencial de un reproductor y, eventualmente, su ubicación en un ranking internaciona.

Cada quien, entonces, estará en condiciones de poder usar esta herramienta de acuerdo a su mejor criterio: los frigoríficos podrán avanzar hacia un objetivo súper valioso, como es uniformizar su producción y eventualmente sugerir (premiar económicamente) a sus proveedores determinadas líneas genéticas para satisfacer determinados destinos. Los cabañeros podrán priorizar la importancia de estas mediciones de diferentes formas y, los productores, podrán elegir su genética mirando los resultados económicos de cada propuesta antes de utilizarla.

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Naturalmente hay muchos pasos para dar hasta alcanzar el resultado, pero el desafío ya está planteado.

Una verdadera revolución para todos los eslabones de la cadena cárnica. Esto sí que es pensar “en grande”.

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