12 de marzo 2021 - 21:50hs

Esta es la primera semana en un año en que siento que tengo el derecho –y algunos fundamentos– para sentir optimismo sobre el control de la pandemia. Pocas emociones son tan ambivalentes como la esperanza en estos tiempos, porque ser optimista cuando estamos en pico de casos, muertos todos los días, muchos uruguayos en CTI y muchísimos más sufriendo las consecuencias de la pandemia por la crisis económica, corrés serio peligro de que te consideren inocente o, lisa y llanamente, tonta. Y puede ser que sea ambas cosas, o alguna. O ninguna.

Lo cierto es que los fundamentos para el optimismo comienzan a solidificarse. A nivel de comunicación suele ser más fácil subirse al pesimismo, porque en caso de que las cosas no salgan como se preveían, ahí está el “yo dije que no era fácil”. Y por supuesto que no ha sido, no es y no será fácil. Luego de un enero de discusiones furiosas sobre las vacunas, ahora Uruguay está en los primeros lugares de América del Sur con un 7% de la población objetivo vacunada (sobre 2.836.000, según Salinas) en poco más de una semana. En el Ministerio de Salud Pública (MSP) se estima que este fin de semana Uruguay será el segundo país con más porcentaje de población vacunada.

Este es uno de los fundamentos del optimismo que debe, sin embargo, confirmarse en el tiempo. La organización de nuestro sistema de vacunación ha funcionado y de hecho hubo días con capacidad ociosa, cuando personas con prioridad 1 para vacunarse (docentes, policías, bomberos) agendaron su cita pero no fueron a vacunarse.

Pero pueden pasar muchas cosas que desahucien a mi optimismo, en buena parte porque para vacunar dependemos de terceros, laboratorios o gobiernos, y de su “buena voluntad” para apurarse a mandar las dosis en las fechas prometidas. Lo que se sabe al momento de escribir esta columna es que la Pfizer ya se está administrando al personal de salud y se espera que pronto se agote esta partida con el grupo previsto.

Más noticias

La Sinovac en tanto se le dio ya a unos 200.000 uruguayos y se anunció que la segunda partida llegará el martes que viene. El día en que más personas se vacunaron fue el 8 de marzo, cuando se superaron las 28.000. El presidente Luis Lacalle Pou y el ministro Salinas hablaron de una capacidad de hasta 30.000 por día, pero en general hemos estado por debajo de ese número, no por problemas en el sistema sino por decisión de los uruguayos que se agendan, o que directamente no se agendan.

El martes llegará la segunda partida de Sinovac y se aplicará prioritariamente a personas de entre 50 y 70 años, luego de que la Comisión Nacional Asesora de Vacunación habilitó la vacuna china para personas de más de 60 y hasta 70 años. Esto sucede al tiempo que comienzan a surgir nuevos estudios en diferentes países del mundo que confirman que la efectividad de esta vacuna está por encima del 50 y pico por ciento que se había reportado en Brasil. El vecino, en lo que hace a covid-19 y a vacunación, sólo genera dudas, confusión y más muerte.

Estas 1.558.000 mil dosis que llegan el martes a la hora 13, serán destinadas prioritariamente al grupo de uruguayos de 50 a 70 años que no viven en residenciales, porque en los geriátricos se vacunará con Pfizer. Son, según Salinas, unas 330.000 personas.

El segundo fundamento para este optimismo en ciernes tiene que ver con los efectos de la vacuna y el regreso a una normalidad que seguramente será muy diferente a la que dábamos por sentada ante de esta pandemia, pero que nos permitirá recuperar partes de nuestra vidas que quedaron relegadas o semi cerradas. El CDC de Estados Unidos, el principal organismo rector en materia de enfermedades, ya comenzó a divulgar recomendaciones para las personas que fueron vacunadas  (con las dos dosis, en caso de que así se requiera) y las restricciones, si bien persisten, no son tan duras como se había supuesto en un principio.

Quienes hayan sido vacunados podrán reunirse en espacios cerrados con otras personas también vacunadas, sin usar máscaras ni preocuparse por la distancia. Tampoco deberán hacer cuarentena o testear si están en contacto con una persona no sintomática. Pero sí tendrán que mantener los cuidados en espacios públicos y también deberán testearse si tienen síntomas de covid-19.

Estas recomendaciones seguramente variarán, al ritmo al que se entiende al virus y el efecto de las vacunas, pero de arranque son auspiciosas. En los hechos se podrían hacer conciertos sin distanciamiento social con audiencias compuestas únicamente por personas vacunadas. O viajar en un vuelo covid-free, porque todos los pasajeros fueron vacunados.

También auspicioso es el estudio que acaba de conocerse a raíz de la experiencia exitosa de vacunación en Israel, donde el 60% de la población ya fue inoculada; una investigación de la The New England Journal of Medicine demostró que las posibilidades de contagio de covid-19 después de la segunda dosis de Pfizer se reducen hasta un 92%. Durante el desarrollo de las vacunas y en los primeros días de su administración, los científicos pensaban que éstas iban a servir sobre todo para evitar muertes y síntomas agudos, pero no para bajar drásticamente los contagios. Queda mucho por investigar, pero esta de Israel es una gran noticia.

Todo esto da lugar al optimismo. Pero hay muchas otras variables que van en contra de mi empeñada causa. Incluso si sanitariamente evolucionamos como prevén las autoridades, esta pandemia dejará a aún más personas sin trabajo, a empresas con ingresos recortados, a los vulnerables con una mayor grado de debilidad y al país con más problemas de los que ya tenía antes de marzo de 2019.

Y el mismo o aún un mayor esfuerzo que el que se hizo para llegar a este punto en el que las vacunas nos dan esperanzas, habrá que hacerlo para recuperar una economía que venía en recesión y terminó 2020 aún más hundida.

La economía sufrirá y la gente más. Todavía se mantiene la “ilusión” de que esta crisis pasará rápido. No lo sabemos. Algunos analistas consideran que el mundo se recuperará más rápido que en otras crisis, una vez que el aspecto sanitario esté resuelto, o al menos avanzado.

La crisis del 2002-2004 también pasó rápido, pero dejó heridas letales en el tejido de la sociedad uruguaya, además de rencores irreparables. En la pospandemia recuperemos la memoria y ejerzamos la ciudadanía responsable. Tengo razones para ser optimista, pero no para ser exitista.

Temas:

Uruguay normalidad restricciones Eficacia de las vacunas crisis económica Member pandemia vacuna coronavirus Covid-19

Seguí leyendo

Te Puede Interesar

Más noticias de Argentina

Más noticias de España

Más noticias de Estados Unidos