Opinión > EDITORIAL

La visita de Fernández

Tiempo de lectura: -'

16 de noviembre de 2019 a las 05:01

La presencia del presidente electo de Argentina en Montevideo, la visita a Tabaré Vázquez y el posterior almuerzo con el candidato oficialista Daniel Martínez, pese a lo polémica e inoportuna, debería transformarse en una señal positiva de cara al futuro.

Si bien la llegada de Alberto Fernández es una clara intromisión en el proceso electoral uruguayo, es evidente que nadie quiere hacer olas ni mucho ruido ante el episodio y prefieren mirar para el costado por un tema de elemental conveniencia política.

Uruguay debe tener buenas relaciones y diálogo abierto con la Casa Rosada, siempre. Debe evitar a toda costa la prepotencia diplomática porteña y al mismo tiempo hacerse respetar. Los puentes cortados –literales y figurados– no benefician a nadie en la región. Esa es la reciente lección aprendida de la nociva relación entre los inescrupulosos K y el presidente Tabaré Vázquez, pese a pertenecer ambos a la comunidad progresista.

Ayer muchos se preguntaban qué hubiese pasado si el presidente de Brasil Jair Bolsonaro hubiese venido para reunirse con el candidato de la oposición. Por la buena salud republicana de nuestra democracia por suerte es algo que no sucedió ni sucederá. Pero dejando de lado este detalle menor y rememorando la reunión organizada semanas atrás por el embajador uruguayo en Madrid para Alberto Fernández, sus dichos son al menos auspiciosos.

“Estoy obligado definitivamente a llevarme bien con el que resulte presidente”, sostuvo ante los periodistas a la salida de El Berretín de Punta Carretas abriendo el paraguas ante una eventual derrota del Frente Amplio (FA) en las elecciones del 24 de noviembre.

Fernández no tiene ni medio pelo de tonto. Sabe que, en una América Latina en llamas, con Brasil decidido a liderar un polo no progresista en el continente, tener buenas relaciones con Uruguay pasa a ser fundamental, mucho más para Argentina que para la República Oriental.

Alberto Fernández debe evitar a toda costa que Uruguay se alinee con Itamaratí y quien gane en Uruguay sabe perfectamente que, en esta coyuntura, con Argentina volcada al populismo de izquierda y Brasil al de derecha, convertirse en el fiel de la balanza del Mercosur es una oportunidad para aprovechar.

El pragmatismo tantas veces repetido por Luis Lacalle Pou de que los países no tienen amigos sino intereses, debería pasar a ser la frase de cabecera de nuestra cancillería en estos tiempos convulsos en el continente. Uruguay debe convertirse en el articulador del Mercosur, el punto de equilibrio de la disputa por el liderazgo del continente y el ejemplo de fortaleza democrática que guíe a una América Latina convulsionada y crispada.

“Uruguay nos da clases de democracia todos los días”, sostuvo Alberto Fernández concordando con los índices internacionales que caracterizan a la democracia uruguaya construida con sus aciertos y errores trabajosamente durante años por nuestros partidos políticos, todos.

Hoy el futuro político de Bolivia, Perú, Chile, Ecuador y Venezuela es incierto. Las relaciones entre Brasil y Argentina en el Mercosur, también. Se abre una oportunidad histórica para Uruguay. Es hora de empezar a asumirla y actuar con madurez política para desmarcarse del destino trágico de América Latina y mostrarles así un ejemplo de estabilidad que sirva de faro inspirador para toda la región.

REPORTAR ERROR

Comentarios

Registrate gratis y seguí navegando.

¿Ya estás registrado? iniciá sesión aquí.

Pasá de informarte a formar tu opinión.

Suscribite desde US$ 245 / mes

Elegí tu plan

Estás por alcanzar el límite de notas.

Suscribite ahora a

Te quedan 3 notas gratuitas.

Accedé ilimitado desde US$ 245 / mes

Esta es tu última nota gratuita.

Se parte de desde US$ 245 / mes

Alcanzaste el límite de notas gratuitas.

Elegí tu plan y accedé sin límites.

Ver planes

Contenido exclusivo de

Sé parte, pasá de informarte a formar tu opinión.

Si ya sos suscriptor Member, iniciá sesión acá

Cargando...