6 de junio de 2013 15:05 hs

Esta primera quincena de junio será clave para la siembra de cultivos de invierno y las condiciones climáticas serán favorables, lo que muy posiblemente lleve a que tras muchas dudas los productores uruguayos concreten la siembra de un área similar a la del año pasado.

El mercado de trigo en la región se encuentra muy ajustado luego de una muy mala cosecha en Argentina, Uruguay y Brasil. Tanto que Argentina se enfrenta en el segundo semestre a la posibilidad de importar el grano por primera vez en su historia. Y no será demasiado lo que recuperará en la próxima zafra.

El mercado externo está en una situación también atípica por otro exportador que está en problemas. EEUU está con su menor participación en el mercado en décadas. Las exportaciones actuales de EEUU son 17,5% del total. Han ido perdiendo pie desde el 50% que alcanzaron a mediados de los años de 1970.

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Pero además tienen por primera vez un problema de contaminación con el grano por transgénicos que amenaza con un dolor de cabeza adicional a un cultivo que no emboca una en los últimos tiempos en el país que fue el principal exportador. De modo que el año triguero mundial 2013/2014 se inicia con dos gigantes tradicionales en graves problemas.

Dentro de las tantas heterodoxias por las que navega la economía argentina una es sumamente peculiar: vale mucho más la tonelada de trigo que la de soja. Estamos acostumbrados a lo contrario: en Uruguay, como en el resto del mundo, la oleaginosa duplica en precio del cereal.

En Nueva Palmira hay disposición de pagar US$ 500 por la soja que se coloca en puerto y US$ 240 por el trigo a diciembre, o US$ 300 por el trigo disponible de la pasada cosecha que tenga buena calidad. Este mayor precio de la oleaginosa obedece a su mayor contenido en proteína y aceite.

Es así en todo el mundo, menos en Argentina. En el país vecino, esta semana, el trigo llegó a los US$ 400, mientras que la soja se paga a US$ 330.

Esta situación atípica deriva de la intervención que el gobierno hace en los productos que más relevancia tienen en el mercado interno. La soja paga un impuesto alto a las exportaciones, pero tiene su comercialización libre. En el trigo la operativa es más intervenida, 7 millones de toneladas deben quedar restringidas al mercado interno, la exportación es limitada al otorgamiento de certificados ROE.

La consecuencia ha sido un declive del área de trigo que ha llevado a una escasez inédita. Y finalmente, los precios tuvieron que subir. Es la paradoja de la política aplicada: tras disfrutar de varios años de precios bajos para el trigo y la carne vacuna, ambas se terminan. El intento por privilegiar al consumo interno dejando a los productores cautivos termina perjudicando a los consumidores.

De esta forma, el trigo disponible es tan escaso que es posible que haya que importarlo. Pero el gobierno también parece estar dejando subir al trigo para estimular una siembra más amplia que la del año pasado. Y ha prometido devolver a los productores lo recaudado por retenciones a través de un fideicomiso. Es dudoso que la confianza se genere en las semanas que quedan y la superficie subiría apenas 5%.

El año pasado la producción del país vecino cayó a 8,6 millones de toneladas. Pero los exportadores compraron 5 millones de toneladas. Pero se estima que no podrán vender a otros países todo lo comprado, sino que deberán acordar con la molinería la entrega de parte del trigo, lo que se está negociando en el entorno de los US$ 400. El balance para que Argentina logre empalmar la disponibilidad actual con la próxima cosecha es muy ajustado.

Por el lado de EEUU, los problemas han sido múltiples: sequía en el trigo de invierno que se sembró en el otoño boreal y que ya no podrá recuperarse. Lluvias excesivas en la siembra de primavera que complican a la otra parte de la siembra estadounidense. Al domingo pasado iba sembrado solo 80% del trigo de primavera, que debería estar sembrado en más de 90%, y con las lluvias de esta semana es probable que algunas áreas sean abandonadas.

A pesar de todos esos problemas, Brasil está importando activamente trigo estadounidense que llega a sus puertos por debajo de US$ 400, lo que lleva también a suponer que Argentina podría complementar su abastecimiento con el grano importado si no fuera por el enorme impacto político que tendrían esas compras en el otrora granero del mundo.

Aún con una oferta estructuralmente disminuida de Argentina y ocasionalmente afectada en EEUU es difícil afirmar que eso sea suficiente para levantar una intención de siembra en Uruguay que por ahora parece en leve descenso respecto a 2012.

Los datos de los planes de uso y manejo muestran que 520 mil hectáreas aproximadamente serán sembradas con trigo y cebada, lo que marcaría un descenso de aproximadamente 10% respecto a 2012/2013. Un año atrás el área se situó en torno a las 500 mil hectáreas para trigo y 100 mil para cebada. De acuerdo a la información de los planes de uso y manejo de suelos, la superficie de ambos cultivos en chacras que superan las 100 ha en propiedad y las 50 ha en arrendamiento alcanzó a 498.091 ha y habría “unas 20 mil más” que por provenir de áreas menores no necesitan presentar planes.

Con costos que se sitúan en torno a US$ 800 por hectárea, el cultivo no tiene otras expectativas que la de ayudar a licuar costos como parte de una rotación.

¿Será suficiente la situación en Argentina y EEUU y la suba del dólar para permitir que los cultivos de invierno hagan un aporte significativo a las empresas? ¿O seguirán en virtud de los altos costos cumpliendo un papel accesorio y subsidiario de los cultivos de verano?

Todo hace pensar que deberá pasar algún fenómeno adicional para que el mercado triguero salga de un equilibrio que hará difícil que los precios lleguen a los US$ 300 por tonelada, con los que la ecuación se vuelve atractiva.

Todo hace suponer que las cosechas de Europa, la ex Unión Soviética y Canadá permitirán que las reservas mundiales logren un leve ascenso que debería mantener estables los precios.

El stock mundial pasó de 180 a 186 millones de toneladas, según el USDA, y de 178 a 180 millones según el Consejo Internacional de Granos, que recortó en su último informe en un millón de toneladas su previsión de stocks.

Todavía hay fragilidades en la proyección de producción que empezará a cosecharse a fines de este mes. Pero todo lleva a esperar una zafra de precios similares a los de 2012, sin tanto premio por los trigos de calidad, que en la cosecha pasada fueron escasísimos.

Habrá más producción en un área menor

Si los datos de los planes de uso y manejo de suelos son un buen indicador de lo que sucederá en las chacras, la superficie de trigo en Uruguay estará bajando aproximadamente 10% respecto al año pasado. Aunque llamativamente todavía no hay datos de la superficie sembrada en 2012 –un récord de demora–, puede estimarse que la superficie estuvo en el entorno de las 480 mil hectáreas, una superficie que podría bajar a 450 mil hectáreas, lo que significaría un 7,5% de descenso respecto a las 480 mil que pueden estimarse se sembraron en la campaña pasada.

Una caída algo mayor puede verificarse en el área de cebada. Ambos cultivos padecieron el año pasado los efectos de la situación Niño en el Pacífico que, con el consecuente exceso de lluvias, generó pérdidas de rendimiento y calidad muy importantes.

A pesar de lo anterior, la producción este año podría repuntar y de esa forma, si el año se confirma neutral en lo climático, podría alcanzarse una producción de 1,5 millones de toneladas de trigo, que superarían en 400 mil toneladas a la muy floja producción del año pasado.

Todavía es temprano para estimar los rendimientos que obtendrán los productores, pero la ausencia de lluvias en los próximos días permitirá que finalmente se siembre en fecha y todo hace suponer que el exceso de lluvias no afectará a los cultivos en esta primavera.

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