15 de marzo 2014 - 20:46hs

Uno de los axiomas de la política uruguaya dice que aquel candidato presidencial que gana en Montevideo difícilmente pierda la elección nacional cuando llega el momento de contar todos los votos del país. Esto lo sabe Jorge Larrañaga (Futuro Nacional) quien, para lanzar oficialmente su campaña electoral, llenó de gente ayer la explanada de la intendencia capitalina y sus alrededores en una demostración de fuerza protagonizada por gente que llegó desde los barrios montevideanos pero también desde el interior del país.

La Intendencia no solo es el lugar en el que Wilson Ferreira habló por primera vez luego de ser liberado en 1985, también es el lugar en el que en 1971 el Frente Amplio organizó su primera demostración de masas y es un centro de poder al que los blancos pudieron llegar solamente una vez en toda la historia con Daniel Fernández Crespo en 1958.

Por eso, Larrañaga ayer quiso decir muchas cosas a la misma vez: que su condición de hombre del interior no le impide conocer los problemas de los montevideanos, que no se resigna a que la izquierda siga ganando en la capital como hace 25 años, que quiere pisar fuerte en la zona urbana para quitarle a Luis Lacalle Pou toda posibilidad de derrotarlo en la interna, y que espera que ese envión le sirva para darle batalla a Tabaré Vázquez en octubre.

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“El Frente agotó su modelo. Su proyecto caducó, se quedó sin recambio. Nuestro proyecto en cambio, mira al futuro. El Frente no va a cambiar y Vázquez no va a cambiar al Frente. Hay que sustituirlo por un nuevo proyecto”, dijo ante miles de personas parado en el estrado que llevó más de un día levantar en la esquina de 18 de julio y Ejido. La estética del evento unió tradición y modernidad: las mismas banderas de casi siempre, jingle, pantalla gigante, cuatro tribunas, una pasarela moquetada y drones filmando desde el aire.

Volviendo al discurso, así como le apuntó a Vázquez, Larrañaga también se acordó del presidente José Mujica durante su discurso. “Vamos a reconstruir el sistema de valores, perforado por mensajes equivocados y torcidos. Debemos salir del relativismo moral, del todo vale, de la biblia y el calefón, del como te digo una cosa te digo la otra. Eso se termina el 28 de febrero de 2015”, dijo en referencia al último día de gobierno de la actual administración.

Así, siguió con sus cuestionamientos a la gestión del Frente Amplio. “El Frente Amplio tuvo una oportunidad magnífica de cambiar el país. Tuvo plata por el crecimiento económico, tuvo tiempo y tuvo mayorías parlamentarias. Sin embargo cambiaron muy poco. Fueron radicales, radicales para los que piensan diferente. Radicales contra la mitad de los uruguayos”, sostuvo el líder nacionalista. Y consideró que el Frente usó sus mayorías parlamentarias “abusivamente”.

“Usaron esas mayorías en liberar la droga, en los desatinos de Pluna, en la falta de transparencia de Aratirí, en ir contra decisiones populares surgidas de plebiscitos. En buscar una ley de control de medios que afecta la libertad de expresión”, afirmó. Dijo que si él gana buscará la “gobernabilidad” y el posible “consenso”.

Sobre el delito y la iniciativa del gobierno de legalizar la venta de marihuana fue tajante: “A partir del 1 de marzo le vamos a declarar la guerra a la delincuencia y a las drogas. ¡Que no planten (marihuana)!”. En la búsqueda de apoyos más afines a las personas que se ubican un poco más a la izquierda del centro político, Larrañaga dijo querer un país con “justicia social” y recordó, sin entrar en detalles que “la ayuda social en Uruguay la empezaron los blancos”. “Nadie le va a enseñar a los blancos a a defender a los trabajadores y a los pobres”, sostuvo. También prometió que la educación estará en el primer lugar de su agenda de gobierno.

Luego, dando un giro otra vez hacia los reclamos habituales de blancos y colorados, pareció aludir a la necesidad de que la ayuda social deba tener contraprestaciones por parte de quienes la reciben. “Queremos recuperar valores que nos han definido como sociedad, orden, respeto, derechos y obligaciones. No podemos aceptar ser una sociedad que solo reclama derechos y no está dispuesta a asumir las responsabilidades. No queremos asistencialismo y clientelismo”, dijo Larrañaga.


Además de las consabidas banderas de todo acto político, había en los alrededores de la explanada muchos carteles con el rostro de Wilson Ferreira. Sobre el final del discurso, Larrañaga recordó al caudillo blanco y consideró que llegó el momento de llevar sus ideas al gobierno nacionl.

Al grito de “¡se acaba!” y “¡a ganar!”, Larrañaga se despidió bajo una lluvia de papelitos blancos y celestes.

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