Miguel Ángel Barbeiro no le importa lo que piensen los demás. Que ensucian todo, que traen enfermedades, que son plaga nacional. Ninguno de esos argumentos le parece congruente con lo que significa su mayor pasión: las palomas.
Con 9 años, Barbeiro supo que no quería un perro o gato como mascota y pidió de regalo de reyes un palomar para criar su primera dupla de aves. Al día de hoy, con 67 años, Barbeiro es dueño de las 40 palomas que conforman Plumas charrúas y que cuida como si fueran sus hijas. Sin embargo, estos animales son mucho más que una compañía para él. Son también atletas, entrenadas para competir en carreras nacionales de palomas mensajeras.
Esta actividad se conoce como colombofilia, que significa “amante de las palomas”. El objetivo es criar y entrenar aves mensajeras para que sean capaces de regresar a su palomar desde puntos lejanos. El inicio de esta práctica se remonta a las civilizaciones más antiguas e incluso las guerras mundiales (ver recuadro), pero en Uruguay se limita a un campeonato nacional de junio a noviembre en el que compiten hasta 25 personas. Las carreras son organizadas por los clubes colombófilos que hay en el país: uno en Carmelo, otro en Soriano y tres en Montevideo.
Barbeiro se ve a sí mismo “como el director técnico de atletas”. Elige las aves que darán crías, arma el equipo y lo entrena durante el año para que llegue en las mejores condiciones a la competencia. “Cuando armo el casal, me fijo que tengan las medidas que pauta el estándar internacional. Pero lo principal lo dice la canasta. Así tenga un ala por la mitad y una pata más corta, si anda y gana, criá con eso. Por lo general, de lo bueno sale bueno”, explica.
La rutina de entrenamiento es simple. De mañana temprano las palomas vuelan una hora mínimo por el barrio y, al sonido de un chiflido, entran rápido a la pajarera hambrientas, esperando la comida. Su dieta se basa en granos, ladrillo picado con calcio y arena. Estas últimas sirven para que el animal pueda moler el grano en el estomago, ya que no tiene dientes.
Incluso cuando no hay competencia, las palomas son una vía de escape de la rutina diaria. “Te olvidás un poco de todo, hasta del cansancio. Las miro y pienso cuál me anduvo bien en tal carrera o si las voy a cruzar para que me den buena cría. Si no, descansar y verlas volar, es algo personal de uno”, cuenta.
La carrera
Cada jueves, las palomas competidoras son llevadas en canastas hasta el punto de partida. “Se empieza con distancias cortas de 250 km. Las más lindas son las largas, pero acá no tenemos espacio. El punto de salida más lejos es Bella Unión, 650 km más o menos”, cuenta Barbeiro.
La primera paloma en regresar a su hogar resulta ganadora. Para controlar esto, cada una lleva en su pata un anillo con un número de registro. Al llegar a su palomar, el dueño debe quitarle el anillo, guardarlo en una cápsula e insertarlo en un “reloj constatador” que registra en un papel la hora de llegada. Luego, de noche, los colombófilos llevan sus relojes al club para que se determine el ganador.
Según Barbeiro, las palomas son capaces de volar a una velocidad de hasta 150 km por hora y las carreras pueden durar de tres a diez horas. “Si tienen viento en contra, capaz que hacen 50 km. Pero con viento a favor pueden correr 450 km en tres horas, como corrimos un año desde Rivera”, cuenta.
En un mueble del comedor de su casa, Barbeiro tiene algunos de los trofeos que ha obtenido con las carreras e incluso algún que otro diploma. Si bien las pequeñas estatuillas son el premio más común, dice que también se ha corrido por una bolsa de maíz o trigo, pero no es el principal incentivo ya que para él, “es una pasión”.
Portadoras de problemas
“Acá en la ciudad no podemos tenerlas sueltas todo el día. Primero, que se ponen muy vagas y, segundo, porque ensucian y lo principal es no tener problemas con los vecinos”, dice Barbeiro.
En Uruguay, la “paloma doméstica” es declarada especie de libre caza. Significa que puede cazarse todo el año, sin requerir permisos previos ni ser factible de sanciones. Es que se trata de una “especie peligrosa para el hombre”, según establece el Departamento de Fauna del Ministerio de Ganadería, Agricultura y Pesca.
En las ciudades, el control de la especie queda sujeto a la autoridad municipal. Sin embargo, según la responsable del Servicio de Salubridad de la Intendencia de Montevideo, Beatriz Mato, las únicas tareas que se realizan son para controlar el piojillo del animal y recomendar a la población precauciones a tomar. “No matamos porque no nos corresponde”, agrega y detalla que, como máximo, se reciben dos o tres denuncias al mes por casos puntuales.
Por otra parte, el director de Intercepta Uruguay (empresas que se dedica al control de fauna), Manuel Maier, explica que las palomas son el problema recurrente de los clientes que llaman solicitando el servicio. Plazas, liceos, molinos, galpones y cultivos son las principales zonas que se ven afectadas por la especie. “La gente no lo sabe pero es riesgoso. Hay un montón de enfermedades que se transmiten por contacto directo y por estar oliendo la materia de las palomas”, agrega.
Aun así, Maier opina que es “impensable erradicar a la paloma de Uruguay. Porque ningún país lo ha logrado, porque implicaría un gasto enorme y porque no hay interés real, ya que muchas personas no estarían de acuerdo”.
“La gente que no conoce del tema piensa que la paloma mensajera es como la de plaza, que ensucia y contamina, pero no. Las enfermedades más comunes son tres: lombrices, coccidiosis y tricomoniasis. Para esas tres hay remedio y hay que darlos como preventivo”, explica Barbeiro.
Para eso, él utiliza un cajón de plástico que llena de agua para que las palomas se bañen una o dos veces por semana. Asimismo, las vigila para que no paren en un terreno ajeno, aunque aclara que al estar acostumbradas a la seguridad del palomar, ellas no tienden a alejarse.
En palabras de Barbeiro: “Ellas no hacen nada pero la gente se pone quisquillosa con las palomas. Lo que no permito es que estén en cualquier lado para que no me digan nada. Tenerlas de por vida encerradas no quiero. Es un animal que nació para volar”.