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Las diferencias entre la postura de Uruguay y la Unión Europea sobre Venezuela

Los europeos nunca reconocieron la legitimidad de la elección que llevó a Maduro a una nueva presidencia

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24 de enero de 2019 a las 13:37

Aunque en el comunicado divulgado este miércoles por la cancillería, se muestra a Uruguay y México alineados con las expresiones de la Unión Europea (UE), España y Portugal para trabajar "de forma conjunta en favor de la estabilidad, el bienestar y la paz del pueblo venezolano", lo cierto es que la posición de Uruguay y los europeos no es la misma en tanto que parte de un lugar diferente: la organización continental no reconoce la legitimidad de Maduro por considerar que las últimas elecciones fueron fraudulentas y, por tanto, no gozaron de las garantías institucionales que requiere el acto. De hecho los europeos han mantenido una política de presión y sanciones al gobierno de Venezuela.

Lo que no pudieron consensuar los europeos este miércoles fue el reconocimiento de Juan Guaidó. Y por eso las expresiones de apoyo al presidente de la Asamblea Nacional de parte de países europeos se dio de forma unilateral: Alemania, Francia y España son algunos ejemplos. 

"Asume un presidente", dijo el canciller Rodolfo Nin Novoa describiendo cuál sería la posición de Uruguay. A diferencia de la mayoría de los países de la región, Uruguay no cuestionó la legitimidad de la elección que llevó a Maduro a una nueva presidencia ni se opuso a su asunción. De hecho, mandó a un representante diplomático a la ceremonia oficial de toma de mando.

Como argumento fundamental para adoptar esta decisión el gobierno uruguayo ha dicho que reconoce "estados y no gobiernos". En el comunicado de este miércoles no se dice palabra alguna sobre la autoproclamación de Guaidó. 

Pero al igual que México y la UE, el gobierno uruguayo ha insistido con la necesidad de que este conflicto se resuelva a través del diálogo y de una negociación que culmine en un nuevo llamado a elecciones. La UE solicitó el "inicio inmediato de un proceso político que lleve a unas elecciones libres y creíbles, de acuerdo con el orden constitucional".

El denominador común entre Uruguay, México y la UE es que el camino de salida es el diálogo y la negociación y, en ese sentido, la organización continental y los dos estados se mostraron abiertos a facilitar la comunicación entre las partes. 

El argumento de Uruguay

¿Qué quiere decir que Uruguay reconoce Estados y no gobierno? Mientras que el reconocimiento de Estados es un capítulo del Derecho Internacional Público, el reconocimiento de gobiernos nace como una discusión típicamente estadounidense con antecedentes que llegan hasta las doctrinas Monroe y Jefferson.

Como dice el jurista y profesor Jiménez de Arechaga -una referencia para la cancillería-, el reconocimiento de gobiernos ha sido generalmente una doctrina bien inspirada pero muchas veces utilizada con fines "espurios" en tanto que muchas veces sirvió para justificar las intervenciones estadounidenses en la región. La doctrina Tobar en 1906 (“legitimidad democrática “) fue uno de esos ejemplos.

Como contraposición México desarrolló la doctrina Estrada (1930) y apoyándose en el principio de no intervención, negó el reconocimiento de gobiernos. Uruguay, por su parte, desarrolló la doctrina Rodríguez Larreta en la década de 1940 que tuvo la oposición de Carlos Real de Azúa y Carlos Quijano y fue denunciada por el herrerismo como una maniobra para justificar la intervención americana en la Argentina de Perón.

Desde un punto de vista jurídico, los Estados reconocen a otro Estado cuando se han verificado los supuestos que exige el Derecho Público Internacional. Se supone que los gobiernos derivan su legitimidad del orden jurídico interno de cada Estado y por lo tanto no necesitan ser reconocidos.

El problema surge cuando se quiebra ese orden jurídico interno. Pero para este gobierno la creencia es que se sigue en en el ámbito de los asuntos internos y no procede aplicar la doctrina del reconocimiento de gobiernos. Argumenta que sería muy peligroso que cada Estado o un grupo de Estados se arrogara la potestad de juzgar por sí y ante sí, si se violentaron o no las disposiciones constitucionales de otro Estado.

El ejemplo más cercano que evocan en la cancillería refiere al momento en que Uruguay estableció relaciones diplomáticas con China (1988). Allí se aplicó el reconocimiento de Estados y se sostuvo que no procedía el reconocimiento de gobiernos, que era una cuestión interna de cada Estado. Había quien sostenía que Taiwán tenía un gobierno democrático a diferencia de China. También cuando el excanciller Enrique Iglesias restableció las embajadas uruguayas en Europa del Este, sostuvo que el país mantenía relaciones con Estados y no con gobiernos.
 

 

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