El martes 24 de julio el violinista Federico Nathan estrenó en el Teatro Solís junto a la Orquesta Filarmónica de Montevideo su Concierto para violín y orquesta de cuerdas.
Esta es una sentencia que no tendría nada de raro si no se tuviera en cuenta que Nathan tiene 25 años.
Luego de esta experiencia “emocionalmente especial”, el joven músico tocará hoy en la Sala Zavala Muniz a las 20 horas junto a su quinteto, con entradas a la venta en Red UTS a $250.
Nathan comenzó a aprender violín a los 8 años por influencia de su padre, el también violinista Claudio Nathan, miembro de la Orquesta Sinfónica del Sodre y de la Filarmónica.
A los 13 años se tomó el instrumento en serio y desde entonces un largo currículo le sucede.
Desde los 14 años participó como solista tanto en Sodre como en la Filarmónica, siendo su miembro más joven.
En 2002 concursó en Juventudes Musicales y compartió el primer puesto. Luego estudió en España, Austria, Estados Unidos, Francia. Actualmente reside en Madrid, donde toca en la Orquesta Nacional de España e ingresará al conservatorio Hanns Eisler de Alemania.
Nathan reconoce que estudiar en el exterior le ayudó a forjar su carrera. “Acá el techo está un poco bajo para los musicos, especialmente los que tocamos instrumentos con mucha tradición. Lo que más me enriqueció fue viajar con la música”, confesó el violinista a El Observador.
El martes pasado, en el debut de su Concierto, hizo despliegue de sus más disímiles influencias: la música clásica, el jazz, el tango y el rock. A lo largo de sus tres movimientos se ven referencias de la cultura popular en un entorno clásico.
“En el Concierto se puede escuchar tanto Bartok, un compositor clásico, como Jimi Hendrix. De mis composiciones es de lo más honesto y puro que hice conmigo mismo. Tiene un poco lo que me ha influido en mi carrera”, dijo Nathan.
A pesar de haber presentado este mismo Concierto en Madrid y Valencia, es la primera vez que lo hace con una orquesta sinfónica y sin tomar el rol de director. Esto le permitió otra movilidad dentro del escenario y la libertad de poder “roquear” con los músicos clásicos.
“Para mí el movimiento físico es sagrado a la hora de tocar”, afirmó. “En alguna sección en particular cuando toco con el contrabajo me acerco a ellos. Es un recurso que no me siento inhibido de hacer”, dijo entre risas.
Presentar su obra en este contexto fue “lo más emocionante. Porque ser intérprete y compositor es una experiencia con mayor responsabilidad y sensibilidad, pero mayor goce”.
Hoy a las 20 horas también realizará obras suyas, y como en el Concierto, reflejarán su gran abanico de influencias. “Es el proyecto que estoy haciendo en este momento en Europa. La diferencia es que lo hago con músicos locales, que le incorporan a la música que hago algo muy de acá, elementos del tango y del candombe, incluso de la murga”.