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Las fronteras de la palabra

Fabián Severo, el poeta uruguayo que escribe en portuñol

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20 de septiembre de 2013 a las 19:59

!Tua terra vai contigo/ por mas que te cruse u puente/ buscando otra sombra./ Ayá van tar te lembrando/ con saudade de raís”.

Este es uno de los últimos poemas del libro Viento de nadie, del poeta artiguense Fabián Severo, que acaba de publicar la editorial Rumbo.

En esos cuatro versos, como a lo largo de todo el libro, la frontera entre Brasil y Uruguay, ese espacio por un lado solitario y pobre, y, por otro, poblado y rico en costumbres, comidas y música, aparece presente en el envoltorio del portuñol.

Para Severo, este es el anzuelo inicial. No es usual que la literatura tome el lenguaje oral mixtura de esa región geográfica, aunque sí tenga honrosos precedentes, como los escritores Agustín Bisio y Olinto María Simoes, y los compositores musicales Johnny y Chito De Melo. Se trata de una zona a ambos lados de la frontera, donde entre 200 mil y 300 mil personas usan una lengua oral, mestiza y viva, que ahora vuelve a estar en un libro.

La poesía de Severo tiene la particularidad de ser en portuñol (denominado de forma técnica por los lingüistas como dialecto portugués de Uruguay), pero tiene la fuerza intrínseca del lenguaje de la buena poesía, que quizá no tenga idioma propio.

Severo considera que la frontera es tanto un sitio físico como metafórico y “un lugar propicio para quienes trabajan con la palabra”.

Artiguense de nacimiento, Severo decidió utilizar el portuñol porque es su lengua materna, la de una región que tiene tanto de cercanía e intimidad como de uso práctico para la vida cotidiana.

Pero la visión tradicional del Estado uruguayo ha sido la restricción del uso del portuñol, quitándolo de las escuelas, en busca de una unidad lingüística irreal y ahistórica.

La poesía de Severo, compuesta además de un libro anterior, Noite un norte, publicado en 2010 también por Rumbo, enfunda sus versos cortos y sentidos en esa musicalidad que surge primero de una superposición idiomática y luego de una mezcla donde entonaciones, sonidos, fonemas, pronombres y formas de conjugación se tiñen del habla del otro lado.

Aparte, ayuda a construir una identidad uruguaya que es más multicultural de lo que aparece sobre la engañosa superficie.

“Veo la frontera como una riqueza, no como una debilidad”, dijo Severo a El Observador.

A pesar de llevar la frontera en la sangre, la historia de Severo descubriendo su lengua materna es interesante porque ocurre a la distancia, cuando se viene a vivir a Montevideo, donde es docente y además trabaja en una oficina del Codicen.

“Con la extrañeza de mi lengua, empieza la necesidad de escribir en portuñol”, explica el poeta.

La distancia hizo crecer una voz propia en Severo. Si en 2010 los poemas de Noite un norte se referían a una infancia pobre en Artigas, una ciudad y un departamento que parecen pertenecer a otro país, muy alejado del sur y de Montevideo, los que componen Viento de nadie sondean desde un punto de vista más lírico y también más descarnado en la definición de frontera. “Son poemas que se preguntan por la identidad, por el ‘de dónde vengo’”, dice Severo.

En la frontera, los símbolos y sus significados están al alcance de la mano. Aparecen elementos que separan y que unen, como el río Cuareim (“El río no es de nadies/ nase ayá pru lado dus serro/ boiando entre barro i piedra/ para renasé nas agua du mar”).

De nuevo, en un enésimo pliegue, la frontera está presente dentro de las páginas de estos libros por partida doble: la frontera de la página, que rodea y define al poema, y la frontera de las palabras, que depende del grado de emoción de cada lector. La poesía de Severo transgrede las dos.

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