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Las historias de supervivencia de los rescatados luego del terremoto en México

La esperanza se agota y la tensión crece en los derrumbes por el sismo

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25 de septiembre de 2017 a las 12:38

A las 13.09 del 19 de setiembre, Lucía Zamora trabajaba tranquila en su escritorio y cinco minutos después estaba atrapada entre escombros del edificio derrumbado de su oficina, en el barrio Roma de Ciudad de México.

De 36 años, complexión delgada y dedicada a la consultoría de mercado, pasó más de 30 horas encerrada en un reducido espacio entre los escombros del edificio de seis pisos de la calle Álvaro Obregón número 286. Lucía trabajaba en el tercero.

Afuera de la montaña de cascajo, unas 40 familias rezan para que sus seres queridos atrapados en ese inmueble sean rescatados sanos y salvos, como Lucía.

A casi cuatro días de salir por el hueco que hicieron los rescatistas, Lucía sigue acomodando sus recuerdos, y después del shock dice que ahora busca saber por qué se ganó esta "segunda oportunidad" de vida. Pero eso lo hará "con tranquilidad". Por lo pronto, no quiere salir de casa de su hermana.

Tiene claros varios momentos: "Comenzó a temblar y tomé mi celular y me dirigí a la recepción, y un compañero, Isaac, nos decía que nos dirigiéramos hacia las escaleras de emergencia y no alcancé a llegar, me quedé a la mitad del camino cuando el techo se desplomó encima de nosotros", relata.

Lo peor apenas empezaba: "Cuando terminó de caer todo (...) se escuchaban gritos, alaridos, gente llorando, y lo primero que hice fue tomar mi celular, ver si podía hacer una llamada pero no había llamadas, después recuerdo que recé".

La distancia entre su cara y una loza de cemento era de apenas un palmo.

"¿Escuchas ruidos?"

"Me di cuenta de que estaba ilesa, solo tenía raspones, y que estaba al lado de Isaac", que también fue rescatado el mismo miércoles 20 de setiembre en la noche, añade.

En la oscuridad, Lucía perdió algo la conciencia del tiempo y espacio. "Creo que estaba parada, inclinada, recargada hacia la derecha, y a mi lado estaba Isaac boca abajo, prácticamente no podía moverme", dice.

Entonces comenzaron a hablarse: "¿Estás bien? ¿No tienes heridas? ¿Estás sangrando?", se preguntaron.

"Conforme pasaban las horas poco a poco fuimos aceptando la realidad y cada vez que escuchábamos ruidos gritábamos sin parar para que nos escucharan, gritábamos '¡Ayuda! ¡Estamos aquí!'", rememora.

Ambos se preguntaban qué habría pasado con el resto de las personas del edificio e intentaban ubicar el lugar exacto en que estaban atrapados.

También dudaron de si habían hecho algo mal que les impidiera escapar a tiempo. Pero Isaac le decía: "Íbamos hacia la escalera de emergencia, hicimos lo que teníamos que hacer".

Se turnaban para darse fuerza emocional. Lucía por momentos le hablaba de que "dos pasos más" y tal vez hubieran muerto aplastados, aunque la mayoría del tiempo estaba animada por "el simple hecho de que seguía viva".

Luego escucharon la voz de otra mujer que trabajaba en el cuarto piso; las gargantas para que los rescatistas los escucharan ahora eran tres. "Paula, ¿escuchas ruidos? ¿Qué se oye por allá?", le preguntaban Lucía e Isaac.

La lluvia en la cara

"El rescate fue hasta el otro día, no tengo muy claras las horas, pero como entre cuatro y cinco de la tarde (del miércoles 20 de setiembre) comenzamos a escuchar muchos ruidos y la maquinaria cada vez más cerca. Ahí fue cuando más y más nos unimos para gritar", continúa Lucía.

Hasta que por fin "escuchamos decir a un hombre '¿están ahí?' y (...) nos llenamos de una alegría muy especial", describe. Pero pasaron otras cinco o seis horas para que fueran liberados.

Cuando ya sabían que la probabilidad de seguir con sus vidas era cada vez más alta, la voz de los socorristas fue su oxígeno. "Nos hacían bromas, nos hacían prometerles que les invitaríamos una cena, me decían que ya habían visto una foto mía y que tenía una sonrisa muy linda", prosigue entre risas.

"Nadie debe perder la esperanza en la vocación de estas personas". Hace una pausa, suspira y sigue: "Estiré un brazo y el rescatista me tomó de la mano y para mí fue un respiro, aunque todavía no veía la luz, me pusieron un arnés y terminaron de sacarme".

Al salir "estaba lloviendo y la lluvia en la cara fue la sensación más maravillosa de la vida, de gratitud, y todos (los rescatistas) aplaudían (...) cada vida que salvan es una gran celebración, lo toman como un nacimiento", concluye Lucía.

Aún se dice "incrédula de haber salido con tan pocas heridas": solo moretones, especialmente en su pierna derecha.

Siguen los rescates, pero hay pocas esperanzas

En víspera de cumplirse una semana del devastador terremoto de 7,1 grados que ya deja unos 320 muertos en México, las esperanza de encontrar vida entre los escombros se agota y la tensión crece por momentos en los puntos donde continúan las tareas de rescate.

En al menos tres puntos se trabajaba la madrugada de este lunes, pero el grueso de los rescatistas se concentraba en el céntrico sector Roma, donde se derrumbó un edificio de siete pisos.

Protección Civil contabilizó a unas 40 familias que buscan a seres queridos que estaban ahí al momento del sismo, poco después del mediodía del martes 19, cuando los mexicanos recordaban otra tragedia: el terremoto de 8,1 del 19 de setiembre de 1985, que dejó más de 10 mil muertos.

"En esta magnitud de desastre tiene que salir una autoridad alta que diga: 'A ver, déjense de rumores'. Los únicos que nos han dado información, y eso a cuentagotas, ha sido la sociedad civil", dijo a AFP Guillermo Albarrán, abogado de 42 años, tío de Karina Gabriela Albarrán, que trabaja en un estudio contable del cuarto piso.

"No es ir en contra del gobierno, lo que queremos es información", añade al señalar que en medio de la angustia se apoyan "de todas las formas posibles, espirituales, materiales y psicológicas" y manteniendo la fe de que "salgan vivos".

Las autoridades no han precisado en las últimas horas si aún mantienen la expectativa de encontrar sobrevivientes, pero un rescatista mexicano consultado por AFP comentó bajo anonimato que aún mantienen la esperanza de encontrar personas con vida.

Una veintena de familiares de tres de las víctimas protagonizaron la noche del domingo una pequeña protesta con la consigna "¡No somos desechos!" para exigir que no se usara maquinaria pesada.

En redes sociales han corrido rumores, desmentidos constantemente por las autoridades, de que la maquinaría pesada es para limpiar el terreno sin importar si hay vivos o muertos en los escombros.

Pero con el acuerdo de las familias, en el lugar se ha utilizado maquinaria para remover pesadas lozas procurando siempre no dañar a las víctimas que podrían estar entre los escombros.

Confusión

En Tlalpan, en el sur de la ciudad, en los restos de un edificio de departamentos también reinaba la confusión y discusiones sobre si se debe o no introducir maquinaria pesada para agilizar los rescates, ya que hay una loza que pesaría varias toneladas.

Vecinos interpusieron un recurso legal para que no se usara maquinaria, mientras que rescatistas y expertos recomendaban echar a andar los motores en una operación de precisión.

"Me mandan para que coordine la maniobra y la están tratando de hacer con bomberos. Ahorita que ya está todo (con la grúa), me están pidiendo que desaloje. Es un descontrol tremendo aquí", dijo a la prensa Oscar Escobar, quien se presentó como representante del Colegio de Ingenieros Arquitectos.

El domingo, en ese punto los rescatistas sacaron a una persona sin vida, mientras que la brigada japonesa salvó a un perrito blanco que parecía en buen estado.

En el sector Del Valle, vecino de Roma, también continuaban los rescates en busca de al menos cinco personas, aunque allí las esperanzas de encontrar vida son mínimas.

Este lunes, la ciudad trataba de recuperar su ritmo de vida tras la suspensión de las clases, en tanto algunas empresas y oficinas públicas vienen trabajando con personal reducido.

De las 8.700 escuelas públicas y privadas de todos los niveles que hay en Ciudad de México, se reanudan las actividades en 103, informó la secretaría de Educación.

La alcaldía y la cartera de Educación explicaron que las escuelas abrirán sus puertas gradualmente una vez que se hagan peritajes para garantizar que las instalaciones no sufrieron daños.

La estatal Universidad Nacional Autónoma de México (UNAM), la más grande del América Latina, reanuda sus clases luego de revisar sus instalaciones.

Hasta la madrugada del lunes, sumaban 320 muertos por el sismo: 182 en Ciudad de México, 73 en el estado de Morelos, 45 en Puebla, 13 en Estado de México, 6 en Guerrero y uno en Oaxaca, según Protección Civil federal.

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