Hay quienes afirman con convicción que los viernes santo llueve inequívocamente. Esta Semana Santa no escapa a esa creencia, y la mañana en Durazno nos despierta garuando.
Se trata de una farmacia que cada semana va cambiando su fenomenal escaparate temático: esta vuelta pudimos encontrar una serie de municiones, un catre de camping, cañas de pescar, y una cajita de pesca profesional. En el piso, arena de río.
ContraRreloj y caídas. Uno de los comisarios de la vuelta aceptó llevar un lovetourista hasta la rotonda, ubicada a seis kilómetros y medio del centro de Durazno, por donde los ciclistas necesariamente pasarán.
"Lo primero que hice fue buscar una buena ubicación para tomar las fotos, mientras me tomaba unos mates con los paisanos. Tuve la sensación de que alguno podría caer, así que retiré unas piedritas del pavimento mojado. El cielo gris y el aire cargado de humedad, realzaban los estridentes colores de las camisetas".
En eso, acierta el disparo pero el ciclista, que luego confirmamos era Guedes, cae al piso de cara.
Pero el ciclista le reclamaba otra cosa: "Subime a la bicicleta. ¡Por favor!".
En eso, un chico de la agrupación piquetera se acerca y lo levanta. Una vez en pie, el ciclista arranca, sin darse cuenta que sale para el otro lado. Llorando de bronca por el tiempo perdido, pega la vuelta y rema como puede los kilómetros que aún le restan, en los minutos perdidos.
Pulsómetro. En nuestra obsesión por imaginarnos qué pasa por la cabeza de los ciclistas mientras pedalean, en medio de la carretera como en los cincuenta metros últimos, nos acercamos a Gerardo, el director de la selección española. Para darnos una idea, nos coloca un pulsómetro, una especie de reloj, en la muñeca y un cinto alrededor del corazón.
Transpirados escuchamos: "Ese número que se repite, es el umbral anaeróbico. Sobre ese límite es donde hay que trabajar".
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