27 de mayo de 2021 15:58 hs

John Thornhill

A los 13 años, Joel Hellermark aprendió a programar de forma autodidacta. A los 16, lanzó su primera compañía, un servicio de recomendación de vídeos. Hellermark, ahora ya todo un veterano empresario de 24 años, acaba de recaudar US$18 millones con el propósito de expandir Sana Labs, la empresa "startup" sueca de educación digital que fundó. "Yo soy una función de todos los beneficios de crecer en la actualidad", dice.

Mientras muchas personas de su edad destacan la injusticia intergeneracional, Hellermark dice que está aprovechando las oportunidades que su generación ha sido la primera en disfrutar. Entre ellas él cita: la democratización de una educación de clase mundial (él mismo aprendió el aprendizaje automático siguiendo cursos en línea de las mejores universidades estadounidenses); los costos cada vez más baratos de la tecnología, como la computación en la nube; y la capacidad de conectar con potenciales empleados y clientes en cualquier parte del mundo al instante en línea.

Con el auge del mercado de la educación digital como resultado de la pandemia, Hellermark tiene la ambición de crear una de las compañías más valiosas del mundo.

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Este afán empresarial se ha visto impulsado por la apertura de la financiación, lo cual les ha facilitado a los emprendedores en ciernes un acceso más fácil al dinero de ángeles inversores, fondos de capital inicial y sitios de financiamiento colectivo, o “crowdfunding”. Aunque los mercados bursátiles mundiales siguen siendo exuberantes y los tipos de interés permanecen bajos, los inversionistas también han estado invirtiendo dinero en el capital de riesgo de etapa tardía.

En diferentes aspectos, Hellermark es a la vez excepcional y cada vez más típico. Excepcional porque su energía inquieta y su incesante determinación lo distinguen como un empresario natural. Típico en el sentido de que encarna una nueva ola de empresarios que intentan hacer carrera fuera del mundo corporativo tradicional.

La pandemia ha desatado una oleada de creación de nuevas empresas en muchos países, ya que la recesión ha convulsionado los mercados laborales. En EEUU, el mes pasado se presentaron 488,000 nuevas solicitudes empresariales, en comparación con las 232,000 de abril de 2020. Francia ha registrado niveles históricos de creación de empresas, con aumentos igualmente fuertes en el Reino Unido, Alemania y Japón.

Es difícil decir cuántas de estas nuevas empresas se han formado por desesperación, con trabajadores desempleados que inician empresas para vender sus propios productos o servicios en la economía gig. Pero, sin duda, los datos también reflejan un aumento del interés por el espíritu empresarial en muchos países, especialmente entre los jóvenes.

Entrepreneur First, una empresa de inversión que ofrece programas de capacitación de seis meses para licenciados en el Reino Unido, Francia, Alemania, India, Singapur y Canadá, dice que ha registrado un aumento del 80 por ciento interanual en las solicitudes. "Los empresarios prosperan con la volatilidad", dice su cofundador Matt Clifford. "Esta pandemia ha creado volatilidad. Es una respuesta racional ante la oportunidad".

La más reciente conmoción económica podría resultar en un giro interesante en el prolongado debate sobre si los empresarios nacen o se hacen. Una de las consecuencias de la recesión del año pasado puede haber sido la de impulsar a muchos más graduados ambiciosos y capaces a fundar empresas "startup" que en otras circunstancias.

Un documento de investigación actualizado realizado por Isaac Hacamo y Kristoph Kleiner, de la Universidad de Indiana, reveló que un aumento del 1 por ciento en la tasa de desempleo de EEUU se ha traducido históricamente en un descenso del 0.5 por ciento en la probabilidad de conseguir un empleo en una de las principales empresas de consultoría, finanzas o tecnología.

Tras estudiar más de 640,000 perfiles de LinkedIn de personas que se graduaron en EEUU entre 1996 y 2014, los investigadores descubrieron que los llamados "empresarios forzados" — quienes iniciaron empresas en anteriores crisis — tendían a prosperar. De hecho, tenían más probabilidades que los "empresarios voluntarios" de sobrevivir, innovar y recibir apoyo empresarial. Entre su muestra de 36,000 emprendedores, los fundadores individuales lograron sacar a bolsa 141 compañías, entre ellas Dropbox, Airbnb, Instagram y YouTube.

Muchas compañías de capital de riesgo que han recaudado dinero durante esta última recesión económica han afirmado que algunas de las mejores empresas han nacido en las peores recesiones. Esto incluso podría ser cierto. Será fascinante ver qué compañías interesantes surgen del desastre económico del año pasado.

 

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