10 de septiembre 2023 - 5:05hs

En la televisión la imagen es todo. La imagen en movimiento tiene peso, fuerza, tiene un poderío que no tiene el audio o la fotografía. Y la imagen en movimiento sumada al sonido, más todavía. Pero a veces pasa que en ese medio audiovisual lo que más queda es la primera parte. En un medio donde manda la imagen, a veces hay voces que son inolvidables.

Algunas de esas voces son las de personas que salen al aire, que tienen registros, timbres, tonos y texturas fácilmente identificables. Otras son las de personas a las que nunca les vemos la cara. Voces incorpóreas que se convierten en parte del paisaje, que se afirman en el inconsciente colectivo, que, a su manera, se convierten en rasgos distintivos y memorables de un programa, de un canal, de la tele en sí misma.

Puede pasar incluso que no sepamos quiénes están detrás de esas voces, pero podríamos reconocerlas en cualquier parte, o extrañarlas cuando se van.

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La semana pasada, el locutor del noticiero Subrayado, de Canal 10, se jubiló luego de 30 años en ese informativo, y su despedida marcó la pérdida de una parte inconfundible del programa. Su retiro ameritó una emotiva despedida al aire de parte de la conductora Blanca Rodríguez, que lo definió como “la voz de Subrayado”.

Esa voz en cuestión era la de Omar “Pelo” García, que en 1993 ingresó al noticiero luego de años de trabajo en radio como conductor, periodista y locutor, y de toda una vida dedicada al trabajo con su voz.

La memoria de García empieza a rebobinar y se va a sus inicios: de niño, su escuela de Cerro Largo tenía un aljibe, y se ponía a jugar hablando en dirección al pozo, para sentir el eco e imaginarse que salía en una radio. Años después, su primer sueldo lo recibió por ejercer como la voz en off de audiovisuales hechos en el Liceo Sagrada Familia. Después, se dedicó a locutar publicidades para los sistemas de altoparlantes que se instalaban en los desfiles y tablados durante los carnavales.

Luego llegaron los medios: en 1987 se estrenó en Radio Sarandí, en el informativo que conducía el histórico Julio Villegas –lo que implicaba levantarse a las 3.30 o 4 de la mañana– y después hubo etapas en Nuevo Tiempo —mientras estuvo gestionada por los periodistas Jorge Traverso y Néber Araújo—, Concierto FM, Radio Oriental y Radiomundo, donde trabajó hasta noviembre de 2022, cuando ya enfilaba hacia la jubilación.

García también hizo locución deportiva, y compartió transmisiones con Alberto Kesman y Javier Máximo Goñi, y pasó por Canal 5 antes del llegar al 10, donde hizo “todo lo que se podía hacer en una redacción de noticiero de televisión: conducir los flashes de fin de semana, estar en la calle, hacer móviles, viajar con los presidentes al exterior”, lista él.

Pero la cámara, dice, no era lo suyo. “Nunca me atrajo, no lo hacía mal, pero no lo buscaba. Rechazaba el maquillaje, me parecía extraño, me manchaba”, rememora. “Veía a Blanca y a Jorge que estaban una hora y media antes de salir, maquillándose, y decía ‘ni en pedo’”.

García prefería dedicarse a editar y hacer locuciones de títulos y noticias. En los últimos dos años se dedicó solamente al rol de locutor, su predilecto. Era la voz de la portada del informativo, el encargado de anunciar las cotizaciones de las monedas y ocasionalmente, de presentar informes de noticias internacionales.

Omar García

Para él, la clave al momento de usar la voz en locuciones como las que durante tres décadas hizo en Subrayado es dar al espectador “unos segundos para digerir, sobre todo cuando es algo más complejo".

"Ayuda mucho hacer pausas. Y cuanto más bajo hables, mejor; no es necesario gritar”.

Así como García fue hasta la semana pasada la voz de un noticiero, Ricardo Lamancha es la voz de todo un canal desde hace 21 años: Teledoce. El encargado de la locución institucional de esa señal trabaja en una suerte de régimen de guardia, ante cualquier contenido urgente que el canal necesite generar, pero más allá de eso, de lunes a viernes se dedica a grabar las locuciones de la programación diaria.

Un trabajo que exige velocidad y constancia: los textos llegan cada jornada y en treinta minutos las locuciones tienen que estar terminadas y enviadas. “Los textos se redactan día a día, porque hay programas, como las novelas o las películas que se dan los fines de semana, que se definen con más inmediatez”, explica.

“Los textos no los modifico, pero tengo mucha libertad de acción en el encare, y voy cambiando de acuerdo al estilo del programa: el Bailando no es lo mismo que una transmisión deportiva, y una película de acción no es lo mismo que una telenovela o una de terror”, cuenta Lamancha, que graba en un estudio profesional propio. “Hago cada texto con su impronta, y eso fue un diferencial que Canal 12 buscó cuando yo me sumé, y que fue general en medios y publicidad: antes se buscaba que el locutor sonara ‘brillante’, hoy las cosas se ‘dicen’ más, adaptándose a lo que se esté diciendo”.

Lamancha se convirtió en la voz de Teledoce luego de una trayectoria que empezó en radio, como parte del departamento de prensa de la desaparecida Emisora del Palacio (hoy Océano FM). Luego condujo e hizo locución en radio hasta que pasó a la publicidad. Fue voz de marcas como Pepsi, Shell, Levi’s y Paso de los Toros, de la que lo sigue siendo.

Con la crisis de 2002, la publicidad se vio afectada en el ritmo de trabajo, y los pagos, que eran en dólares, pasaron a pesos. En ese panorama llegó el llamado de Canal 12, que buscaba cambiar su estilo anterior, una dupla de un hombre y una mujer.

“La exposición de la voz era mucho mayor, pero al mismo tiempo y por esa razón, me podía significar perder trabajo de marcas, porque la voz queda muy identificada. Pero era un rol muy interesante, y permitía jerarquizar un rol que no era trascendente en Uruguay”, cuenta Lamancha sobre qué razones lo llevaron a aceptar el puesto que todavía ocupa.

La voz de la tele

¿Piensan los locutores en el rol que ocupan? ¿Les llama la atención ser voces en un medio visual?

“Es como el trabajo de médico: se termina haciendo costumbre y no pensás en que puedas ser una voz conocida”, apunta Lamancha. “Para mí, que vengo de la locución comercial, el canal es como una marca más. Pero me atrapa lo variable que es el trabajo y la ductilidad y creatividad que te permite aportar. De alguna forma sos tu propio director”.

Omar García coincide y agrega que él, por el tiempo que su voz ha sido su herramienta de trabajo durante toda la vida, lo toma con mucha naturalidad. Dice también que tiene un vínculo fraternal y afectivo con su voz.

Ricardo Lamancha

A eso se agrega que se manejan con un cierto anonimato, no solo porque no hay rostros que asociar con las voces, sino también porque la voz “profesional” no es la misma que la voz “cotidiana”.

De todos modos, a ambos les ha pasado que los reconozcan. No muchas veces, pero les ha sucedido. García dice que deben haber sido “tres o cuatro veces". "Son personas que me cruzan seguido, empleados de supermercado que un día se dan cuenta, por ejemplo. Otros se dan cuenta y no te dicen, por timidez”.

“A mí me preguntan si soy locutor, pero no es que todo el tiempo ubiquen mi voz”, dice por su parte Lamancha. “Pero cuando me preguntan dónde trabajo, y les digo Teledoce, me dicen ‘de ahí te saco’”.

¿Una especie en extinción?

El locutor de Canal 10 considera que a pesar de los cambios y de la lógica evolución de los medios, las voces como la suya en televisión siguen y seguirán teniendo lugar, pase lo que pase. “La voz es muy íntima”, explica. “Ahora está todo este tema de la inteligencia artificial, de hecho hace un tiempo en India hicieron un informativo con inteligencia artificial. Pero (la voz humana) no puede ser reemplazada”.

Y profundiza: “La voz genera algo íntimo y afectivo, cada vez se valoran más los detalles, que son lo que desnivela y mueve la aguja de quien escucha. Y eso es único e irremplazable por la tecnología, la emotividad no se puede industrializar”.

Ricardo Lamancha está de acuerdo. “Igual que el periodismo o los locutores comerciales, este rol se va a mantener”, afirmó. “Así como la radio perdió el ejercicio de imaginación que generaba porque le pusieron cámaras, la tele mantiene esa magia”.

Y da la razón por la que quienes ocupan ese puesto duran tanto como él, que ya lleva dos décadas, o García, que ocupó el lugar durante treinta años: “Se mantienen tanto tiempo, hasta que se jubilan, por asociación. Porque suplantarlas es imposible. Generan mucha identificación, le damos voz a un medio, a algo que no la tiene”.  

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