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Locura al aire, el documental que retrata la otra cara del Vilardebó

El documental -que se estrena el jueves en cines- sigue a los integrantes de la radio del Hospital Vilardebó y explora los miedos, esperanzas y vínculos que se generan en ella

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18 de abril de 2018 a las 05:00

La locura y la pobreza van de la mano ¿Sabés lo que es eso? Los que estamos ahí somos todos pobres, nadie tiene plata. Los ricos están en los sanatorios privados y no son locos, tienen estrés por cansancio. La locura la tenemos solo los pobres. Es el mismo perro con diferente collar”. Después de decir eso, Olga Azikian se calla. Podría haber sido una de sus intervenciones en la película, pero no, la dice allí, en el café mientras mira el vaso de jugo de naranja. El silencio que sigue se escucha, pero no es incómodo; es reflexión.

Olga levantó la cabeza y mira a Alicia Cano y Leticia Cuba, sus directoras, que están allí con ella. Las dos asienten porque saben de lo que habla, lo vieron mientras filmaban. Llegaron con las cámaras y empezaron a entender. Muchas cosas las sabían, se las habían dicho, pero no es lo mismo. En ese momento lo vieron. También lo vieron mientras editaban el material. Y ahora lo ven en pantalla grande, con el documental circulando por salas de cine, abriendo festivales y presentándose ante la prensa.

“De alguna manera, la película busca restituir la locura en la sociedad”, explicó Cano, después del pequeño silencio pactado. Ella y Cuba tuvieron la idea de Locura al aire en 2014, cuando se enteraron que Vilardevoz, la radio del Hospital Vilardebó, estaba por viajar a un encuentro en México de radios “locas” autogestionadas por pacientes psiquiátricos.

Para Cano, Locura al aire no era la primera incursión en la realización documental. En 2012 estrenó El Bella Vista, una película que seguía los pormenores y las transformaciones del club Bella Vista de Durazno. Dos años después de aquel estreno, la directora salteña se unió a Cuba -que nació, justamente, en Cuba- para embarcarse en el documental sobre la radio.

Radio Vilardevoz está en funciones en el hospital uruguayo desde 1997 y funciona de manera independiente, con un modelo autosustentable y cooperativo. Ambas directoras conocían el proyecto y se interesaron por retratar el antes y el durante de ese viaje, pero había un problema: quedaba solo un mes de plazo para filmar. La solución llegó, pero implicó rodar con intermitencias y acelerar los procesos previos. A pesar de esos pequeños contratiempos, el documental se concretó y este jueves llega a los cines locales luego de tener una presentación previa en el Festival de Cinemateca.

Reclamo por derechos

Locura al aire, que se estrena este jueves en cines, muestra la preparación de los integrantes de la radio en la previa a su viaje. A través de testimonios y con un formato observacional, el documental explora los vínculos que se generan entre los participantes de la radio, los problemas a los que se deben enfrentar y las diferentes posturas frente a las políticas de salud mental de Uruguay.


“Queremos mostrar cómo la locura tiene que ver con factores sociales, económicos, y cómo puede ser que en centros sanitarios del país haya violencia de este tipo. No puede ser posible que se intente sanar en espacios donde hay violencia y abusos de derechos. Ya deja de ser un problema de quienes están internados y pasa a ser algo que atañe a todos”, explicó Cuba.

Uno de los aspectos que Locura al aire plantea es la necesidad de la implementación de una regulación para las instituciones mentales, y esto lo hace a través de los reclamos de los protagonistas del filme –que son pacientes ambulatorios, es decir, solo están internados cuando tienen episodios de crisis–.

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Olga Azikian
Olga Azikian

La Ley de Salud Mental que se aprobó en agosto del año pasado y que, entre otras cosas, estipula el cierre de todos los manicomios para 2025 no entra dentro de la narración de Locura al aire, que fue rodada en 2014. De todos modos, forma parte de la conversación. Aunque la ley aún no se implementó, Olga y sus compañeros cada vez tienen menos esperanzas de que se cumplan los plazos.

“No se qué estamos esperando, ni a qué estamos jugando. No se deben violar más los derechos humanos ahí adentro como se viene haciendo hasta ahora. Hoy en 2018 se siguen violando derechos en el Vilardebó, por eso queremos que mucha gente mire la película, para que puedan entender lo que se vive”, dijo Olga.

“Creemos en la función social del cine y nos parece que la película tiene esa intención: tender un puente entre los locos y los cuerdos, entre comillas. Creemos que trae un planteo que falta. Después de verla, el presidente de la Asociación de Psiquiatras mandó un mail a todos en la sociedad refiriéndose a cómo el proyecto es un espacio de diálogo, de escucha y de afecto muy importante. Si de alguna manera Locura al aire puede interpelar a quienes están al mando, a quienes tiene el poder de la salud mental, estamos más que satisfechas”, acotó Cano.

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Leticia Cuba y Alicia Cano, las directoras
Leticia Cuba y Alicia Cano, las directoras

Militancia

Locura al aire es una producción de Mutante Cine y en algunas funciones las directoras tienen planeado preparar instancias de preguntas y respuestas entre los pacientes y el público, de manera de tender esos puentes a los que hacía referencia Cano. Pero eso será a la vuelta del Festival de Málaga, acontecimiento para el que la película fue seleccionada hace pocos días. Desde allá, Cano y Cuba representarán el proyecto que conocieron hace más de cinco años y con el que quedaron encausadas.

Desde acá, Olga Azikian seguirá militando por la película y por la salud mental, lo que –según contó– hace desde que tiene memoria: “Lo llevo en la sangre y en los genes. Milito por convicción. Todos queremos que se cierren las puertas de ese manicomio, esas rejas frías, esos espacios de tristeza. Hay mucho dolor ahí adentro, para muchas personas y también para mí. Queremos que se cierren esos espacios y que se abran otros donde la gente pueda ser libre, donde no haya rejas, ataduras y cadenas”.

Movilizados


Locura al aire
, a pesar de ubicarse espacialmente en uno de los centros de salud más duros del país, no explota el morbo mostrando los pabellones más duros del Vilardebó. Tampoco recurre a imágenes muy fuertes que puedan herir sensibilidades. Si bien hay pasajes que son complicados -pacientes explicando la cantidad de electroshocks que tuvieron que soportar o algunos enumerando las situaciones complejas que les tocó vivir- la película intenta centrarse en la función de la radio como un elemento de unión y de compromiso entre los pacientes. El documental sí denuncia, pero desde el testimonio.

Es probable que el espectador salga de la sala movilizado y con ganas de seguir debatiendo del tema; Locura al aire transita de manera justa por un camino específico que une ambas partes de la cuestión: el dolor y la esperanza.
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