Una buena noticia y otra mala aguardan al Partido Nacional en el cortísimo plazo. La buena noticia es que esa colectividad será la única que tendrá –como lo viene teniendo desde hace tiempo– una elección interna competitiva, lo que le permitirá estar en el centro de atención de los votantes en los comicios de junio de 2014.
La mala noticia es la misma. Porque esa exposición pública –y la tradición blanca de airear casi todo lo que ocurre puertas adentro- puede generar choques violentos entre los precandidatos en disputa.
Por ahora, Larrañaga, con más del 50% de intención de voto, le lleva una amplia ventaja en las encuestas. Pero esto sucede, entre otras cosas, porque la postulación de Lacalle Pou aún no fue oficializada, cosa que ocurrirá en el correr de marzo. Se supone que, entonces sí, el diputado agrupará los votos que hoy andan desperdigados.
Votos más, votos menos, Larrañaga tiene una predominancia de casi el 60% en la estructura del Partido Nacional. La estructura abarca a dirigentes y militantes que votarán sin ninguna duda en la interna de junio de 2014.
Pero Lacalle Pou confía en que la “candidatura distinta” que dice encarnar seduzca a personas que no tienen pensado previsto sufragar en esa instancia. Además, consideran en su entorno, Lacalle Pou también es la mejor opción para quienes quieren asegurarse que el Partido Nacional mantenga el lugar de principal partido de la oposición.
Por el contrario, desde el lado de Larrañaga consideran que a Lacalle Pou le falta experiencia y que, tarde o temprano, su moderada juventud le jugará una mala pasada. Además, dicen, su condición de “hijo de” terminará por pasarle factura si llega a ganar la interna.
Como sea, en ambos lados coinciden en que después de Semana Santa empezará a develarse cuánto de bueno y cuánto de malo conlleva el hecho de tener una interna en la que no hay apuestas seguras.