Horas después de asumir la presidencia de Estados Unidos e instalarse en la Casa Blanca, junto con la batería de decretos listos para anunciar, Joe Biden se ha preocupado por que la Oficina Oval refleje el nuevo mandato.
Llaman la atención la gran cantidad de retratos y bustos de figuras históricas estadounidenses, en especial un enorme retrato de Franklin Delano Roosevelt, que cuelga frente al Resolute Desk, el escritorio presidencial, que centra el foco de la sala.
La imagen de Roosevelt, que asumió el poder en la época de la Gran Depresión y ganó cuatro elecciones consecutivas, es un guiño a un presidente que ayudó al país a atravesar grandes crisis. Un desafío que ahora enfrenta el presidente número 46 de Estados Unidos.
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Pinturas del expresidente, Thomas Jefferson, y el exsecretrario del Tesoro, Alexander Hamilton, están colocadas una cerca de la otra. Ambos hombres estuvieron con frecuencia en desacuerdo y la oficina de Biden hizo saber que emparejarlos en la Oficina Oval tiene el sentido de reivindicar que las diferencias de opinión, expresadas dentro de las ámbitos de la República, son "esenciales para la democracia".
Biden, en su sucinto discurso de juramentación en el cargo, puso el énfasis en la importancia de los desacuerdos dentro de la democracia estadounidense. "Quizás, dijo, es una de nuestras mayores fortalezas", y advirtió que el desacuerdo "no puede ser una causa para la guerra total".
La subdirectora de operaciones de la Oficina Oval, Ashley Williams, le dijo al Post que el presidente Biden quería que el óvalo de su despacho se pareciera a Estados Unidos y mostrara el panorama de quién será como mandatario.
Hay bustos de Martin Luther King Jr. y Robert F. Kennedy a los lados de una chimenea: dos hombres a los que Biden se refiere con frecuencia por su impacto en el movimiento por los derechos civiles.
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Detrás del Resolute Desk, hay un busto del líder campesino César Chávez. La oficina también acoge bustos de Rosa Parks y de Eleanor Roosevelt, la escitora y política, esposa de Franklin D. Roosevelt durante sus cuatro períodos presidenciales.
También hay una escultura que representa un caballo y un jinete de Allan Houser de la tribu Chiricahua Apache que una vez perteneció al difunto senador Daniel K. Inouye, el primer japonés estadounidense elegido a ambas cámaras del Congreso.
Una pintura Benjamin Franklin muestra el interés de Biden en guiarse por la ciencia y está colocada cerca de una roca lunar que recuerda a los estadounidenses la ambición y los logros de las generaciones anteriores.
También hay pinturas de George Washington y de Abraham Lincoln.
Biden no cambió las cortinas doradas que ya estaban en la oficina del presidente Trump, ni tampoco la alfombra azul oscuro que estuvo en la administración Clinton, y los sofás y muebles son de la colección de la Casa Blanca y resultan familiares.
El nuevo presidente quitó las banderas de las ramas del Ejército que Trump mostraba detrás de su escritorio y ordenó instalar una bandera estadounidense y otra con sello presidencial.
Tampoco está el retrato de Andrew Jackson que Trump colgó en su oficina. Jackson propuso poner fin al colegio electoral y firmó la ley de Remoción de Indígenas, que provocó la muerte de miles de nativos americanos.
Tampoco está en exhibición el busto de Winston Churchill, que Trump había reinstalado en la Oficina Oval y que Gran Bretaña le había prestado a George W. Bush y luego Barack Obama devolvió al asumir el cargo.
Biden no tocó The Resolute Desk, el escritorio que usó Trump y varios presidentes anteriores. El escritorio está hecho de la madera del buque británico HMS Resolutre y fue un regalo de la reina Victoria al presidente Rutherford B. Hayes, en 1880.
Un asistente de la Casa Blanca dijo que el escritorio no se había tocado desde el miércoles en la mañana cuando Trump dejó la Casa Blanca.