Las campañas electorales ponen a los integrantes de las fórmulas en distintos planos. Un juego de roles bastantecomún en el que uno se muestra como el policía bueno y otro como el malo. El paralelismo calza en la estrategia utilizada por frenteamplistas y blancos en la presente carrera electoral, donde Tabaré Vázquez y Luis Lacalle Pou evitan la confrontación directa, al tiempo que Raúl Sendic y Jorge Larrañaga dividen aguas acto tras acto.
Con el ingreso a la recta final de la campaña, esos perfiles se acentuaron. Mientras los presidenciables construyen su imagen política en tono armonioso y brindan mensajes unitarios destinados a votantes de todos los partidos, sus compañeros de fórmula son los que cortan grueso. Distintos discursos y declaraciones realizadas en los últimos 15 días muestran esa estrategia.
En los blancos fue Larrañaga el vocero encargado de trancar fuerte con el presidente José Mujica por la llegada de presos desde Guantánamo y, además, de recordar el pasado tupamaro de integrantes del gobierno. En la izquierda, Sendic tomó la posta para acusar a Lacalle Pou de modelar su discurso en base a los consejos de sus asesores de marketing, un comentario que circula en el comando de Vázquez desde el 1º de julio, o antes también.
“A esta fuerza política, a esta fórmula, ningún asesor de marketing, ningún comando de campaña, nos tiene que decir si es conveniente o no respaldar a los trabajadores rurales en las ocho horas. Es intrínseco. Es parte de nuestra cultura y nuestra historia la defensa de los derechos de los trabajadores”, dijo Sendic en Fray Bentos el martes 30 de setiembre.
Casi una semana después volvió a cargar contra la campaña de Lacalle Pou, pero esta vez de forma directa contra el slogan de los blancos. “Hemos propuesto la Universidad de la Educación. Mucho discurso por la positiva pero cuando llega la hora de votar no lo votan. No están de acuerdo”, dijo Sendic el lunes en Melo y luego recibió una ovación cuando volvio a defender a los trabajadores rurales, un tema en el que la izquierda insiste para encasillar al líder blanco.
Larrañga, en tanto, tomó la posta para reaccionar ante los insultos de Mujica por el rechazo de los blancos a la llegada a Uruguay de presos desde la base norteamericana de Guantánamo. “Hay cosas que no están bien. Y no está bien que desde la primera magistratura se insulte el espíritu republicano y democrático”, dijo el candidato a vicepresidente. “No hay derecho a que desde la soberbia se quiera seguir apostando al insulto”, dijo Larrañaga.
El mandatario había calificado a los opositores como “alma podrida”. “Salen a romper las pelotas con esto por cuatro votos miserables”, dijo la semana pasada.
Más allá del tono actual de sus discursos, en la presente campaña el mayor cambio estuvo en Sendic. El líder de la lista 711 evitó antes de la interna realizar críticas a sus rivales e incluso habló en entrevistas de su buena percepción sobre Lacalle Pou y Bordaberry. Pero desde que fue proclamado vicepresidente fue más hostil en su discurso, a tal punto que atacó a sus adversarios por sus padres, el expresidente Luis Lacalle Herrera y el exdictador Juan María Bordaberry.
En sus discursos, Sendic apela a la mística frenteamplista y en más de una ocasión advirtió contradicciones o envió mensajes velados a Lacalle Pou.
Larrañaga, en tanto, se mantiene combativo desde las elecciones internas. Sus críticas al FA fueron una de las principales diferencias con Lacalle Pou antes del 1º de junio. Incluso, luego de ser proclamado vicepresidente, admitió en apariciones públicas que no puede aguantarse criticar al FA.