15 de junio 2023 - 5:03hs

La mayoría de los reportes ponen el eje en el éxito de la búsqueda realizada por 200 soldados colombianos de elite y un centenar de indígenas que conocen el lugar, así como de perros rescatistas. Pero Daniel Pardo, corresponsal de la BBC en Colombia, hizo un reportaje que propone otros paradigmas.

La primera pregunta que un lector podría realizarse es de qué huía su madre para subir a un avión con ellos hacia un territorio urbano, ajeno a su entorno. La respuesta la dio a The New York Times Manuel Ranoque, pareja de Magdalena Mucutuy y padre de los dos niños más pequeños: “Un grupo armado que reclutaba menores a la fuerza con la amenaza de violencia había tomado el control de la zona donde habitaban”, en el sur de Colombia.

Magdalena cumplió con un pedido de Manuel, porque sabía que su vida corría peligro. Manuel es un líder indígena que, con apoyo estatal, cumple una función pública. Sin embargo, el Estado colombiano –como los de Brasil, Venezuela, Perú, Ecuador y Bolivia– no logra controlar la deforestación, las bases de grupos narcos, pescadores o cazadores furtivos.

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La Amazonía, conocida como el pulmón del planeta, es un territorio de gran diversidad y conserva comunidades que son el blanco de otros humanos que talan árboles o reclutan soldados. Detrás de ellos hay negocios de tráfico ilegal, pero también de grandes terratenientes o empresas interesadas en las riquezas de esa extensa región.

Lesly, Soleiny, Tien y Cristin son niños que perdieron a su madre y que, probablemente, pierdan violentamente sus raíces culturales. Seguramente el Estado colombiano les ofrecerá las mejores alternativas para que crezcan en un ambiente saludable. Pero saludable para los criterios urbanos de la sociedad mercantil. La selva es hostil, y la comunidad huitoto es parte de esa gigantesca selva que constantemente están al borde de la extinción.

Estos niños ahora están hablando en español, una lengua en la que no pueden ni siquiera contar lo que les pasó. “Yo sé que es difícil de entender que fue la selva quien los salvó”, dijo Alex Rufino, un experto en supervivencia en la Amazonía, a la BBC. Según Rufino, la supervivencia en ese entorno requiere de saberes y creencias ancestrales sin las cuales no hubieran sido localizados. Especialmente porque sobrevivieron por sus medios durante 40 días.

El corresponsal de la BBC habló con soldados que le contaron que “se lesionaron, que los picaron las garrapatas, que se cayeron, que sufrieron como nunca en una selva tan húmeda que el fuego no prende, tan densa que las brújulas se descalibran”. Y se trata de hombres preparados para ese entorno, incluso muchos de ellos crecieron en zonas selváticas.

Fabián Mulcue, un indígena de El Cauca, que estuvo en el operativo, dijo al corresponsal que “no entendía cómo pudo ser que 200 soldados del ejército más avanzado de América latina, ayudados por otros 100 guardias indígenas, no lograran encontrar a los niños en 40 días. O lo que es más insólito: que los hubieran encontrado en un lugar donde ya habían buscado”.

Con el caso de chicos rescatados, un corresponsal de la BBC realizó una nota que trata de desentrañar el paradigma cultural colombiano

La razón, le dijo Mulcue, es que, según los huitoto, “los duendes de la selva los estaban escondiendo”. Al ser preguntado sobre qué duendes, la respuesta fue impactante: “En la selva hay espíritus que se encarnan en personas y animales”.

Una lectura occidental y urbana de Colombia, “encaja en una narrativa hollywoodesca, que nos aleja de lo que realmente pasó. Que nos pone de frente a un país de contrastes. Pero hay algo también de esta historia que ofrece pistas sobre este país”, dice Pardo.

“Una de las primeras pistas es que los colombianos seguimos sin entender la manera profunda en que la geografía, y la ignorancia sobre la misma, nos marca. No es que sea fácil. El territorio está atravesado por tres cordilleras colosales. Hay desiertos, sabanas, litorales de dos océanos y, por supuesto, varios tipos de selva”, escribe el corresponsal de la BBC.

Colombia es el país con más biodiversidad del mundo por metro cuadrado y su desarrollo es “a espaldas a estos territorios”: “En ellos vive la gente más pobre, su conexión con el resto del país es precaria, si no mortal, y la presencia estatal es insuficiente, para ventaja de los grupos armados”.

Hasta hace poco, “los gobernantes colombianos vieron la biodiversidad como un obstáculo más que como un recurso para el desarrollo. Sus efectos se ven hoy. Por eso no entendemos esta selva. Por eso los colombianos somos tan ignorantes de esta historia como cualquier extranjero”, reflexiona Pardo.

Luego dice algo que interpela a cualquier lector: esperamos de los niños respuestas “concretas, mundanas, apegadas a nuestras comodidades y cosmovisiones, cuando para ellos, como me dijo Rufino, “perderse en la selva es una actividad común”.

Esta historia de rescate debería servir para entender la diversidad cultural. Como escribe Pardo, “estos chicos sobrevivieron como vivieron. Pero no se sabe si seguirán viviendo de la misma manera. Colombia es un país violento, fragmentado, atascado en la prohibición del clorhidrato de cocaína y donde siguen aumentando los kilómetros cuadrados sembrados con coca”.

En Colombia hay tantas etnias como en India, país tres veces más grande y 30 veces más poblado. Pero su carácter pluricultural no forma parte de la visión hegemónica del país. Las comunidades indígenas “siguen exiliadas dentro del territorio nacional”.

Sólo en El Chocó, en el Pacífico, “15 indígenas se suicidaron en lo que va de este año, según cifras oficiales”. Entonces estos cuatro niños estaban intentando salvarse de un entorno violento, “marcado por una minería que contamina sus ríos de mercurio y una deforestación que reemplaza sus plantas por ganado y palma”.

Ahora, la casa de los niños rescatados es el Hospital Militar, “la custodia la tiene el Bienestar Familiar, una agencia estatal, pero medio país se pregunta qué es lo mejor para ellos: quién su mejor custodio”.

“Nacieron en la selva y el resto de su vida, probablemente, será en la ciudad, alejados de las costumbres de sus ancestros. Se les viene encima un shock cultural que, en este país de desplazados internos, le ocurre todos los días a cientos de personas”, dice el corresponsal de la BBC.

 

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