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Los "doble chapa" de Bolsonaro: testimonios de uruguayos que lo votarán

Las razones de quienes darán su apoyo al ultraderechista

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25 de octubre de 2018 a las 05:02

Esta es la primera nota de una serie que explora la situación en la frontera Rivera-Livramento en los días que preceden a la elección de Brasil.

Mientras en Montevideo se lo mira con estupor, recelo y temor, en la frontera con Brasil el “fenómeno Bolsonaro” genera entusiasmo desbordante en muchos uruguayos.

“Lo voto para cambiar. Lo voto por ser contrario al aborto y a las drogas. Y por estar a favor de los derechos de la familia”, dice con total seguridad Caroline Moreira, 26 años, una joven uruguaya y cristiana que luce una camiseta con un enorme “Bolsonaro” estampado en su espalda.

Como Caroline, muchos ya lo votaron y otros se sumarán el domingo. Es que miles de uruguayos votan en Brasil. Son uruguayos-brasileños o brasileños-uruguayos, conocidos en la frontera como “doble chapa”, personas que por sus historias familiares o laborales tienen las dos nacionalidades.

Caroline nació en Livramento, pero por su madre obtuvo la ciudadanía oriental.

Lo mismo que tantas otras familias de la frontera, los Moreira, que son todos doble chapa, están divididos entre dos opciones antagónicas. La madre de Caroline, por ejemplo, vota al Partido de los Trabajadores (PT). La pasión y tensión dominan esta campaña.

“En la frontera nadie se puede escapar de las elecciones brasileñas. Tenemos cerca de 9.000 votantes del lado uruguayo. Son muchos. Tirando las cifras abajo, 15% de uruguayos votan acá en Brasil”, dice Airton Costa Leites, presidente en Livramento del Partido Social Liberal (PSL), el partido de Bolsonaro.

Él mismo también es uruguayo, doble chapa, con historia en ambos lados de la frontera. Nació en Brasil, pero su familia viene de Salto. Durante años trabajó en la Intendencia de Rivera en políticas deportivas juveniles y fue vicepresidente de la Federación Uruguaya de Judo. Cuenta que militó por el hoy senador Tabaré Viera y el intendente Marne Osorio, ambos del Partido Colorado.

Jones Abreu

La vieja Chevrolet con matrícula uruguaya de Jones Abreu destaca en el centro de Livramento, donde los autos brasileños son mayoría. En su luneta trasera tiene una calcomanía de Tabaré Viera, un cartel en el que se ofrece para hacer fletes con un número de celular uruguayo y un adhesivo de Bolsonaro. En la caja hay otro pegotín del candidato brasileño: “Muda Brasil de verdade”.

Jones nació en Livramento, pero luego se radicó en Rivera. Durante ocho años fue soldado del Ejército brasileño, a pesar de que vivía en Uruguay. Vota en los dos países. En Rivera apoya al intendente Osorio, porque considera que hace obra, pero en las últimas elecciones nacionales apoyó al Frente Amplio.

“Voté porque creía que el Frente iba a hacer cosas para el pueblo. Pero en lugar de eso hicieron la ley de la marihuana, y ahora la ley trans… Y la inseguridad es tremenda. No da para más”.

Abreu ya no votará al Frente y en Brasil votó y votará a Bolsonaro el domingo. Hoy trabaja como albañil y reparador todo terreno en unos apartamentos que una señora uruguaya tiene en Livramento. Su patrona se suma por un momento a la entrevista para decir que ella también es bolsonarista. “Lo apoyo porque es cristiano”, dice. “Hace falta mano dura con la delincuencia. Dicen que él apoya a la dictadura, pero es preferible un régimen militar a esto”. Se llama María Celina, pero no es doble chapa. Su apoyo es solo espiritual: no puede votar en Brasil.

Bolsonaro no necesitó del voto de María Celina. Ganó con claridad en Livramento, donde obtuvo el 42,79% de los sufragios de la primera vuelta, mientras que el candidato del PT, Fernando Haddad, consiguió el 35,98%.

Airton Costa Leites

“Vienen muchos a pedirnos las papeletas marcadas con los candidatos de Bolsonaro y muchos son uruguayos”, dice Costa Leites en el local del PSL. “Dicen que están con él porque si gana el PT estamos fritos en Uruguay. ¡Bolsonaro en Uruguay es todavía más mito que en Brasil!”.

Rivera no es un lugar cualquiera. Es el último bastión del Partido Colorado.

En la puerta del PSL de Livramento, una calcomanía con el rostro enérgico y sonriente de Bolsonaro aboga por “la libertad de portar armas para el ciudadano de bien”.

Costa Leites hace hincapié en ese punto. “Bolsonaro busca que el ciudadano honesto pueda comprar su arma y tener la posesión legal en su casa, en su campo, que pueda defenderse. Vivimos todos como en una cárcel: el ciudadano de bien detrás de las rejas y los ladrones en la calle con metralletas. El tipo entra armado a tu casa y ¿vos le vas a tirar con qué? ¿Con el teléfono?”.

Costa Leites sostiene que su líder no es de ultraderecha y que muchas de sus declaraciones escandalosas fueron tergiversadas en una campaña muy sucia, en especial varias que menospreciaron a las mujeres, algo que no es cierto según su punto de vista.

¿Y la reivindicación de la dictadura y de la tortura?, pregunto. “En el tiempo de los militares, los que tenían miedo de los milicos eran los bandidos, era Lula, Dilma, los que asaltaban bancos, explotaban bombas y secuestraban. Y ahora es lo mismo: los que le tienen miedo a Bolsonaro son los ladrones, porque les va a quitar las armas y van a ir presos”.

Airton dice que en Brasil no hubo dictadura, sino “una intervención militar a pedido del pueblo”. Le pregunto si en Uruguay tampoco hubo. Prefiere no responder. “No conozco lo suficiente la historia de Uruguay. Puedo decir algo y cometer un error gravísimo. Pero en Brasil sí te lo digo”.

Entre 1973 y 1985 Uruguay vivió bajo el dominio de un régimen militar que asesinó a un centenar de militantes y produjo la desaparición de más de 170 personas. En Brasil, el período de facto transcurrió entre 1964 y 1985: desaparecieron 140 militantes y fueron asesinadas más de 420 personas.

Hasta comienzos de 2018, Costa Leites desempeñaba un cargo importante en la alcaldía de Livramento. Era director de Cultura, Deporte y Ocio. Y, aunque parezca increíble, llegó a ese puesto integrando y militando por la Rede Sustentabilidade, la agrupación que lidera Marina Silva, la líder ecologista que antes de desencantarse con el PT fue ministra de Lula. O sea, un partido de izquierda.

Marihuana a las tres
Cuando se oye hablar de Uruguay a los votantes de Bolsonaro en Livramento hay dos cosas de las que se quejan especialmente: la ley que legalizó la marihuana y la ley trans.
Airton Costa Leites, presidente de la filial en Livramento del partido de Bolsonaro, cuenta que lo marcó algo que vio en Montevideo hace un par de años. Había llegado a la ciudad para dictar un curso de judo en la sede de Hebraica y Macabi, frente a la plaza España, a pocos metros de la rambla Sur.
“Estaba allá con varios atletas, varios de ellos olímpicos, y cuando salí de tarde para pasear un poco, caminar y sacar unas fotos, vi a los gurises de 18, 19, 20 años, todos en la plaza que está frente al club, todos fumando marihuana. El olor se sentía en todos lados. Eran las tres de la tarde. ¿Y el estudio? ¿Y el trabajo? Estaban todos fumando marihuana. Y por ahí empieza a desmoronarse toda la estructura de una familia y de un país”.
Paulo Henrique Rodrigues

Paulo Rodrigues se considera de centro o de centroizquierda. Es un médico de 46 años que vive en Rivera y trabaja en Livramento. Nació del lado brasileño, hijo de uruguaya y padre norteño. Repartió su vida entre ambas ciudades hasta que se fue a estudiar a Montevideo, donde se recibió.

“En Uruguay voto generalmente a los blancos, pero alguna vez voté a los colorados. No soy radical ni intransigente. Al Partido Independiente no tendría problema en votarlo”, relata. En Brasil ha sufragado por lo general en favor de opciones de centro, pero esta vez no dudó en apoyar a Bolsonaro.

Supo de su existencia, como casi todos, a través de las redes sociales. “Muy pocos lo conocían, pero empezó a surgir en internet. Él mismo se hizo la campaña, dio a conocer su nombre y la gente empezó a simpatizar con algunas de sus ideas”, dice. “No con todas”, se apresura a aclarar.

¿Por qué alguien que siempre votó opciones moderadas y que no está de acuerdo con todas las ideas de Bolsonaro decide votarlo?, pregunto.

El médico riverense esgrime los argumentos de muchos: inseguridad, corrupción y crisis económica. “Bolsonaro quiere que el Estado en Brasil nos dé lo que ya no está dando. No tenemos más seguridad, la violencia es terrible, es el país más violento del mundo. La crisis económica es grande. La corrupción es algo nunca visto: nadie se imaginaba que llegaría a esto. ¡Nunca pensamos que Lula iba a estar preso! ¡El nivel de corrupción nos superó a todos!”.

Rodrigues nunca votó al PT, pero no vivió como un drama su llegada al poder en 2003. “Yo creí que económicamente me iba a ir mal, pero –como tantos otros– pensé que el PT sería el partido que iba a moralizar Brasil, que iba a terminar con la corrupción. ¡Y fue peor! ¡Mucho peor!”.

Le pregunto a Rodrigues por la reivindicación que Bolsonaro hace de la dictadura y de la tortura. “Es un militar. No es el mejor candidato que podíamos tener, pero es el mejor que tenemos para este momento. El PT apoya a Venezuela y a Cuba, quiere mantenerse eternamente en el poder y para eso hace cualquier arreglo… y no da bolilla a las cosas que la gente necesita: seguridad, una economía parada que tiene cada vez más impuestos, una infraestructura que se cae a pedazos. No es un problema ideológico, de izquierda o derecha”.

Sabe que en Uruguay, lejos de la frontera, pocos apoyan el “fenómeno Bolsonaro”. Piensa que es por falta de información. “En Montevideo no conocen la realidad de Brasil y comparan sin saber. Creen que el PT es como el Frente Amplio y no es. El PT es como una parte del Frente Amplio, es como el MPP o el Partido Comunista”.

Rodrigues no tiene ningún distintivo de Bolsonaro en su casa, ni en su auto y no quiere que le tomen fotos. Muchos uruguayos doble chapa votan a Bolsonaro, pero no quieren hacerlo público. Un periodista de Rivera que lo votará el domingo no aceptó hacer declaraciones ni siquiera anónimas.

En la puerta de su casa, Rodrigues resumió su sentir: “No es el mejor candidato, pero lo estoy votando por tres razones: seguridad, una corrupción que ya no se aguanta más y la crisis económica. Y creo que la gente lo vota por esto mismo. Si no existiera crisis económica, Bolsonaro tampoco existiría”.

Rubenson Silva

La crisis de la economía dejó su huella en la cara y el cuerpo del exdiputado del Frente Amplio por Rivera, Rubenson Silva. Literalmente. Le han salido manchas y ronchas rojas por todos lados.

Después de ser legislador –primero suplente, luego titular– entre 2005 y 2015, Silva, que es doble chapa, quiso descansar de la política.

Dejó Montevideo, volvió a sus pagos de tierra colorada y con sus ahorros puso una fábrica de pastas en Livramento. Pagó estudios de mercado que le decían que el negocio recuperaría la inversión en un año. Pero la tuvo abierta 32 meses y nunca obtuvo ganancias. La crisis económica hizo trizas su sueño y su capital. “Hice todo como tenía que hacer, pero igual no funcionó. La crisis ya estaba instalada cuando abrí. Es impresionante la cantidad de pequeños comercios que cerraron acá”.

Pasó mucho estrés en esos 32 meses. “Me agarré esta alergia en la piel. La doctora ya me dijo que es por el estrés. Que necesito dormir mucho y descansar”.

Rubenson Silva milita en los dos países. Ahora está apoyando a Haddad, sin descuidar su militancia por Daniel Martínez.

Piensa que “el fenómeno Bolsonaro” deberá ser estudiado por sociólogos a partir del domingo. La crisis económica que él padeció explica una parte, pero no todo. Los errores del PT son otra pieza del rompecabezas.

“Brasil es muy grande y se hizo muy difícil controlar todo un sistema. Pero los que participaron de la corrupción eran del riñón. Ese es el tema. En el afán de crecer, muchas veces hicieron cosas que no deberían. Y si vos das pie, luego pagás las consecuencias. Es como el caso Sendic: si vos comprás y pagás con la tarjeta, después no te quejes de que te están atacando”.

Además, piensa que Bolsonaro interpretó como nadie el sentir popular sobre la inseguridad pública. “Como militar supo captarlo muy bien con ese discurso radical de matar… es algo irracional. Gente que conozco, que es gente muy bien, está fanatizada e idiotizada por él, porque va a matar al bandido…”.

Conoce a un grupo de gays de Livramento que votarán a Bolsonaro. Y gane quien gane, es pesimista. Dice que unos días atrás, en un semáforo de Livramento, había dos muchachos con camisetas camufladas y un cartel con el rostro de Bolsonaro que decía: “Toque bocina si está con él”. La gente pasaba, hacían sonar el claxon y ellos hacían el saludo nazi.

“Hay un odio que ya se instaló y no se va a deshacer de un día para el otro. Es un extremismo que tiende a crecer. Si ganan se van a envalentonar, pero si pierden va a ser peor”.

Afros independientes con Bolsonaro
José Martínez es presidente de la organización Afros Independientes de Rivera. Su grupo organiza el certamen de belleza “La más bella negra”, que viene realizándose desde hace cinco años. En 2018 ya se hizo en Artigas y se realizará el Rivera el fin de semana de las elecciones en Brasil.
Martínez es doble chapa  –nació en Uruguay pero adquirió también la nacionalidad brasileña de su madre– y tiene actividad política en ambos lados de la frontera. En Uruguay fue edil del Partido Colorado. En Brasil ya votó a Bolsonaro y se apresta a hacerlo otra vez el domingo, más allá de quienes lo tildan de racista.
El dirigente social afro dice estar “totalmente convencido” de que esa no es la realidad. Y sueña con que Bolsonaro haga despertar la economía del otro lado del parque internacional que une las dos ciudades fronterizas.
“En Rivera dependemos mucho de cómo esté Brasil. Y está estancado, mal, no crece, los servicios públicos son un desastre, los brasileños vienen a atenderse al hospital de Rivera porque el que tienen ellos lo están por cerrar”, explica Martínez. “Se hicieron cosas buenas en estos años, pero también se emparejó para abajo. Hubo mucha corrupción. La propuesta ya no da sus frutos. La gente ya no quiere más asistencialismo, queremos trabajo”.
Samia Abboud

A Samia Abboud le molestan los extremismos. Prefiere candidatos moderados. En la primera vuelta de las elecciones brasileñas votó al candidato de centro Geraldo Alckmin, gobernador de San Pablo entre 2001 y 2006. En Livramento –igual que en todo el país–, Alckmin salió cuarto, con el 5,27% de los votos y no entró al balotaje.

Abboud tiene 35 años y tres hijas. Nació en Livramento, estudió en Porto Alegre, donde se licenció en comunicación social con especialización en relaciones públicas y trabaja en la Intendencia de Rivera. No solo es doble chapa, sino triple. Su madre le dio la nacionalidad uruguaya; su padre, la libanesa.

Tras la primera vuelta, tuvo unos días de duda respecto a quién apoyar en la segunda. Una tía, muy militante del PT, se horrorizó cuando supo que su sobrina no descartaba a Bolsonaro.

“Yo estoy muy descreída. Esto ya no pasa por ser de derecha o de izquierda. Ya no le creo nada a nadie”, dice Samia, que en Uruguay vota al Partido Colorado. Cuenta una historia triste: su suegro viajó a Porto Alegre a atenderse por un problema cardíaco, pero le dijeron que volviera, que no era importante. Tuvo un infarto a la hora de haber regresado a Livramento.

“Ya no les importa nada. La educación es un desastre. Tengo amigas profesoras de secundaria y los chiquilines las amenazan a la salida, les tiran cosas en la clase como si nada. Aunque quede feo decirlo, hay como un exceso de libertad. El respeto al otro se perdió por completo en estos años. El PT les mostró que no importa si no estudiás ni hacés nada: al final igual vas a tener algún tipo de asistencia”.

Su otra gran preocupación es la falta de seguridad. Mientras estudió en Porto Alegre la asaltaron tres veces: una vez con cuchillo y dos con armas de fuego.

Al final se decidió: votará a Bolsonaro. Para una parte de su familia es un escándalo.

“Me dicen que cómo lo voy a votar si tengo tres hijas, y él es machista. Yo les respondo que prefiero que mis hijas salgan a la calle y vuelvan vivas, y que tengan una educación coherente, a que su salario tenga 1.000 pesos más. Si el PT no pudo equiparar lo que ganan hombres y mujeres en 16 años que estuvo en el gobierno, no pretendo que otro lo arregle ahora”.

Caroline Moreira

Es de noche y en la sede del PSL en Livramento hay una charla. Hay 15 personas. Cuatro de ellas son mujeres. Ninguna es anciana. Tres son jóvenes. Una está en la reunión con su bebé.

La conferencia es sobre las relaciones entre Irán y Brasil durante los años del PT. El disertante es un joven llamado Vinicius Gusmão, de vestimenta informal y barba. Con datos tomados de la web de Itamaraty, muestra el notorio acercamiento entre los dos países, incluyendo visitas de Ahmadinejad a Brasil y de Lula a Irán.

“Al final, el PT es amigo de todos los que dicen que Israel tiene que desaparecer, y los nazis somos nosotros”, ironiza el conferencista.

Una mujer se asoma a la puerta del local e interrumpe. Quiere una bandera.

“Ellos son todo lo que nos acusan a nosotros”, agrega Gusmao.

Otra mujer interrumpe: quiere una calcomanía para el auto.

Entre el público está Caroline Moreira, doble chapa, joven, cristiana, integrante de una familia que ya no puede hablar de política porque están divididos en forma tajante respecto a Haddad o Bolsonaro.

Le pregunto si no hay una contradicción en que una mujer apoye a un candidato machista. Ella lo excusa: es un hombre formado en otra época (“tiene la edad de mi padre”), educado como militar y que tuvo cuatro hijos varones hasta que tuvo, por fin, una niña. Le cuesta entender los nuevos tiempos y lo femenino.

Como todos los doble chapa, Moreira puede votar en Uruguay, pero por ahora ha optado por no hacerlo, por no estar bien informada. “No me gusta votar por lo que otros me dicen”, explica.

Pero en Brasil no tiene ninguna duda. “Ellos roban y dicen que Bolsonaro es un ladrón. Hablan de democracia y apoyan a Venezuela, donde además la gente pelea por la basura en la calle. Ya van más de 15 años de esto”, dice y lleva una mano a su cabeza. “Estoy hasta acá del PT”.

 

Mucho, poco o nada
Los doble chapa entrevistados discrepan a la hora de evaluar la influencia que una eventual victoria de Jair Bolsonaro podría tener en Uruguay.
Airton Costa Leites, presidente de la filial en Livramento del PSL, el partido de Bolsonaro, cree que el efecto será grande por una cuestión de dinero.
“El PT financiaba a la izquierda uruguaya y eso se va a terminar. Ese dinero con que el gobierno brasileño financiaba a Venezuela, Cuba, Bolivia, Nicaragua y en menor medida a Uruguay se acabó. El mayor robo de Brasil todavía no se destapó y es el Banco Nacional de Desarrollo (Bndes)”.
El exdiputado del Frente Amplio por Rivera, también doble chapa, Rubenson Silva, cree que la influencia de una victoria de Bolsonaro sería grande, pero por otros motivos: un fuerte efecto antiizquierda en todos los departamentos de la frontera (ver entrevista aparte).
Samia Abboud piensa que “va a influir, porque Uruguay quedaría entre Argentina y Brasil como el único país de izquierda”.
“Aunque la corrupción del Frente no parece igual a la del PT, igual se han hecho algunas cosas mal y pienso que un triunfo opositor hará sentirse presionado al Frente Amplio. No me olvido que cuando Lula vino acá, Mujica vino con él. Y que el PIT-CNT todo este tiempo pareció más preocupado por Lula que por los problemas uruguayos, como si no tuviéramos”.
En cambio, el médico Paulo Rodrigues cree que nada cambiaría en Uruguay: “No creo que influya. Yo estoy casi seguro que el próximo presidente será Daniel Martínez”.
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