Christina Goldbaum
The New York Times
Algunas tiendas de bicicletas en Brooklyn están vendiendo el doble de lo normal y tras sus puertas se pueden ver largas filas de clientes. Una cadena de tiendas en Phoenix está vendiendo tres veces más bicicletas que antes. Un minorista en Washington había vendido todas sus bicicletas básicas para fines de abril y ha recibido más órdenes de compra que nunca en los 50 años que ha estado abierto.
Para fines de abril, muchas tiendas y distribuidores habían vendido todas las bicicletas de baja gama. Ahora, EEUU enfrenta una escasez de bicicletas en un momento en que las cadenas de suministro mundiales, afectadas por el coronavirus, hacen malabares para satisfacer el aumento en la demanda. “Nunca había visto algo remotamente parecido a esto”, comentó Ryan Zagata, presidente de Brooklyn Bicycle, cuyas ventas han aumentado más de 600% este año en comparación con el mismo periodo de 2019. “Si hubieras ido a una tienda hace tres semanas, habrías encontrado una bicicleta por menos de US$ 1.000. En este momento no hay existencias”.
El aumento repentino en las ventas llegó después de las órdenes de quedarse en casa que han limitado provisionalmente la vida cotidiana, pero la situación actual puede hacer que las bicicletas se conviertan de manera permanente en un artículo más básico, además de una alternativa más segura al transporte público a medida que el país vaya reabriéndose.
Algunas ciudades ya están haciendo planes para un cambio duradero posterior a la pandemia: una desviación importante en una sociedad que ha puesto a los automóviles por encima de las bicicletas desde hace décadas.
“Tenemos absoluta confianza en que vamos a ver a más gente transportándose en bicicleta en los próximos meses”, comentó Polly Trottenberg, comisionada del Departamento de Transporte de la ciudad de Nueva York.
En abril, Nueva York anunció que abriría 160 kilómetros de caminos para peatones y ciclistas de manera provisional, una estrategia que podría conducir a cierres permanentes. Oakland, California, cerró alrededor de un 10% de sus calles al tránsito de automóviles durante la pandemia.
“Ya estamos viendo a personas que nunca antes se habían subido a una bicicleta hacerlo por primera vez”, comentó Trottenberg.
Demanda en el peor momento
El cambio sería una desviación importante de la función que las bicicletas han tenido en la vida estadounidense. Durante generaciones, subirse a una bici había sido símbolo de los días relajados de verano y de un nostálgico rito de paso para los niños que crecían en extensiones suburbanas.
Más recientemente, hacer recorridos en bicicleta se volvió un pasatiempo popular en las ciudades de climas cálidos en la Costa Oeste, mientras que, al otro lado del país, los hípsters las adoptaron como parte de su forma relajada de ir contra la corriente.
A pesar de ello, relativamente pocos estadounidenses han usado las bicicletas como una alternativa seria a los automóviles y el transporte público. Menos del 1% de los neoyorquinos se trasladan en bicicleta. En Portland, Oregon, que tiene el mayor porcentaje de ciclistas de todas las ciudades estadounidenses, solo 6,3% se transporta en bicicleta. En comparación, en Copenhague cerca de la mitad de todos los viajes al trabajo y a la escuela se realizan en este medio de transporte.
“EEUU se ha construido en torno a los automóviles”, afirmó Sarah M. Kaufman, directora asociada del Centro Rudin para las Políticas y la Gestión del Transporte de la Universidad de Nueva York. “El modelo europeo ha tendido a ser más progresista en términos de sustentabilidad y seguridad, lo cual hace que favorezcan el uso de la bicicleta”.
Sin embargo, desde que la pandemia cambió drásticamente la vida diaria en Estados Unidos, transportarse en bicicleta se ha vuelto algo fundamental que incluso ayuda a conservar la cordura: las bicicletas son una forma de ejercitarse mientras los gimnasios permanecen cerrados, además de ser un medio barato para trasladarse en ciudades donde más del 90% de los usuarios del transporte público lo han dejado.
Inicialmente, la mayoría de las personas estaban comprando bicicletas que costaban menos de US$ 1.000. Para finales de abril, muchas tiendas habían vendido todas esas bicicletas.“Nunca habíamos visto un ascenso tan pronunciado como este en la demanda de una gama de productos”, mencionó Robert Margevicius, vicepresidente de Specialized, una de las empresas de bicicletas más grandes de EEUU. “Todo el mundo está batallando para conseguir más”, afirmó.
Pero, la demanda no podría haber llegado en peor momento.
La mayoría de los importadores han mantenido un inventario limitado desde 2018, cuando el presidente Donald Trump impuso nuevos aranceles a los productos fabricados en China, donde se producen algunas de las partes usadas en casi todas las bicicletas.
En consecuencia, en 2019 la cantidad de bicicletas importadas en EEUU cayó 25% en comparación con 2018, según Margevicius. En el primer trimestre de este año, las importaciones disminuyeron 30% en comparación con el mismo periodo en 2019.
La pandemia obligó a las fábricas asiáticas a cerrar en enero y febrero. Muchas no pudieron regresar a su capacidad total de producción sino hasta abril, aun cuando las solicitudes de importaciones aumentaban de manera considerable.
La mayoría de los importadores esperan que los primeros embarques de nuevas bicicletas lleguen a mediados de junio, aunque la mayor parte de ese inventario ya ha sido vendido a quienes hicieron pedidos anticipados. Es probable que algunos aspirantes a ciclistas tengan que esperar hasta julio o agosto, cuando llegarán los siguientes embarques. l