23 de marzo 2015 - 18:30hs

La campaña del Estado Islámico para atraer combatientes extranjeros da resultados visibles, pues la cifra se duplicó en poco más de un año. Al día de hoy unos 20 mil extranjeros pelean en Irak y Siria, una cifra que bate los récords.

En la era contemporánea la emigración masiva de musulmanes hacia otros países para participar en conflictos armados comenzó en la década de 1970, cuando árabes exiliados comenzaron a sumarse a movimientos que defendían el islam en diversas partes del mundo. Ya en la década siguiente, con la guerra de Afganistán, la solidaridad intermusulmana se potenció y se estima que unos 20 mil extranjeros se sumaron a una guerra que no les era propia, según un estudio que Thomas Hegghammer publicó en la revista especializada Seguridad Internacional.

Ese tope se rebasó con la campaña del Estado Islámico (EI), que durante 2014 conquistó zonas de Irak y Siria y extendió el terror a países de la región y hasta a Europa. Según el más reciente informe del Centro Internacional de Estudios de Radicalización y Violencia Política (ICSR), con sede en Londres, los extranjeros que migraron para unirse a las filas del EI ya son más de 20.730, lo que convierte al presente conflicto en el que tiene más musulmanes extranjeros como combatientes desde el final de la Segunda Guerra Mundial, en 1945.

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De estas más de 20 mil personas, unas 11 mil proceden de países de Medio Oriente. Otros 4.000 son de naciones europeas y cerca de 3.000 provienen de zonas que antes integraban la Unión Soviética.

La organización no posee datos certeros de cuántos combatientes regresaron a su país de origen luego de cierto tiempo en la guerra, pero calculan que estos serían entre el 10% y el 30% del total. Los muertos en combate serían entre 5% y 10%.

Más allá de la cantidad de guerrilleros que salen de cada país hacia la guerra santa, resulta especialmente interesante el análisis de la cantidad de yihadistas per cápita. Entre los países de los que el ICSR ofrece detalles, el que proporcionalmente envía más combatientes al EI es Túnez, donde la semana pasada hubo un atentado en un museo que se saldó con 23 muertes. De esa nación provienen unos 3.000 radicales, lo que implicaría cerca de 300 por cada millón de habitantes.

El ascenso de Europa

Con unos 400 islamistas estimados en Irak, Bélgica es el país europeo que porcentualmente tiene más población en el conflicto, unos 40 por millón. En enero hubo en ese territorio una redada en la que detuvieron a casi 50 yihadistas y poco después, en febrero, el EI anunció en un comunicado que planea “la conquista de Europa” desde ese país, donde prepara atentados con coches bomba y explosivos.

El segundo país europeo que más combatientes envía a Medio Oriente según la cantidad de personas es Dinamarca, con unos 150 islamistas; 27 cada millón de habitantes. Siguen Suecia (19 en un millón), Francia (18) y Austria (17). Los estadounidenses que se unen a esa guerra son apenas 100 o 0,03 por cada medio millón de personas.

Este informe del ICSR es el tercero sobre el mismo asunto y permite establecer relaciones con los dos reportes anteriores, de abril y diciembre de 2013. La primera vez había unos 5.500 en el combate en Medio Oriente y luego unos 11 mil, para pasar finalmente a 20 mil. La cifra se cuadruplicó en casi dos años.

El porcentaje de europeos que se implican en esta guerra evolucionó también, de 10% en el primer reporte a 20 % en el último.

El Afganistán de hoy

Cuando a fines de febrero expuso la situación ante una comisión del gobierno de EEUU sobre contraterrorismo, el director del ICSR, Peter Neumann, hizo énfasis en la soledad que sienten los occidentales que acaban uniéndose a filas yihadistas.

“Todos los que entrevistamos sentían que, por su modo de ser, por su apariencia o por su origen, no eran parte de nuestra sociedad, nunca iban a triunfar en ella. Este sentimiento no los convirtió en terroristas por ósmosis, pero los hizo más abiertos a la idea de que Occidente está en guerra con ellos y que no pueden ser musulmanes y europeos al mismo tiempo. Si de verdad queremos cortar el flujo de personas susceptibles de incorporar los mensajes y narrativas de los radicalismos, tenemos que empezar por la integración”, recomendó.

En esa ocasión el experto relacionó las actuales cifras del éxodo con las de los años 80 hacia Afganistán y estableció una proyección sombría, pues recordó que el líder de Al Qaeda, Osama Bin Laden, comenzó su carrera en el terrorismo como combatiente extranjero en aquél conflicto.

“La nueva generación de Osama bin Ladens está comenzando su camino en Siria e Irak. Y así como la guerra de Afganistán de 1980 tuvo consecuencias durante décadas –incluyendo los ataques terroristas del 11 de setiembre, 14 años después del final de ese conflicto–, lo que ocurra ahora en Siria e Irak va a tener consecuencias no solo los próximos años, sino para la siguiente generación”, advirtió. Su principal recomendación fue promover la integración de los jóvenes en las sociedades europeas.

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