1 de mayo 2021 - 5:00hs

Dos presidentes cargando el ataúd con el cuerpo de un ex vicepresidente, fue una imagen fuerte de la semana, una imagen política fuerte en sí misma, pero sobre todo por las lecciones históricas que involucran a esas tres figuras relevantes de la historia partidaria, no solo blanco-nacionalista, sino más allá de la divisa.

Luis Alberto Lacalle (1941) es nieto del caudillo Luis Alberto de Herrera (1873-1959) que luchó en las revoluciones saravistas de 1897 y 1904, que enfrentó el poder fuerte de Batlle y Ordoñez, se desgastó con la batalla interna de los que dividieron su partido, batalló contra Batlle Berres, unificó a su partido y lo amplió en alianza con el ruralismo, y llevo a los blancos a volver a ganar en 1958 luego de 90 años colorados.

Gonzalo Aguirre Ramírez (1940-2021) fue nieto de Juan Andrés Ramírez (1875-1963), archienemigo político de Herrera, de su movimiento y de sus ideas, que fue protagonista de la división del partido de Oribe como co-fundador del Partido Nacional Independiente (PNI).

Al votar los blancos en dos lemas diferentes, que obviamente no acumulaban votos, perdían siempre frente a los colorados, que tanto batllistas como riveristas y de otras corrientes, lo hacían bajo el mismo paraguas del partido de Rivera.

El fantasma de aquella división, como otra generada antes por los creadores del Partido Blanco Radical, persiguió a los nacionalistas por décadas.

Al final de los años `80, cuando los colorados creían que había batllismo en el gobierno para seguir de largo hasta el siglo siguiente, Lacalle de Herrera fue constructor paciente de una unidad superadora de su sector (primero para unificar herreristas en un acuerdo de CNH y UNH de Dardo Ortiz) e incluso del Herrerismo, para aliarse con Aguirre Ramírez, el abogado lúcido y valiente en la lucha contra la dictadura, que venía con otras raíces ideológicas.

Alejado del Movimiento Nacional de Rocha (MNR-504) tras la votación de la Ley de Caducidad, Aguirre creó el Movimiento Renovación y Victoria y registró la lista 97, la misma que había sido usada por los blancos independientes contra Herrera.

Lacalle de Herrera-Aguirre Ramírez no era una simple fórmula electoral sino el fruto de un tejido político paciente, que resumía la unidad de corrientes nacionalistas que habían estado muy enfrentadas.

Los nietos de adversarios irreconciliables unían sus apellidos y fundían sus propuestas en un proyecto común, que se coronaría con éxito.

Enfrente, los colorados habían sufrido una compleja interna por la nominación presidencial del Batllismo, lo que fue aprovechado por los blancos para sintonizar con la mayoría del electorado.

Lacalle Pou (1973), hijo de Lacalle de Herrera y Julita Pou (1947), recogió la tradición de unidad partidaria y de ampliar la base política, y desde 2015 trabajó en el armado de una alianza con batllistas y con centro izquierdistas (socialdemócratas y social-cristianos del PI), para lograr la victoria de 2019.

Lacalle padre y Lacalle hijo fueron extremadamente cuidadosos en contemplar a socios diversos durante la campaña electoral, para asegurar que la propuesta a los votantes diera garantías de gobierno unitario.

Volvamos a Gonzalo Aguirre, que pese a sus condiciones de salud que le exigían estar internado en un sanatorio, salió para votar en el balotaje de 2019, y para hacerlo otra vez por un Herrera. La formula de aquella victoria de 1989 se reflejó en otra histórica foto, cuando Lacalle de Herrera llevaba a Aguirre Ramírez en una silla de ruedas hasta la propia urna.

De la misma forma que la familia Herrera tiene raíces en el Virreinato del Perú, la familia de Aguirre Ramírez en el Río de la Plata arranca en tiempos coloniales.

En 1767, el matrimonio español de Sebastián Ramírez y Gregoria Pérez tuvo un hijo al que llamó José, que probaría suerte en América.

José Ramírez Pérez fue tan exitoso en Montevideo, que se convirtió en Estanciero y saladerista, abastecedor de carne de la guarnición y de la marina real y que sus predios terminaron dando nombre a la playa que esta sobre el actual Parque Rodó.

Se casó dos veces, la primera con María del Pilar Carrasco Rodríguez (con quien tuvo 4 hijos: Juan Pedro, María Josefa, María Josefa y Manuela), y la segunda con su hermana Maria Josefa Carrasco Rodríguez (con quien tuvo una hija, Ana).

El hijo mayor, Juan Pedro Ramírez Carrasco, se casó con Consolación Álvarez y Obes, con quien tuvo seis hijos, tres de los cuales serían personalidades de relevancia, que con el tiempo sería homenajeados con avenidas importantes de la ciudad: José Pedro (1836-1913), Gonzalo (1846-1811) y Carlos María (1848-1898). Los otros fueron Julio, Juan Augusto y Octavio.

Los dos menores nacieron en Rio Grande do Sul, durante el exilio de sus padres a consecuencia de la Guerra Grande.  Estos tres Ramírez ilustres, por línea paterna, descendían del acaudalado saladerista Ramírez Pérez y por línea materna eran nietos del jurista y constituyente Julián Álvarez, que en el primer gobierno del Uruguay formaron parte del grupo de los “Cinco Hermanos” junto a Fructuoso Rivera

También por el lado de su madre, estaban también emparentados con influyentes personalidades como los Herrera y los Ellauri.

De aquellos seis hermanos, cuatro tuvieron destacada actuación política (José Pedro, Carlos María, Octavio y Gonzalo); tres fueron catedráticos universitarios (José Pedro, Carlos María y Gonzalo) y dos (José Pedro y Gonzalo) llegaron a ser rectores de la Universidad de la República.

Uno de ellos, Gonzalo Ramírez Álvarez y Obes se casó con Irene Chain Pacheco (Hija de Benito Xavier Chain Troitiño y Narcisa Pacheco y Obes) y tuvieron tres hijos: Juan Andrés (1875-1963), José Pedro y Gonzalo Ramírez Chain.

Juan Andrés Ramírez Chain (1875-1963), prestigioso abogado, periodista, poítico, y co-fundador del Nacionalismo Independiente, se casó con María Adelaida García Morales y tuvieron cuatro hijos: María Luisa, Irene, José Antonio y María Adelaida Ramírez Garcia.

La segunda hija, Irene Ramírez García Morales (1911-1997) fue pianista, periodista y política, legisladora y la primera mujer en presidir el consejo directivo del SODRE al suceder en el cargo a Juan Pivel Devoto en 1963. Se casó con Tomás Aguirre Roselló (1897-1953), tuvo cuatro hijos: Guzmán, Gonzalo (1940), Fernando y Tomás, y enviudó joven.

Su segundo hijo, Gonzalo, le daría la alegría de ganar el gobierno y ser vicepresidente de la República entre 1990 y 1995.

Murió Gonzalo Aguirre y sus restos fueron llevados por dos presidentes de sangre de Herrera. Esas figuras políticas supieron dar la lección de la unidad que debe tener un partido para ganar, de la paciencia y tolerancia a ideas que no sean idénticas a las propias, y del criterio de amplitud de fronteras que debe tener un partido para llegar al gobierno.

Fue una gran fotografía, en la triste despedida, pero fue más que una foto.

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