6 de noviembre 2014 - 21:06hs

El día después de la reelección de Dilma Rousseff, los mercados financieros expresaron sin tapujos su profundo malestar con la decisión del soberano. Desde el comienzo de la campaña, los inversores siguieron de cerca la evolución de los vaivenes de la opinión pública.

Todo dato favorable a la permanencia de la mandataria en el gobierno traía aparejado un bajón en los mercados financieros: una devaluación de la moneda brasileña y una caída en el precio de los activos financieros del país.

Mientras que en Brasil los mercados tenían un claro favorito, en Uruguay el precio del dólar y de los activos financieros se mantienen al margen de la contienda electoral.

Más noticias

Tanto los inversores de cartera como los dueños del capital en la economía real, sean empresarios uruguayos o del exterior, separan sus preferencias personales e ideológicas de las expectativas sobre sus negocios en el país.

El resultado de las elecciones no entra en las ecuaciones de rentabilidad futura, no aparece como un riesgo adicional que cargar sobre los planes de negocios.

Tanto Tabaré Vázquez como Luis Lacalle Pou son vistos como defensores de las reglas de juego, del marco institucional claro y previsible que despeja incertidumbre y da tranquilidad al inversor para apostar por un negocio de largo aliento.

En ese sentido, los inversores distinguen el perfil de Vázquez del de Mujica, que en más de una oportunidad dio cabida en su administración a los planteos de un grupo dentro del Frente Amplio que en su reclamo por un “giro a la izquierda”, desestima el énfasis institucionalista de cuidado y respeto a las reglas de juego.

Quizás los inversores se hubieran sentido más cómodos con una Cámara Baja sin mayorías, o con un menor peso de los grupos más a la izquierda dentro del Frente Amplio, pero la figura de Vázquez a la cabeza del gobierno y la de Danilo Astori en el Ministerio de Economía atenúan esos temores.

Otra garantía que tienen los inversores, principalmente aquellos que colocan sus capitales en proyectos de largo aliento, es la convergencia programática en torno a los grandes desafíos de la economía uruguaya de cara al futuro.

Una razón por la cual hoy no distinguen entre unos y otros en la contienda electoral es que los partidos coinciden en que la educación, la infraestructura y la inserción internacional son las áreas prioritarias de acción para evitar un cuello de botella en el crecimiento económico.

Si bien los caminos trazados por el partido oficialista y los opositores pueden diferir en algunos aspectos, en las grandes líneas de acción muestran grandes coincidencias.

Esta convergencia es un activo de inmenso valor para el país. Es también una oportunidad para las políticas de Estado, pero ese parece ser un paso adicional de madurez que el sistema político todavía no está dispuesto a dar.

Temas:

Decisión 2014

Seguí leyendo

EO Clips

Te Puede Interesar

Más noticias de Argentina

Más noticias de España

Más noticias de Estados Unidos