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Los libros que no se pierden

La Colección de Clásicos Uruguayos, una rara muestra de persistencia y vitalidad

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04 de octubre de 2017 a las 05:00

Algunas notables crónicas de Carlos María Gutiérrez ("Gut") han resucitado en el volumen En la Sierra Maestra y otros reportajes, el último opus de la Colección de Clásicos Uruguayos, con prólogo de Fernando Butazzoni. Esa recopilación de notas periodísticas, que vio la luz hace medio siglo, en 1967, incluye entre muchas otras una entrevista con Fidel Castro y Ernesto "Che" Guevara antes del triunfo de la revolución cubana; un excelente perfil de Eduardo Víctor Haedo, con quien "Gut" convivió varios días para hacerlo; y un cortés obituario de Ernest Hemingway mediante la descripción de su casa, su bote y sus compañeros de pesca y alcohol en La Habana. Otras notas son tal vez menos interesantes o semejan hojas muertas. Trasuntan cierta arrogancia y vanidad ideológica que no toleran el implacable paso de la historia.

La resurrección editorial de Carlos María Gutiérrez (1926-1992), un periodista que escribió en casi todos los diarios y revistas uruguayas de mediados del siglo pasado, no es casual, como tampoco lo es la edición de otros textos que parecían destinados a desaparecer, como Escritos, de Gervasio Guillot Muñoz, la prosa de Julio Herrera y Reissig o la poesía de Esther de Cáceres.

La burocracia, que es capaz de envilecer las causas más nobles, a veces debe rendirse ante raros ejemplos de persistencia y vitalidad. Es el caso de la Biblioteca Artigas, que lleva ya casi siete décadas editando libros extraordinarios. Su encuadernación económica, con tapas en cartulina verde y letras negras y naranjas, sencilla y elegante, representa el rescate y atesoramiento oficial de ciertos grandes autores y textos en riesgo de caer en el olvido.

Pivel Devoto y Wilfredo Penco

Ahora la Biblioteca Artigas marcha a impulsos del crítico y abogado Wilfredo Penco, quien tomó en marzo de 2006 el cargo de director honorario de la Colección de Clásicos Uruguayos, vacante desde la muerte del historiador Juan Pivel Devoto.

Pivel tenía su casa de la calle Ellauri recubierta de libros: en el baño, en las ventanas cerradas para siempre, bajo la cama matrimonial. Penco, quien es más conocido como vicepresidente de la Corte Electoral, conduce su apartamento de la calle Colonia por el mismo camino.

La Biblioteca Artigas fue creada por la ley Nº 11.473 de agosto de 1950, que promovió la rendición de honores al héroe nacional cuando se cumplían 100 años de su muerte.

Uno de los impulsores fue el narrador y dramaturgo Justino Zavala Muniz, quien entonces era senador del Partido Colorado y presidente del Sodre y luego sería ministro de Instrucción Pública. Él ya había sido el promotor decisivo de la Comedia Nacional, un elenco de teatro oficial que se inició en 1947.

En la década de 1950 se editaron 25 volúmenes de la Biblioteca Artigas, de autores como Francisco Bauzá, Juan Zorrilla de San Martín, Carlos Reyles, Eduardo Acevedo Díaz, Carlos Vaz Ferreira, Javier de Viana o José Enrique Rodó. Pero su gran impulsor resultó ser Pivel Devoto, cuando fue ministro de Instrucción Pública entre 1963 y 1967, durante el segundo gobierno del Partido Nacional en el siglo XX. En ese período se publicaron 102 títulos: novela, cuento, poesía, ensayo o teatro, pero también historia, geografía, filosofía o sociología.

Pivel tenía criterio propio, por supuesto, pero también se asesoró con autores y críticos como José Pedro Barrán, Benjamín Nahum y Ángel Rama, entre otros. (En su exilio venezolano, Ángel Rama tomó la idea y en 1974 creó la Biblioteca Ayacucho, que, con un generoso financiamiento, procuró rescatar la mejor producción intelectual de América Latina).

Entre 1967 y 1985, después del ciclo de Pivel Devoto como ministro, incluido el período dictatorial, se editaron otras 43 obras. Tras la apertura democrática de 1985, cuando Pivel volvió a dirigir la Biblioteca Artigas, sólo se editaron ocho títulos debido a restricciones presupuestales.

Pivel murió el 11 de febrero de 1997 y la colección languideció.

Wilfredo Penco (Montevideo, 1954) se inició como crítico e investigador en la década de 1970 en los archivos literarios de la Biblioteca Nacional dirigidos por el ensayista Arturo Sergio Visca. Es miembro de número de la Academia Nacional de Letras del Uruguay, que presidió entre 2006 y 2008 y 2009 y 2011. Tuvo un largo trato personal con el general Líber Seregni, líder del Frente Amplio, e integró la Mesa Política y la Comisión de Programa de la coalición. Fue director general de Cultura y luego prosecretario y secretario general de la Intendencia de Montevideo durante la gestión de Tabaré Vázquez (1990-1995). En 1996 se integró a la Corte Electoral como ministro y desde 2010 es su vicepresidente.

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Juan Pivel Devoto, Líber Seregni y Gonzalo Aguirre en 1984
Juan Pivel Devoto, Líber Seregni y Gonzalo Aguirre en 1984

El ciclo de publicaciones de la Colección de Clásicos Uruguayos bajo la dirección de Penco, que lleva 27 títulos, se inició en diciembre de 2008 con Espiritualismo y positivismo en el Uruguay, de Arturo Ardao, con prólogo de Jorge Liberati; Aviso a la población, de Clara Silva, con prólogo de Carolina Blixen; y Los fuegos de San Telmo, de José Pedro Díaz, con prólogo de Jean-Philippe Barnabé. En los años siguientes se editaron textos como El impulso y su freno, de Carlos Real de Azúa, con prólogo de José Pedro Rilla; Tierra en la boca, de Carlos Martínez Moreno, con prólogo de Rosario Peyrou; Un cuento con un pozo y otros escritos, de Mario Arregui, con prólogo de Óscar Brando; o La vida breve, de Juan Carlos Onetti, con prólogo de Hortensia Campanela.

Pero la edición más sorprendente se produjo a fines de 2015: el primer volumen ("fuera de serie") del Diario de Historia Natural que llevó Dámaso Antonio Larrañaga, con un muy buen prólogo de Ariadna Islas, ex directora del Museo Histórico Nacional. Durante décadas, a principios del siglo XIX, este extraordinario cura patricio anotó escrupulosamente cuanto vio en la Banda Oriental de animales, vegetales, fósiles o cartografía, además de observaciones meteorológicas, de salud pública y casi cualquier cosa. Sólo la etapa 1808-1814, que será seguida por otro volumen a fin de este año, implica un libraco de 750 páginas.

En esta colección "fuera de serie" se editarán también Cajón de sastre, del sacerdote y naturalista José Manuel Pérez Castellano (1743-1815), y La música en el Uruguay, del ensayista y musicólogo Lauro Ayestarán (1913-1966).

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Algunas de las ediciones más recientes de la Colección de Clásicos Uruguayos
Algunas de las ediciones más recientes de la Colección de Clásicos Uruguayos

El arte de prologar

Es preciso lidiar con los herederos de los derechos y con las imprentas. Los prólogos son remunerados y se encargan a algún especialista, por lo que a veces cobran vida propia. Un ejemplo clásico de ello son los extraordinarios prólogos críticos de Carlos Real de Azúa a las obras de José Enrique Rodó, u otros de Roberto Ibáñez, Emir Rodríguez Monegal o el propio Pivel Devoto.

Penco rescató aspectos menos conocidos de escritores notables, como la prosa del dramaturgo Florencio Sánchez o del poeta Julio Herrera y Reissig; actualizó la lista de autores e incorporó a figuras como Juan Carlos Onetti, Mario Arregui o Felisberto Hernández; y abrió la colección a otras expresiones, como el periodismo, que antes no era tenido en cuenta, o a la polémica política del siglo XX, con la publicación de Febrero amargo, de Amílcar Vasconcellos, con prólogo de Gerardo Caetano.

Los títulos de la Biblioteca Artigas se envían a todos los liceos y bibliotecas públicas del país, están a la venta en el Archivo General de la Nación (Convención 1474, Centro de Montevideo) y se distribuyen en pequeña escala en librerías comerciales.

Los tirajes son reducidos, pero –como recordó el crítico Pablo Rocca en La Diaria del 15 de setiembre– "un sitio oficial en internet (bibliotecadelbicentenario.gub.uy) reproduce la colección, hasta lo publicado en el último ciclo, autorizando su descarga gratuita junto a muchos otros textos publicados por el Estado otrora y, algo inorgánicamente, en los tiempos cercanos por otras instituciones".

La Colección ya alcanza 201 volúmenes desde su debut en 1953. Y no hay presagios de muerte. El siguiente título será El Uruguay como problema, del historiador y filósofo católico Alberto Methol Ferré, prologado por Gerardo Caetano.

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