15 de enero 2023 - 5:04hs

El precio de los alimentos a nivel mundial fue en 2022 el más alto de la historia. Prolongó así una tendencia propia de este siglo e inversa a la del siglo XX.

Mientras en el siglo pasado la desvalorización del precio de los alimentos a partir de la posguerra parecía una tendencia estructural, en lo que va del siglo XXI, la trayectoria inversa parece ser la tendencia predominante.

En el siglo XX los economistas exhortaban mayoritariamente a salirse de las materias primas a los países que aspiraran al desarrollo y la CEPAL teorizaba que los términos de intercambio serían cada vez más desfavorables: se precisarían cada vez más toneladas para comprar el mismo tractor.

Hasta que irrumpió China, la enfermedad de la vaca loca obligó a rediseñar las cadenas alimentarias, la presión de la emergente clase media urbana mundial hizo sentir sus patrones de consumo y el clima empezó a golpear con cada vez más frecuencia a la oferta. Un conjunto de factores que ha llevado a una suba muy fuerte de los precios de alimentos que tuvo su cúspide el año pasado.

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De acuerdo a las cifras de la Organización de las Naciones Unidas para la Alimentación (FAO), el precio de los alimentos estuvo en 2022 14% por encima de los precios de 2021. Y los precios de 2021 ya habían estado 28% por encima de los de 2020.

La FAO recopila precios de zonas referentes del mundo para los principales alimentos: cereales, oleaginosos, carnes, lácteos y azúcar y elabora un índice que promedia los precios. Tomando como 100 el precio promedio de 2014 a 2016, los precios de 2022 se situaron en promedio en 143,7, es decir 43,7% por encima.

El precio de los alimentos suma así su tercer récord histórico en este siglo, primero en 2008, luego en 2011 y ahora en 2022. Lo contrario a lo que pasaba en el siglo XX cuando los precios languidecían.

A veces se adjudica esta suba a una gradual depreciación internacional del dólar, pero no es el caso de 2022 cuando el dólar se valorizó respecto a la gran mayoría de las monedas del mundo, a excepción de la uruguaya. De modo que en los precios que FAO contabiliza en términos reales el récord es aún más notable.  Porque la suba de 2022 es igualmente grande respecto a 2021 y ese año ya era récord de precios en términos reales. O sea que los alimentos en este siglo suben realmente con cualquier métrica.

Ahora bien, no todos los sectores han subido en la misma proporción y no todo son rosas para los productores de alimentos. Respecto a este último aspecto, los precios han bajado sin parar a lo largo de los últimos ochos meses, tras alcanzar su máxima marca en abril, cuando la guerra entre Rusia y Ucrania paralizaba las exportaciones de ambos países. Pero finalmente en lo único que pudieron ponerse de acuerdo fue en no cerrar las ventas al mundo de granos y fertilizantes, evitando así que el caos fuera mayor. De modo que los precios van ahora en baja y particularmente para el trigo, con un mercado que está siendo inundado por el grano ruso.

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Eso lleva a otro aspecto peculiar del 2022, una volatilidad muy intensa, porque aunque el promedio sea el más alto de la historia, el precio de la mayoría de los productos suma varios meses en baja y probablemente prolongue los descensos en el primer semestre de 2023.

Van ocho meses consecutivos de baja en el índice general y por lo tanto la incertidumbre va en ascenso.  Además como promedios que son, tienen en su interior realidades muy disímiles. Aunque el precio de los cereales subió en promedio, las cotizaciones del trigo van bajando mientras que las del arroz van subiendo.

Del mismo modo el índice de los precios de la carne no ha subido mucho, ero eso obedece a que es un gran promedio donde entra la carne vacuna, ovina, de cerdo y pollo y esta última suele ser un ancla para un promedio general.

El precio más destacado de todos en 2022 fue el de las oleaginosas. El primer semestre de 2022, a continuación de sendas sequías en el resto del Mercosur y en Canadá llevó los precios de los aceites a niveles nunca antes vistos. A la escasez de la oferta se sumaron restricciones en las exportaciones de países del sureste asiático, que optaron por asegurar el abastecimiento interno a un precio accesible. El creciente de uso de aceites como biocombustibles es otro factor que pesa y que suma a que en Uruguay haya crecido tan fuete la soja y la colza.

Igual trayectoria siguieron en 2022 los fertilizantes, con una disparada formidable en el primer semestre que se diluyó en el segundo semestre al acordar Rusia y Ucrania mantener una exportación fluida a pesar de la guerra.

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Entre el freno de la economía y el clima golpeando

Mientras la estadística marcó un 2022 que confirma la trayectoria alcista de las materias primas que ha predominado en las primeras dos décadas del siglo XXI, la trayectoria de los últimos seis meses des de ajuste a la baja de los precios. La llamada food inflation, o inflación de los alimentos, junto a la disparada de los precios de la energía amenazaron con desestabilizar a Estados Unidos, la Unión Europea y tanto más a los países menos desarrollados e importadores de alimentos básicos como el trigo.

La violenta suba de tasas y la crisis de la economía de China enfriaron a los precios. Pero gradualmente el impacto del clima es más fuerte. De modo que toda proyección hacia adelante debe considerar que la oferta se vuelve más variable. Algo que Uruguay padece en este momento y Argentina desde fines del año pasado.

El otro factor que se espera que incida en el mercado es la apertura de China y sus masivos contagios que a modo de vacunación deben ir normalizando el consumo probablemente ya a partir de febrero.

El año 2022 vuelve a confirmar que la lógica de las materias primas dependientes del clima ha variado y que apostar a producir alimentos es un lineamiento estratégico clave de este siglo. Las ganancias son interesantes porque el riesgo es cada vez mayor. En este mismo momento están a punto de perderse en Uruguay miles de hectáreas cultivadas con maíz, soja, hortalizas y frutas, muere el ganado en el norte y sufre en todo el país.

Eso será más inflación en los productos hortifrutícolas en 2023 y menos crecimiento por menor producción agrícola y ganadera. Pero tendencialmente el cambio climático para Uruguay significa más lluvias. La Niña se irá, las lluvias volverán y el precio de los alimentos seguirá alto por razones que Thomas Malthus explicó hace más de dos siglos. El planeta es pequeño, producir más invadiendo áreas silvestres es imposible y las condiciones ambientales para producir serán cada vez más arduas. Los datos de FAO permiten ver un largo plazo mundial que es irrebatible. Y que a Uruguay pasadas las enormes dificultades actuales le significan una oportunidad enorme.

Temas:

Member Blasina y Asociados FAO

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