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Los pros y contras que los argentinos evalúan a la hora de invertir en Uruguay

En plena pandemia los beneficios fiscales son valorados más que siempre, pero pesan temores a posibles dobles tributaciones y trámites engorrosos para irse de Argentina, además del cierre de fronteras

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26 de octubre de 2020 a las 09:16

Las decisiones del gobierno de Lacalle Pou para atraer inversiones en Uruguay despiertan el interés de los argentinos sofocados por las regulaciones en contra de sus capitales en su país y por una crisis económica que ya venía en la vecina orilla antes de la pandemia del covid-19 y ahora se agravó. 

El paquete integral de exoneración o reducción tributaria en Uruguay es tentadora para los argentinos, más aún en un contexto en el que el gobierno de Alberto Fernández sube los impuestos y complica las inversiones.

Sin embargo, “cruzar el charco” no es tan fácil, no solo por las restricciones de fronteras (aunque los inversores argentinos podrían venir como excepción de las medidas de cierre de fronteras, según las disposiciones), sino principalmente porque existen ciertas “zonas grises” en la letra chica de las normativas de ambos países y ciertos vacíos legales, que los hacen pensar dos veces.

Así lo planteó el economista argentino Carlos Melconian en la conferencia digital “Argentina: Economía, pandemia e inversión. ¿Y ahora? ¿Hacia dónde ir?”, organizada por la Cámara Inmobiliaria de Uruguay (CIU) y moderada por su presidente, Wider Ananikian.

Melconian trabajó como consultor privado del Banco Mundial, cuenta con un fuerte perfil académico en áreas macroeconómicas y tiene una consultora de análisis económico en Buenos Aires.

Atractivos para invertir acá

Hay leyes de larga data que resultan interesantes para los argentinos, como la ley 16.906 del año 1998 que se enmarca en un régimen de promoción de inversiones, a través de la cual se otorgan beneficios impositivos para la compra de bienes de capital y tecnología, como la eximición del impuesto al patrimonio, del impuesto a la importación o la amortización acelerada de estos bienes y devolución de IVA para las exportaciones de estas inversiones.

Otro punto que les resulta atractivo es el régimen de zonas francas, bajo el cual se establecen incentivos a las inversiones que allí se realicen bajo determinadas condiciones, eximiéndose a las actividades de todos los tributos nacionales (impuesto al control de las sociedades anónimas, impuesto específico interno, impuesto al patrimonio, impuesto a la renta y al valor agregado). Salvo excepciones que puede hacer el gobierno, los bienes o servicios que se produzcan en estas zonas francas -que son once en Uruguay-, son para exportar. 

Un tercer factor de atracción son los acuerdos bilaterales de protección de inversiones (como el que se hizo con Finlandia para la instalación de UPM). “Esos acuerdos, de alguna manera, blindan a las inversiones de cualquier cambio que pudiera ocurrir en el sistema tributario, es decir, les da estabilidad tributaria”, dijo Melconian.

A esto se le suman los regímenes de beneficios impositivos para individuos, que complementan los de promoción de inversiones. “Juntos conforman un marco potente para atraer a la inversión extranjera directa”, afirmó.

El economista hizo referencia la flexibilización de la residencia fiscal por inversiones, al tax holiday (vacaciones impositivas) de diez años y al régimen de promoción de inversiones para empresas que instalen en Uruguay.

“Que uno pueda invertir US$ 100.000, cree empleo y pueda descontar el impuesto a la renta por US$ 50.000 en los próximos años resulta muy interesante”, ejemplificó.

A su entender, Uruguay probablemente va a ganar participación en los nuevos flujos de inversión extranjera, en especial en los sectores inmobiliario, de servicios e infraestructura, tanto por su promoción como por el rumbo institucional de su gobierno.

En Argentina se percibe que los incentivos del gobierno de Lacalle Pou están dirigidos predominantemente a inversores extranjeros de alto poder adquisitivo, que buscan reducir la presión fiscal que sufren en su país de origen. También se apunta a algunos emprendedores del exterior que buscan un país con estabilidad macroeconómica y respeto a las reglas de juego y la propiedad, como Uruguay.

Por supuesto, existe otro factor innegable que es la cercanía geográfica entre Argentina y Uruguay, lo que favorece mirar a este país a la hora de invertir, en comparación con Europa o Estados Unidos. Algo similar ocurre con los inversionistas brasileños.

“La propuesta uruguaya es agresiva y casi obliga a hacer algo del otro lado”, resumió Melconian, refiriéndose a Argentina.

Medidas que entorpecen

Como no es oro todo lo que reluce, Melconian detalló las trabas para el flujo de inversiones, empezando por dudas en relación a posibles dobles tributaciones que los inversionistas quieren esclarecer antes de emprender cualquier iniciativa.

En el caso argentino, existe un convenio para evitar la doble tributación y habría que analizar mejor el alcance, señaló. También habría que aclarar el concepto de “paraíso fiscal”, definido como aquel cuya tasa de impuesto a la renta es inferior al 60% de la tasa argentina. En tal sentido, la pregunta que surge es cuál es la tasa real uruguaya con los beneficios que plantea su reglamentación. “Los beneficios otorgados podrían poner a los inversores argentinos en una zona gris en esta materia”, analizó el economista.

Otra posibilidad -o temor- que se plantean los inversores argentinos es que los gobiernos decidan implementar algún impuesto para quienes decidan abandonar el país, como una manera de conseguir fondos. Esto podría ser un desestímulo, aunque ese desembolso se haría por única vez.

En contra de la venida de inversiones a Uruguay también pesa la burocracia de ambos países, En Argentina exigen requisitos y trámites engorrosos o lentos para irse del país en muchos casos. 

Panorama negro argentino

El principal trampolín para que los inversores argentinos consideren los beneficios fiscales de Uruguay es la situación económica fuertemente golpeada en su país y la dificultad de salir de la crisis a corto o mediano plazo.

Actualmente la economía argentina está en recesión, con crisis cambiaria, estampida inflacionaria, desplome de la inversión y default técnico.

Durante esta pandemia, se destruyeron cuatro veces más puestos de trabajo que en otras crisis, como la de 1988-89 y la de 2002.

En este caso, la salida será muy distinta a otras recuperaciones, dado que, al decir de Melconian, Argentina no dispone de un “padrino financiero de fuste” que inyecte masivamente liquidez. Argentina requiere inversión a gritos, y el riesgo país será muy difícil de domar.

“Ahora viene la negociación con el FMI, pero tampoco será un trampolín de despegue, sino un acuerdo por resignación (...) El hisopado de las reservas no logró revertir la situación”, concluyó.

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