27 de agosto de 2019 5:00 hs

Por Joaquín Pisa - Especial para Cromo

Los cibercafés fueron una moda equivalente a la de los videoclubes y a las canchas de pádel en los años de 1990. La mejor conectividad a internet, sumada a la irrupción de los smartphones, destruyó este negocio para siempre. De todas formas, algunos locales en Montevideo sobreviven e incorporan fórmulas para hacerlo lucrativo. 

Llegaron a principios de los 2000 con la explosión de internet. El precio de usarla en casa era alto, por lo que estos negocios se transformaron en la primera opción para los nuevos usuarios.

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Había decenas. Basta con buscar en las gigantes y pesadas páginas amarillas de principios del milenio. No es una, sino varias páginas de cíbers. Todo el mundo los necesitaba: para mandar un mail de trabajo, chatear con amigos o saciar las ganas de entretenerse con el inolvidable Counter Strike, mientras disfrutaba del café que el negocio también brindaba.

Ahora, que ya quedan unos pocos, los cíbers han tenido que salir de su zona de confort y comenzar a cubrir otras necesidades para atraer a más clientes. Y para sobrevivir.

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Leonardo Carreño

Cuando empezaron a apagar la luz

Tener en tu casa lo que te brindaba un cíber requería una inversión gigante a principios del milenio. Comprar una computadora, accesorios, impresora y un buen plan de internet en la época de la crisis del 2002 era un lujo para unos pocos. Por esto, había cíbers en todos los puntos del país, y brindaban un servicio que era prácticamente inalcanzable para la población común. ​

Cuando los costos de la tecnología disminuyeron, y los planes de internet se tornaron más accesibles, la vida de estos negocios empezó a tener fecha de caducidad.

Para María, la dueña de El Navegante Cyber Café –situado en San José y Héctor Gutiérrez Ruiz– empezó a desmoronarse en 2006. “Antes vos veías un cíber por cuadra y cerraron varios. Cerca de nosotros había muchos, y solo quedamos unos pocos en todo el Centro”, recordó.

Lucía, la dueña de Mediterráneo, ubicado en Ciudad de la Costa, piensa que la agonía de estos negocios se dio en 2011, cuando cada vez encontraba menos lugares para pasar sus fotografías a un cedé. “Tenía que ir hasta el Centro de Montevideo para pasar las fotos. Ahí me di cuenta de que algo había pasado”, recordó.

Ese año llegó la fibra óptica, que terminó siendo el golpe de gracia para la mayoría de los negocios que quedaban. Fue una especie de “finish him”, el anuncio que aparecía en el popular videojuego Mortal Kombat, cuando podía ejecutar a su oponente ya herido.

Marcelo, de Mildred, otro de los que quedan en el Centro –en Libertador y Cerro Largo– cree que la defunción de estos negocios se produjo hace poco. “Es un poco de todo”, afirma resignado. Entre los motivos, asegura que los “juegos pesados” también fueron un factor que influyó.

Camilo dos Santos

Imágenes del pasado

El Navegante Cyber Café es un registro vivo de la mejor época. Sus computadoras son gigantes, el Counter Strike sigue instalado, el espacio es acotado. A un costado de la ventana, que se extiende por todo lo ancho y largo del frente del local, se promociona que pasan fotografías a cedé: una reliquia de la era previa a la masividad de los smartphones con cámara.

María (49) comanda este local desde 2002. Su cíber siempre estuvo más enfocado en el público adulto que acudía para trámites del día a día. “El local es chico, y teníamos que elegir entre juegos para gente más joven o dar estos servicios para quienes lo necesiten, y desde siempre elegimos los servicios”, dijo.

Pero si de reconversión hablamos, Cyber Café Mildred es un ejemplo claro. Marcelo (42) es dueño del local, Ya no define a su negocio como simplemente un cíber, sino que lo considera un multiservicios. “Te hacemos desde la foto carné hasta el currículum vitae. También te revelamos las fotos desde el celular, como hacía Fotomartín antes”, enfatiza.

En cuanto a su clientela, Marcelo no se concentra a un solo grupo o franja etaria. “Claramente la mayoría son gente mayor de 30, pero también ayudamos a gente más joven que no sabe usar algún programa por ejemplo. La gurisada casi ya ni viene”, afirma, y aclara que con gurisada se refiere a menores de 18.

Como secretario

Al ingresar en El Navegante hay varios inmigrantes. Un empleado del cíber anota números, da consejos, guía a los nuevos habitantes del país para realizar de la manera más adecuada todos los trámites necesarios para asentarse aquí. Es que los consulados los envían a estos sitios a hacer algunos trámites.

Para sobrevivir se vieron obligados a sumar este tipo de utilidades. Los responsables de El Navegante definen a su negocio como “un secretario”. Allí reciben a migrantes, en su mayoría venezolanos y dominicanos. “A ellos les cuesta muchísimo hacer esas cosas, y nosotros tenemos que estar activos para ayudar. Ya no existe el alquilar una computadora y nada más”, agregó.

Mildred también es un secretario. Pero en su caso se presenta como taller de reparación de computadoras y consolas. “Hacemos todo eso para mantenernos a flote, si no, estaríamos en el grupo de los que desaparecieron”, dice Marcelo, con tono melancólico, recordando tal vez a esos compañeros que perdieron sus negocios. Sus trabajos.

Leonardo Carreño

El monopolio de Ciudad de la Costa 

Cyber Mediterráneo llegó en 2009, cuando internet estaba terminando de consolidarse en los hogares. El local se encuentra en el corazón de Solymar, en la esquina de Giannattasio y la avenida principal.

Su dueña –Lucía Martínez, una fotógrafa de 27 años– considera que el negocio sobrevive gracias al juzgado de turno que tiene enfrente, del cual se describe como una “extensión” de su funcionamiento. Muchos entran poco. “A veces hay quienes están una hora y solo gastan $ 100”, afirma. 

Su público no difiere mucho del de El Navegante o Mildred, con la salvedad de los recurrentes abogados y escribanos. Asegura que gente joven con ganas de trabajar deja su currículum para ofrecerse como empleada. Pero hay muchos que no saben usar Word. “Hay gente de todas las edades que no tiene celular, computadora, que viene y no sabe usar estas cosas”, dice.

El cíber tiene el monopolio de los cíbers en Ciudad de la Costa, lo que Lucía admite que es una gran ventaja. Ha recibido gente de Marindia, que tiene que viajar 45 minutos solo para imprimir un documento.

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