24 de junio 2014 - 19:03hs

"Carga el último rollo de alambre en la caja de la vieja camioneta y resopla. Siente agarrotados los músculos de los brazos y los hombros. Pero le preocupa más el fantasma de dolor que siente en el pecho desde hace dos días”. Así se presenta el protagonista de El combatiente, el último trabajo de Renzo Rossello, una novela policial cuyos editores califican de western noir, algo así como una novela de vaqueros con una atmósfera sombría.

La estructura, sin embargo, es la clásica situación “chica busca ayuda de un detective veterano y juntos viven apasionantes aventuras”, aunque un poco más complicada, porque el detective no es detective sino un exguerrillero, retirado hace décadas y cerca de cumplir los 70 años.

El texto reúne las características propias de las ficciones de Rossello: hay acción a un ritmo muy ágil y la novela se ve como si fuera una película. Los personajes son muy propios de esta banda, y los protagonistas son cancheros, buenos tipos y con un pasado de justicieros que tiene cierta ambigüedad, visto a la distancia en el tiempo.

El retorno

Rossello había dejado la novela policial que había definido su carrera para embarcarse en una aventura muy particular con su libro Las furias, una ficción futurista oscura y extraña, en un libro de relatos relacionado por tener un mundo en común.

Ahora, el autor vuelve a los laberintos de la trama policial bien construida, con personajes muy bien definidos y muy propios de la fauna local.

La tribu que rodea al combatiente es la de viejos soldados revolucionarios, cuya cruzada libertadora fracasó y, en lugar de reconvertirse a la política, decidieron dedicarse a sus cosas. El protagonista, Juan Galvano, es un chacarero que vive aislado, sin televisión ni internet. Sus compañeros de aventuras incluyen a otro hombre de campo y un médico de la capital, más una enfermera que cumple la función de damisela en apuros.

El pasado de juventud y esperanza de justicia vuelve comentado por el presente de vejez y cierta resignación, interrumpida por este caso que devuelve a los veteranos a la acción. Los guerrilleros han desarrollado cierto cinismo y sobrevuela la idea de que piensan que todo aquello era una insensatez.

Sin embargo, el presente les traerá a un viejo enemigo, el coronel Moyano, que una vez más defiende los intereses de los villanos, por lo cual el caso de la niña asesinada vuelve a enfrentar a jubilados de ambos bandos.

Rossello se divierte delineando las situaciones, esculpiendo los diálogos, dándoles vida a esos personajes que representan un capítulo tan importante de la historia uruguaya reciente, y haciéndolos moverse en el ambiente de la novela negra, como si por un azar incomprensible del destino hubieran caído en el universo de Raymond Chandler.

Y esa diversión se contagia al lector. La trama se sigue con atención, por el suspenso del argumento y por la expectativa de las vueltas de tuerca que pueden aparecer entre esos personajes entrañables, incluida la decadencia del francés Lavain.
Rossello había pisado con fuerza en el terreno de la ficción futurista, con una mirada poética y melancólica, pero es refrescante esta vuelta al origen, como si reviviera una vieja célula subversiva.

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