Por Gabriela Castro Fontoura, Twitter.com/@uklatinamerica, especial para El Observador
Gran parte de los titulares de este suplemento de las últimas semanas serían la envidia de muchos. Y no me refiero solo a quienes nos miran desde Argentina, sino también desde varios rincones, desde España a Nueva Zelanda.
Récords en faena, en producción, en ventas, aperturas de mercados, diversificación, innovación y tanto más. Nuestro sector agro, con sus matices, vive un momento único y bien lo sabemos.
Pero Uruguay “es único”. No es solo el momento, es el lugar. El sector lo sabe y a los que trabajamos con él no nos deja de maravillar. Pero, y disculpen si con este tema me apasiono, ¡cómo cuesta comunicar!
Vayamos de a poco. Primero: nuestro mercado es el mundo. Partamos de la base de que queremos vender todo lo que podamos a todos los que podamos (esto parece obvio, pero en ciertos paradigmas no lo es tanto). En el mundo el idioma no es el español, y menos “el uruguayo”.
¿Por qué, entonces, insistimos en comunicar nuestros logros solamente para nuestra tribuna, en nuestro idioma? Tantas veces en redes me encantaría divulgar extraordinarias noticias del sector y hacerlo para que sepan en Chicago, Londres o Shangai, y es imposible porque el contenido está solo en inglés y solo publicado acá. Es como hacer las mejores tortas fritas en Aiguá y salir a contarlo en Guichón. ¿Me explico?
Sigamos. Me parece alucinante el contenido audiovisual. Pero (insisto, si el mundo es nuestro cliente) no se puede pensar que alcanza con hablarnos entre nosotros, hacer algo que está bien para mí y para mis amigos, y que el mundo se ocupe de entendernos. No funciona así. He visto tantos videos institucionales y corporativos, tantos lanzamientos mal comunicados en inglés (no quiero ni saber en otros idiomas que no domino) que me pregunto si realmente queremos hacer negocios con el resto de la aldea o molestarlos, no más. Videos que no solamente francamente no se entienden, sino que son totalmente contraproducentes.
Proyectan una imagen de un país –y de unas empresas– que van “a ponchazo limpio”, desatentos, desinteresados, poco profesionales. Les confieso, sinceramente, me dan vergüenza. Y sé que a muchos de ustedes también, porque lo hemos conversado “fuera de cámara”.
No me digan que es solo cuestión de plata. ¿Saben por dónde se empieza? Por querer hacer las cosas bien. Por entender el valor de comunicar bien. Por menos arrogancia y menos ostracismo. Por hacer las preguntas correctas. Y, atención, por rodearnos de los mejores siempre. Y –¡atento sector agro!– mejor si no se parecen tanto a nosotros.
Tenemos grandes comunicadores en este país y un gran sector agro. Podríamos ser realmente inmensos en esto. Pero los desafío más –así como nos vienen a buscar porque somos los mejores del mundo (en carne, arroz, miel, lana y tanto más)–, busquemos nosotros complementar eso con los mejores del mundo a la hora de comunicar. Piensen. Vayamos más allá. No todo cuesta fortunas. A veces solo cuesta voluntad.
Pero todo esto va, yo creo, también por tener un orgullo genuino y creérnosla.
Cuando entendamos que el mensaje es válido, poderoso y único, cuando nos lo creamos de verdad, vamos a poder comunicar otro Uruguay, de la forma que Uruguay se merece ser comunicado, nada más.
Y cierro: lo peor de todo, es no animarnos a criticar. Me resulta inaceptable que se comunique a mi país a veces tan mal y lo he dicho, pero muchas veces yo misma me guardo mi opinión. Porque somos tan amigos y tan buenos todos, tan de bajo perfil... entonces “mejor no armar lío”, o “dejala así”. Eso me molesta más que nada.
En la empresa (neozelandesa) donde trabajo, perdería mi puesto de la noche a la mañana con esa actitud.
No es cuestión de andar quejándose de todo (para eso está Twitter), sino de vivir en una cultura donde ser constructivos, desafiar y querer salir de la mediocridad sea no solo aceptado sino aplaudido.
Uruguay se merece mucho más. Nuestro sector agro se merece ser comunicado mucho mejor.
¿Estaremos a la altura de lograrlo? ¿Quién quiere, realmente, ir más allá?