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Macri en su momento más tenso con los socios de la coalición Cambiemos

Problemas en la economía, tarifazos y el accionar judicial ante los casos de corrupción dejaron expuestas las debilidades de la alianza gubernamental

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15 de octubre de 2018 a las 05:03

Se le hace difícil al gobierno de Mauricio Macri instalar un clima de normalidad en la Argentina. Cuando las cosas parecen encaminarse en el frente financiero, aparecen complicaciones a nivel político para mantener la cohesión de la coalición Cambiemos. 

Por un lado, hubo una notoria mejora en el mercado cambiario. El dólar, que fue protagonista indiscutido de la actualidad nacional desde que comenzó la corrida en abril, entró en un estadío de “plancha” a partir de la aplicación de la nueva política financiera. 

El Banco Central, que aplica una banda cambiaria deslizante –un instrumento que hace recordar al implementado en Uruguay durante los años ’90- logró que el tipo de cambio se anestesiara, al punto que, contrariando los primeros pronósticos escépticos, cada vez se ubica más cerca del “piso” de la banda.

En los últimos días perforó el piso de los $38, luego de haber llegado a tocar el récord de $42, y todo hace prever que la tendencia continuará. El cambio de humor del mercado llegó al punto que hoy ya nadie se mofa de las previsiones contenidas en el proyecto de ley de presupuesto 2019, que preveía que durante el año próximo el precio promedio del dólar sería de $40,10.

Claro que esa paz cambiaria tiene un alto costo: se logró con un fuerte apretón monetario, que llevó las tasas de interés encima del 70 por ciento y crea las condiciones para una dura recesión.
Los funcionarios del equipo económico quieren imponer la idea de que la economía se comportará como una “V”, es decir que tras una caída aguda, rápidamente se encontrará un piso a partir del cual la actividad rebotará con vigor. Y esa recuperación se sentiría justo en la campaña electoral del año próximo.

Pero quienes más han cuestionado ese pronóstico han sido economistas amigos del gobierno, como Carlos Melconian –uno de los que siempre están en la lista de “ministeriables”. Para este influyente exfuncionario, hay más chances de que la economía tome la forma de una “L”, es decir que tras una caída pronunciada de la actividad, luego sobrevenga un largo período de estancamiento.

Tarifazo y marcha atrás

De todas formas, ese no fue el único “fuego amigo” que recibió Macri. Ni siquiera fue el más grave. Porque sus socios de la coalición de gobierno, los parlamentarios y gobernadores de la Unión Cívica Radical, lo forzaron a dar una de las “marcha atrás” más vergonzosas, políticamente hablando.

El gobierno había decidido impulsar una medida polémica: aplicar un cobro retroactivo, en 12 cuotas, de un cargo extra en las tarifas de gas.

La población argentina, que ya siente la saturación de servicios públicos que se multiplicaron por 10 en los últimos dos años y medio, ahora se enfrentaba a un pedido muy difícil de justificar: que pagara un extra no por la eliminación de un subsidio, sino para compensar a las empresas gasíferas por la devaluación.

Como el cálculo tarifario había sido hecho sobre la base de un dólar de $20 y en pocos meses esa cotización se duplicó, ahora las empresas distribuidoras debían pagar una compensación a las productoras. Una ley vigente desde los años ’90, cuando regía el “uno a uno” entre el peso y el dólar, establecía que el pago por este insumo debía estar dolarizado.

Una medida antipática, pero que para el gobierno no tenía alternativa: la promesa de ir a un déficit fiscal cero obligaba a trasladar ese costo a los usuarios.

Las quejas de la oposición se daban por descontado. Tanto que los funcionarios ya tenían preparada la argumentación en el sentido de que había una campaña de desinformación orquestada por el kirchnerismo.

Pero con los que no contaba Macri era que sus propios socios le pondrían un freno. Los gobernadores de Jujuy, Gerardo Morales, y de Mendoza, Alfredo Cornejo, se sumaron al coro de los desconformes, y advertían sobre el costo social de semejante ajuste adicional. Y luego, los legisladores radicales les dijeron directamente a los ministros macristas que si no se presentaba una propuesta alternativa, estaban dispuestos a votar junto con el kirchnerismo para declarar ilegal la medida de Macri.

Ante esa presión, el gobierno retrocedió y dijo que los consumidores quedarían exonerados de pagar el odiado retroactivo por devaluación.

Fue un alivio para los usuarios, pero el daño político ya estaba hecho. El secretario de energía, Javier Iguacel, una de las figuras ascendentes del macrismo, quedó desacreditado y corrieron versiones sobre su renuncia.

Y el propio Macri quedó mal parado, ya que la “marcha atrás” sobre el precio del gas se produjo apenas horas después de esta frase del presidente: “Lo aumento porque es lo que vale. La energía se liga al precio internacional del petróleo. Todo es una cadena.”

Lo cierto es que, como ya había ocurrido en tantas ocasiones, el gobierno debió retroceder en una medida. Pero, a diferencia de otras situaciones en las que lo había hecho obligado por la justicia o por la presión de la oposición y los sindicatos, esta vez lo hizo ante el riesgo inminente de ruptura con los socios políticos.

Pedido de renuncia… y marcha atrás

Para colmo, la discusión sobre el gas se produjo en medio de una ruidosa discusión mediática entre el gobierno y la otra socia importante de Cambiemos, la diputada Elisa Carrió.
Durante varios días, tiró disparó munición gruesa en el frente judicial y confirmó que iniciará un juicio político al ministro de Justicia, Germán Garavano.

Carrió acusa al funcionario de fomentar el accionar de fiscales y jueces permisivos con la temática de la corrupción. Y se molestó por la opinión del ministro en el sentido de que no es bueno que un ex presidente cumpla una pena de prisión preventiva –una frase que parecía un guiño para Cristina Kirchner-.

Carrió tensó la cuerda más que nunca al decir en un acto público que Macri estaba obligado a elegir entre ella y los operadores macristas en el poder judicial. “Sabe que elige o cae”, fue la frase de Carrió que levantó polvareda en el ámbito político.

Cuando las amenazas de la diputada llegaron a su máximo nivel, Macri mandó su mensaje a través de una conferencia de prensa del ministro de educación, Alejandro Finocchiaro. El funcionario, luego de que Carrió dijera que recién se amigaría con el presidente cuando se destituyera al ministro de justicia, señaló: “El Presidente desde el minuto uno ha luchado contra la impunidad y la corrupción”. Y agregó que “nadie debe condicionar al Presidente de la República”.

El mensaje era claro: Macri se había cansado de su exuberante aliada y estaba dispuesto a una ruptura. Ante esa situación, para sorpresa de todo el ámbito político, Carrió escribió en su cuenta de Twitter que su frase había sido “un chiste” y que nunca había sido su intención condicionar al presidente ni forzarlo a echar un ministro.
La situación disparó los consabidos “memes” y comentarios irónicos en las redes sociales, sintetizando con elocuencia lo que significaron las últimas semanas en la convivencia entre Macri y sus socios. 

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