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Macron llegó a la mitad de su período golpeado por los conflictos pero con margen de maniobra

Los paros y protestas a sus reformas no afectaron las convicciones liberales del presidente francés

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17 de febrero de 2020 a las 10:46

A medio camino y con el acelerador a fondo. Así es la gestión del presidente francés, Emmanuel Macron, quien acaba de pasar la mitad de su mandato presidencial de cinco años. 

Y llegó a su segundo invierno boreal consecutivo enfrentando una fuerte oposición popular a sus políticas. Hace un año, fue el movimiento de los Chalecos Amarillos, desencadenado por un aumento de impuesto al combustible y un malestar social de la periferia; y un año después, fue el turno de las huelgas y protestas contra las reformas de las pensiones que han paralizado a París.

Es notoria su gestión controversial por sus intentos de cambiar pilares claves de la sociedad y política francesa, que desencadenaron el malestar social y movilizaciones que amenazan a extenderse por meses.

En mayo de 2017, el liberal Macron se impuso en segunda vuelta con 66,1% de los votos frente a 33.9% de la ultraderechista Marine Le Pen.

Pero hoy en día, Macron ya no es tan aplaudido en su país como cuando fue candidato a la presidencia, llegando al 90% de apoyo popular en París. Este año, los índices de su aprobación han caído a 35% (la caída varía según las encuestas), registrándose sobre todo una disminución de la confianza en su gestión.

No obstante, Macron cuenta con gran margen de maniobra como para repuntar nuevamente. De hecho, se ha mantenido firme en sus convicciones liberales que complacen a muchos seguidores, las protestas de los Chalecos Amarillos se han reducido, y el sistema de transporte de París no está más bloqueando la ciudad, a diferencia de semanas atrás.  

En la escena europea, Macron se perfilaba como un líder nato y hasta posible sucesor político de la canciller de Alemania, Angela Merkel, en el proyecto de la “refundación de la Unión Europea” con el objetivo de fortalecer el bloque ante el Estados Unidos de Donald Trump , el creciente poder de China y la influencia de Rusia.

Macron era visto como un político inspirado, joven (41 años), audaz y con ideas que trascendían Francia para alcanzar a toda Europa, hasta que los vientos empezaron a soplar en su contra. Últimamente se lo señala de querer dominar la agenda europea en forma unilateral y muchas de sus declaraciones fueron mal recibidas por sus aliados políticos, incluyendo sus críticas a la OTAN.  

En el frente europeo, todos los ojos están puestos en Macron y su relación con Berlín. No hay duda de que su liderazgo se consolidará o desdibujará en los próximos meses cuando la agenda europea caliente sus motores. Muchos esperaban que el gobierno francés diera un giro social y ecológico, pero lo que ha activado es una politización de temas que está creando divisiones en el viejo continente.

Esto es lo que ocurre en detalle en Francia y en Europa:

En lo interno

El crecimiento del PIB de Francia se redujo a 1,2% en 2019 –desde un 1,7% de 2018 – fundamentalmente por el impacto de los Chalecos Amarillos y por las movilizaciones que lidera la Confederación General del Trabajo (CGT), y que ha provocado la huelga en el servicio de transporte más larga en el país desde 1968, en contra de la reforma del sistema de pensiones que plantea el gobierno.  

De todas formas, los fundamentos del crecimiento de Francia son sólidos y el alza de su PIB supera al de muchos países europeos, incluyendo el de la “invencible” Alemania que cayó 0,6% y hay expertos que estiman que está en las puertas de una recesión. Analistas afirman que Francia se perfila como la economía más fuerte de Europa. 

El movimiento de los Chalecos Amarillos, que  comenzó en octubre de 2018, golpeó a Macron, aunque las movilizaciones del grupo perdieron fuerza  en el último año.

Para calmar el movimiento, el presidente  aprobó un paquete de medidas equivalente a unos  € 10.000 millones en 2019, a lo que sumó la buena noticia de la creación de más de 260.000 nuevos puestos de trabajo.  Ello se reflejó en una suba  del poder de compra de más de 2%, según las estimaciones de la oficina de estadísticas INSEE, un aumento que no se registraba desde 2007.

Se espera que una reducción del impuesto sobre la renta y la supresión de un gravamen sobre bienes inmuebles, logren acelerar el consumo este año (que igual estuvo alto en 2019), lo que impactaría positivamente en el el crecimiento económico. 

En cuanto a la reforma del sistema de pensiones, la propuesta de Macron es unificarlo y aplicar un sistema por puntos, lo que traería aparejado que mucha gente tendrá que sacrificar años de cotización o jubilarse después de lo previsto en el régimen actual. De ahí que despertara la indignación de mucha gente. 

El Estado destina el 15% del PIB a las pensiones y, según el gobierno, habrá un déficit de unos  € 10.000 millones en 2022, que se profundizará de no tomarse medidas. Los detractores de la reforma cuestionan los cálculos oficiales y afirman que se trata de un desequilibrio transitorio. No obstante, la huelga por este tema ha ido perdiendo fuerza. 

Otro punto polémico de Macron ha sido el endurecimiento de su política hacia los extranjeros. En noviembre de 2019, el gobierno francés anunció una serie de medidas para una mayor regulación de los controles migratorios, cientos de policías desmontaron campamentos de migrantes del norte de París y se comenzó a aplicar el “cero retorno”.

El temor de Macron es que el electorado se vuelque a la extrema derecha si no advierte respuestas gubernamentales en algunos problemas, como el migratorio. “La izquierda no quiso mirar este problema (de la migración) durante décadas. Por lo tanto, las clases trabajadores han emigrado a la extrema derecha”, afirmó.

El presidente está en un momento interno decisivo porque está perdiendo aliados e incluso a dirigentes de sus propias filas. 

El 28 de enero pasado, la diputada para Latinoamérica y el Caribe, Paula Forteza, anunció su decisión de abandonar La República en Marcha, sumándose a la lista de una docena de legisladores que han dejado al partido oficialista en los últimos dos años y medio.

En ese sentido, el próximo 15 de marzo, Macron mostrará su fortaleza política en las elecciones municipales (con una segunda ronda el 22 de marzo), aunque los sondeos muestran que su movimiento político, creado en 2017, tiene pocas chances de conquistar una  mayoría. 

El frente europeo

En el comienzo de su presidencia, Macron fue admirado por muchos europeos por frenar la ola nacionalista-populista en Francia y presentarse como europeísta firme, en un momento particularmente difícil luego de la crisis del euro, la austeridad, y en el que la unidad de Europa es cuestionada por muchos partidos populistas en auge. Por si fuera poco, la Unión Europea sufrió el brexit y se encuentra en medio de una dinámica internacional complicada por la rivalidad de poder entre Estados Unidos y China. 

Por eso la agenda de Macron y Merkel de convertir a la Unión Europea en una potencia mundial, en lo que se ha dado en llamar la “refundación de la Unión Europea” mediante una gran alianza franco alemana, caló mucho. 

Pero la iniciativa se encontró con la creciente reticencia de los conservadores que frustraron las tentativas de acuerdos entre Macron y Merkel.  Luego sobrevino la falta de entendimiento de Francia con el gobierno alemán, el cual comenzó a ver a Macron con posturas intransigentes, sin buscar consensos.

El resultado es que Macron aún no ha logrado reunir suficientes apoyos dentro de las instituciones de la Unión Europea como para avanzar en una reforma. Gran parte de la dificultad también radica en que se está dando una transición de la figura fuerte que representó Merkel a un poder más fragmentado en Europa, con Macron con posibilidades de dominar  alianzas de amplio espectro. 

A la fecha, varias figuras francesas están liderando las instituciones europeas, u ocupan posiciones importantes, lo que podría revertir el panorama a favor del presidente francés.

¿Qué decisiones de Macron le han quitado simpatías? Varias, por ejemplo, su posición de que Rusia vuelva a acercarse a Europa, y oponerse a que Macedonia del Norte y Albania ingresen a la Unión Europea. A pesar de que esos países cumplieron con las reformas que se les pidió, el argumento de Macron es que antes de “ampliar”, conviene “profundizar” en Europa. 

Macron también fue de frente contra la OTAN al decir que el organismo “tiene muerte cerebral”, algo que cayó como una bomba entre sus aliados, incluyendo a Merkel. El presidente francés hizo esas declaraciones luego de la abrupta retirada de las tropas de Estados Unidos en Siria, lo que desembocó  en la invasión de Turquía.

Al mandatario galo todavía le queda por recorrer la mitad del camino y sería un error aventurar cómo llegará al final de su gestión.  

Como escribió Philip Stephens, el director del Consejo Editorial de Financial Times, es muy pronto para predecir el futuro de Macron, sabiendo de su ímpetu a la hora de enfrentar adversidades. 

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