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El empleado y el patrón / Bosco

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Manuel Nieto y Alicia Cano: el camino de dos uruguayos y su cine por los festivales del mundo

El empleado y el patrón, de Manuel Nieto, y Bosco, de Alicia Cano, son dos ejemplos recientes de películas uruguayas que han recorrido el mundo con reciente éxito

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17 de julio de 2021 a las 05:04

El empleado y el patrón, de Manuel Nieto, y Bosco, de Alicia Cano, son dos ejemplos recientes de películas uruguayas que han recorrido diversos festivales del mundo con éxito; la primera fue a Cannes, y la segunda, entre otras cosas, ganó en Málaga. A continuación, sus historias de viajes y pantallas.

El día que el campo uruguayo llegó a Cannes

Manuel Nieto se acomoda el nudo de la corbata al otro lado del mundo. Acá son las 17, allá las 22. El Festival de Cannes se prepara para otra noche de gala, de trabajo, de fiestas en las que se negocia, se charla, se vincula, se construyen los caminos para el cine del futuro. El cineasta uruguayo, presente en La Croisette desde el comienzo de la edición 2021, se apronta. Pero lo dice: tiene tiempo para charlar; siempre encuentra el espacio para volver a repasar su última película, El empleado y el patrón, que le llevó seis años de trabajo y que tuvo su estreno oficial en la Quincena de Realizadores, una de las secciones del evento más importante y prestigioso del cine mundial.

La première fue el viernes pasado en el balneario francés e inmediatamente los primeros comentarios sobre la tercera película de Nieto empezaron a circular. Una de las que estuvo en la exhibición fue Alejandra Trelles, coordinadora de programación de Cinemateca, que escribió lo siguiente para La Diaria luego de haberla visto: “Cine de rara solidez, de exquisita belleza y, sobre todo, del que interpela al espectador, que obliga a pensar, que perturba y también, a veces, maravilla. Nieto filma un universo que conoce muy bien, y lo hace con excepcional maestría”.

El universo al que refiere Trelles es el campo uruguayo, un terreno de conflicto que contrapone, justamente, al empleado y el patrón del título en un choque que explora los matices de la lucha de clases en el entorno rural, pero que según su director no se queda solamente en eso. Protagonizada por el argentino Nahuel Pérez Biscayart y una troupe de actores no profesionales que se ponen en la piel de los peones, en El empleado y el patrón Nieto experimenta con los límites sociales y morales de este escenario particular, tal y como lo hizo en su segunda película, El lugar del hijo (2013). 

“Ha sido todo muy especial”, cuenta Nieto desde Cannes. “Acá fue la primera vez que la veíamos en pantalla grande, más allá de los chequeos técnicos que se hacen en la previa, y fue un momento muy importante porque reunió después de mucho tiempo a buena parte del equipo de producción internacional que tiene la película, que está hecha entre cuatro países. Fue un momento de encuentro muy significativo porque además me acompaña mi familia, porque estuvieron presentes en la función mi esposa y mis tres hijos. Tuvo mucho peso por todos lados”.

El empleado y el patrón, de Manuel Nieto

Por el momento, Nieto está conforme con las reacciones que su obra ha cosechado y con las lecturas que ha disparado. Le alegra saber que varios han identificado las diferentes capas de análisis que quiso imponer a la historia. Pero en medio de comentarios sobre la cantidad de test anticovid que deben hacerse quienes están allí, de la afluencia de público —“la salas no tienen límites de aforo, pero se llenan a un 70% de capacidad, no hay colas, no es difícil conseguir entradas”— y de la “humilde cosecha” de películas que vio —fue con la idea de ver Annette, de Leos Carrax, pero no llegó—, Nieto recuerda que para los cineastas y productores Cannes es mucho más que un festival de cine: es un mercado gigantesco en el que cada charla, vínculo y posibilidad de negocio cuenta.

“El festival tiene un prestigio bárbaro, yo me sirvo de él y está buenísimo estar acá, pero la verdad es que la película viene a trabajar, yo vengo a trabajar. Hay que ir a las fiestas, a los cócteles porque ahí negociás, pero en Cannes se reúne la industria mundial: vienen de todos lados, los gigantes estadounidenses, los independientes como yo, todos llegan con intereses diferentes, y es una oportunidad de trabajo y relacionamiento enorme. Eso es lo que intentamos aprovechar. No solo hay que poner la cara en el escenario y presentar la película; hay que venir a trabajar. La Quincena de Realizadores y la Semana de la Crítica son como una vidriera, pero el mercado de fondo es gigantesco, es el motor que mueve todo lo demás” cuenta.

Todavía no hay fecha de estreno para El empleado y el patrón en Uruguay, pero el director de La perrera (2006) no se apura. Prefiere esperar que la situación sanitaria se normalice y su película, que le costó varios años de su vida, se encuentre con un escenario propicio para debutar en salas nacionales. Además, asegura que con el cine uruguayo siempre sucede, más o menos, lo mismo: deben encontrar un éxito relativo fuera de fronteras para que el público uruguayo, generalmente reticente a sumarse a la proyección de una película autóctona, se convenza y vaya al cine.

El empleado y el patrón, de Manuel Nieto

“El uruguayo nunca fue muy afecto a las películas nacionales, entonces para llevarlo a ellas tenés que ir a buscar prestigio internacional. Un poco por eso también es que vamos a los festivales, por lo que buscamos colgarnos chapas o premios que ayuden a la película en Uruguay, más allá de que este no sea un mercado enorme. En ese sentido, considero que El empleado y el patrón es una película de autor, sí, pero también que es amplia y tiene potencial para abarcar a un público uruguayo más heterogéneo que mis obras anteriores, pero soy consciente de que de todas formas es una película de nicho”.

A diferencia de lo que sucede en la Selección Oficial o Un Certain Regard —que se definen este sábado 17—, en la categoría en la que El empleado y el patrón fue seleccionada no hay competencia, por lo que no habrá premio o distinción más que la exhibición en salas francesas, algo que ya sucedió. Sin embargo, Nieto abraza con gusto y satisfacción este presente y refuerza las expectativas para el trecho que a la película todavía le queda recorrer. Ve la obra como un resumen de su madurez narrativa, como la evidencia de que sus intereses artísticos se mantienen firmes y constantes, y que sus fronteras se siguen alternando en la búsqueda de nuevas indagaciones que lo movilicen. Así lo resume él: “Siempre dejé todo en mis películas. Pero los propósitos cambian, querés ir a otros lugares, buscar vueltas más complejas, ir más allá y explorar nuevos horizontes. Y así vas creciendo como cineasta, viendo qué funciona y qué no, afilando la intuición, y película a película te vas sintiendo más seguro con lo que querés, con tu forma de trabajar y con lo que sos”. 

Los rastros de un pueblo y su película

Hace 13 años, la cineasta uruguaya Alicia Cano viajó a Bosco, un pueblo escondido entre los apeninos italianos, mientras pasaba un tiempo radicada en el país de la bota. En aquel momento, ese cúmulo de casonas metidas entre bosques de castaños tenía 29 habitantes y una particularidad personal: para ella era una especie de terreno de fantasía salido de los cuentos de su abuelo, que nunca había pisado el pueblo, pero con el que se vinculaba estrechamente por ser el lugar de origen de sus padres. Ahí, en esa primera visita, apareció el germen del documental que, una década y media después, Cano presenta como su tercer largometraje tras El Bella Vista (2012) y Locura al aire (2018).
A grandes rasgos, Bosco es el viaje emocional de la directora por los parajes fantásticos que poblaron los cuentos de su infancia, y en lo que ella misma llama “híbrido” entre la ficción y el documental, planta la semilla de la historia que quiere contar. “Bosco es mi relato más personal, por lejos. Parte de algo propio y luego se bifurca. No indaga en la relación con mi abuelo, en mi historia con él, sino que explora su relación con ese pueblo que conoce y a la vez no. Yo soy el hilo que une a mi abuelo con su Bosco, y con el Bosco como lugar real e imaginario a la vez. Por eso mismo es la película que más quiero acompañar, quiero estar encima de ella”, dice la directora, que cuando habla de “estar encima de ella” hace referencia a lo que ha sucedido con su película en el último tiempo: que ha girado, con éxito y aplausos, por varios festivales del mundo en los que brilló el nombre de este pueblo que hoy tiene solo 13 habitantes.

El pueblo italiano de Bosco, entre el bosque y las montañas

La primera parada, en 2020, fue el Festival de Cannes. Bosco formó parte del Italian Showcase del Marché du Film, una de las patas comerciales del evento, en donde Cano y la productora de la película, Agustina Chiarino, se presentaron en un Work in progress. Luego, el camino siguió por más instancias, como los festivales de Trento y dei Popoli, en Florencia, y alcanzó otro de sus hitos en junio de este año, cuando en el festival de Málaga se llevó el premio al mejor documental.
“Era un gran signo de interrogación saber cómo iba a recibirse la película en estos países, y entre ellos Italia, donde sucede en el 70% de la película. Esto me pasaba porque Bosco es una película absolutamente atemporal, no cuenta ni una gran tragedia ni un gran drama, es una película muy de mirada y memoria. Al final pasó por un montón de festivales y ha ganado ya cuatro premios, aunque hasta ahora nunca la vi con público en una sala de cine. Y eso para mi es extrañísimo, nunca me había pasado. Acompañar a las películas en festivales implica encontrarse con el público, ver cómo se reacciona ante eso que vos quisiste expresar, y esa experiencia hace que una se vaya despidiendo de la película, que se cierre el ciclo y se abra algo nuevo. Por eso, con Bosco ese proceso todavía no lo pude vivir, y necesito experimentarlo para cerrarla”, cuenta la directora oriunda de Salto.
Si bien hubo algunas instancias del recorrido de Bosco en las que Cano no pudo estar por motivos pandémicos, este acompañamiento de las películas del que habla no es nuevo para ella. En 2012 estrenó su primera obra, El Bella Vista, y con ella se recorrió medio mundo. Pasó por más de 50 festivales, conoció todos los continentes, generó vínculos y descubrió el circuito internacional del cine. Con su segunda película, Locura al aire —dirigida en colaboración con Leticia Cuba—, el perfil de los festivales cambió y se alineó más con un cine referido a los derechos humanos. Bosco, en algún punto, la está acercando más a la primera experiencia.
Este presente, de todas formas, parte de una decisión que en su momento fue significativa: la de continuar con el plan de presentaciones en festivales establecido a pesar de la pandemia que le cayó al mundo, algo que pausó buena parte de la industria del cine y que a Cano y a Chiarino, sin embargo, no frenó. 
“Conozco muchas personas que prefirieron guardar sus películas hasta que pasara la pandemia y se pudiera salir de la virtualidad, y es lógico. Nosotras, igual, sentimos que ya estábamos con el envión, Bosco había estado en Cannes, y la incertidumbre era tan grande que no sabíamos cuándo podríamos volver. Tomamos la decisión de ir para delante y por suerte salió todo bien”.

Bosco, de Alicia Cano

Cano no tiene todavía clara una eventual fecha de estreno en Uruguay, pero es cautelosa por la situación sanitaria. Al mismo tiempo, espera poder cumplir uno de los sueños que giran en torno a esta película casi desde su gestación: exhibirla y verla junto al público por primera vez en el pueblo del título. 
“Si logro ir a Italia y presentarla allí —cuenta—, va a ser el primer lugar donde la presente, que era mi idea y que por la pandemia no lo logré. Allá es pleno verano y se está por celebrar la fiesta del emigrante, un momento en el que vuelven los que se fueron, y se hace una gran celebración. Espero que ese sea el marco en donde la vea por primera vez con un público: junto a sus protagonistas”.

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