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Marcados a fuego: tres vecinos de La Esmeralda intentan reconstruir sus casas

Un incendio volvió a castigar al balneario rochense luego de que en 2005 se quemaron 450 hectáreas

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21 de diciembre de 2019 a las 05:01

Carla Colma y Silvana Fernández

Artigas Pérez camina sobre las cenizas de la que era su casa. Paso a paso va descubriendo lo que quedó de lo que antes era: los resortes de su cama, la silla de ruedas de su madre, el antiguo auto de su padre. El fuego lo castigó todo.

El viernes por la noche tuvo que evacuar. Sacó las cuatro garrafas que tenía por miedo a que pudieran explotar, juntó algo de ropa para él y para su madre y salieron. “¿Qué vas a pensar que te va a tocar?”, reflexiona. Cuando Artigas volvió el panorama era otro: “Si alguien sabía no me dijo nada, cuando llego a la puerta me encuentro con esto”. 

Es lunes por la tarde y los vecinos del balneario La Esmeralda llevan casi una semana en alerta luego de que un incendio los tomara por asalto. Desde la mañana hasta la madrugada se organizan en grupos para hacer rondas y vigilar que el fuego no vuelva a avivarse, apagan pequeños focos y coordinan la ayuda para los damnificados.

Frente a la seccional, al lado de un camión de Bomberos, está Martín Sosa con una vieja camioneta Ford cargada de donaciones que llegan desde todas partes: ropa, comida, materiales de construcción. Vive en La Esmeralda desde 1998 y recuerda varios incendios, especialmente el de 2005 cuando perdió su casa y tuvo que reconstruirla. A pesar de que se quedó en el mismo lugar asegura que no siente miedo: “más miedo tendría de vivir en Montevideo”. “La Esmeralda es una bomba de tiempo por naturaleza”, dice señalando la densidad de la vegetación de la zona. 

David Medina vivía en Maldonado, pero cuando se jubiló decidieron con su esposa que venderían la tienda donde ella trabajaba y mudarse a La Esmeralda. Finalmente compraron un almacén y se instalaron en una casa cercana hace poco más de un año. Ahora lo único que queda en pie de la vivienda son las bases de las paredes y algunos restos de metales, chapas y las carcazas de algunos electrodomésticos. 

A unos metros del terreno de Pérez estaba “Géminis”, un chalet de madera que se redujo a cenizas, vidrios derretidos y estructuras de metales fundidos. La cocina y el parrillero quedaron en pie. Detrás, tan solo a unos pasos de distancia, se mantiene firme otra casa de madera que no fue alcanzada por el fuego.

Una sensación de pánico

“El ruido era algo similar a cuando tirás una gota de agua en una sartén con aceite, sumado a la pinocha cuando estalla, que es parecido a un chasqui bum”, explica Sosa y recuerda que la primera vez que se enfrentó a un incendio perdió el sentido del oído por un tiempo. 

Matías Ramírez nunca había presenciado un incendio y asegura que “la sensación fue de pánico”. “Es horrible ver venir el fuego, caminar y que te empiece a rodear. Muchas veces uno lo ve por televisión pero estar acá y combatir el fuego es una sensación espantosa; pero también fue bueno porque ahí uno pudo ver la ayuda de la gente”, cuenta parado delante de su casa de madera con la satisfacción de haber salvado lo suyo. 

“Entrás a ver que lo tuyo se está yendo y te viene como una fuerza de adentro. Nos metíamos o perdíamos todo. Los que salvaron sus casa fueron los que combatieron, los que cerraron la puerta y se fueron el fuego les devoró todo”, sostiene. 

Para llegar a la casa de Ramírez hay que tomar un camino entre los árboles, donde el olor a madera quemada persiste y el piso aún se siente caliente. Cuando la calma volvió al monte Ramírez tomó una foto de lo que considera “un milagro”, el camino hacia la casa estaba intacto, aunque a los costados todo se había quemado. 

Los vecinos tenían la sensación de estar enfrentándose a un “monstruo de fuego”, ilustra Susana Daer, quien señala que los habitantes del balneario estuvieron desde el principio guiando a los bomberos entre calles no señalizadas y destaca que el episodio fue una “demostración de unión” entre los pobladores. 

Una bomba de tiempo

“Este paraíso por una imprudencia puede transformarse en un infierno. Alto riesgo de incendio”, advierte un cartel sobre la calle principal del balneario. El incendio de 2005 todavía estaba presente en el recuerdo de los vecinos de La Esmeralda. Hace 14 años el fuego quemó unas 450 hectáreas luego de que un hombre decidiera quemar unas hojas para limpiar su terreno. Según los vecinos de la zona se incendiaron una veintena de viviendas, mientras que Bomberos indicó que sólo se quemaron seis casas en esa oportunidad.

Esta vez el fuego quemó 2.136 hectáreas y alcanzó 19 viviendas, tres de ellas pertenecientes a habitantes permanentes de La Esmeralda. Participaron 140 bomberos con apoyo del Ejército, Policía, Guardia Republicana, Intendencia de Rocha y Fuerza Aérea. Los vecinos se postularon como voluntarios de inmediato “azada y pala en mano esperando instrucciones”. Ahora, los vecinos solicitan un curso de formación para voluntarios. 

Durante el incendio los voluntarios se comunicaban a gritos. La torre de comunicación del balneario dejó de funcionar y quedaron incomunicados. De todas formas quienes se encontraban fuera del balneario se comunicaban a través de un grupo de Facebook, para saber en qué estado estaban sus casas y organizar cadenas de transporte hacia el balneario con donaciones y herramientas. 

Pérez examina el terreno con las manos entrelazadas detrás de la espalda. Se detiene frente a una planta de aloe, maravillado: “Esta aguantó, va a seguir”. La mira durante unos minutos y luego concluye con seguridad: “Estoy medio viejo pero la vamos a seguir luchando”.

Esa tarde la intendencia le comunicó que le dará los materiales para construir una vivienda nueva. Al otro día comenzará a limpiar los restos de su antiguo hogar y los vecinos lo ayudarán a levantar la casa.

Hace 11 años Pérez se había instalado en La Esmeralda, con el sueño de poder caminar por la playa y disfrutar de la tranquilidad que no encontraba en Montevideo. Ahora deberá reconstruirse pero no estará solo, el fuego pasó pero forjó una comunidad.

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