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Más allá del asperger y el bullying: “Mi conexión con los animales me salvó la vida”

Antonio Ripoll se define como "bichero", es guardaparques egresado de la UTU de Arrayanes y sueña con ser conductor de documentales 

Elefante marino austral. Se trata de “Fred”, un elefante marino que estaba siendo monitoreado por científicos brasileños desde 2015 y que él identificó y fotografió en 2018 en las costas uruguayas (y eso ocupó lugar en noticias de medios locales que usaron la foto con el sello de Urugwild).
Cardenal de copete rojo
Hornero

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01 de febrero de 2020 a las 05:02

Deslizá hacia la derecha para ver las imágenes de Urugwild, el proyecto fotográfico de Antonio.

A los 4 años Antonio Ripoll fue diagnosticado con el síndrome de Asperger. Su niñez y adolescencia no estuvieron libres de burlas, hostigamiento y violencia. “Fueron más de 9 años. Me insultaban, golpeaban, apedreaban e incluso uno me enchastraba el pelo con cascola”, recuerda. Pero lo que podría haber sido una historia de soledad e incomprensión, se convirtió en una de fascinación, de conocimiento y de salvación.

Antonio abre los ojos bien grandes. Su capacidad de asombro no descansa. Mira para un lado y para el otro. “¡Un pirincho!”, dice en voz alta y le saca una foto a esa ave que no suele ver mucho en el parque Rivera. Enseguida explica que se trata de un pájaro que se alimenta de frutos y pequeñas presas, por eso se lo ve ahí acechando a una rana. También cuenta que pocos lugares de Montevideo tienen tantas garzas como las que tiene ahora este espacio verde en Carrasco Norte. Y habla de la polla de agua, que es de las especies que más habitan el lugar. Y así, describiendo la fauna, podría seguir durante horas. Ahora tiene 20 años y egresó como guardaparques de la UTU de Arrayanes, aunque prefiere que lo conozcan como “bichero”, a secas. 

“En el jardín y la escuela me sentía encerrado en un entorno donde tenía que estar guardándome las espaldas, perdido en mis pensamientos y tratando de a evitar a toda costa a mi propia clase y profesores”, dice. Pero al llegar a casa,  la curiosidad que sentía por la naturaleza era insaciable. Se la pasaba mirando documentales, descargando información en la computadora de su padre y mirando fotos de pingüinos y tucanes, que fueron los primeros bichos que le interesaron.

Antonio se refiere a su pasado reciente como una época oscura. “Ante la amenaza, tenía el instinto de defenderme por la fuerza bruta. Es como cuando acorralás a un bicho salvaje contra una esquina, se va a tratar de abrir camino a través de ti, seas un gavilán o un ciervo”, cuenta sobre cómo respondía cuando era violentado por sus pares.

Pero siempre fue encontrando sus vías de escape y, mientras evitaba a los “abusones” –como él los llama–, durante los recreos se iba al laboratorio del colegio (el Harwood School, a donde llegó después de pasar por varias instituciones) donde estaban los biólogos Francisco y Roberto, sus primeros amigos bicheros. 

Y de a poco, el ardor de la violencia que recibía por comportarse de forma diferente al resto de sus compañeros se fue apaciguando. 

Antonio dice que la conexión con los animales le salvó la infancia. Después se corrige. Los animales le salvaron la vida. Por eso entiende que una forma de devolverles el favor es colaborando con los trabajos de conservación y educación para que más gente se conecte con ellos y los respete.

Yacaré overo o Caimán de hocico ancho


 

¿Qué es el síndrome de Asperger?
La psicóloga Mariela Gavranic explicó a El Observador que el síndrome de Asperger es un trastorno del neurodesarrollo que está dentro del espectro autista. Afecta principalmente tres áreas: la de la interacción social; la de la comunicación de emociones y sentimientos y la de los intereses (son restringidos y específicos, pueden acumular mucha información del área que dominan) y conductas (rígidas).
“Si bien la trilogía no cambia, van mejorando por la intervención temprana –que es fundamental– y por la disposición de la familia y del entorno”, explica la experta. 
Algunas actitudes que podrían dar señales para consultar con un especialista:
  • si no genera  contacto ocular
  • deambula en la escuela
  • no juega con otros niños
  • le cuesta aceptar una orden 
“Aunque muchas veces los padres no se percatan  de las alteraciones –porque piensan que su hijo es tímido y por eso no le gusta hablar en público o que es muy gracioso porque habla como los dibujitos animados, por ejemplo– se debe consultar de forma temprana a un psicólogo apenas se identifican desvíos en su desarrollo”, agregó Gavranic.
“Tenemos que tener previsibilidad en lo que les acontece, respeto por ellos y mucha paciencia”, reflexionó la psicóloga.

El quiebre

De cursar casi toda primaria y secundaria en un colegio que quedaba a una cuadra de su casa, Antonio tuvo que mudarse a lo de su padre en Maldonado para poder ir a la UTU de Arrayanes. Recorría 30 kilómetros en ómnibus todos los días, los niveles de tolerancia académica eran más bajos que antes –“claro, ya no era aquel niño chiquito”- y todos los que compartían la carrera con él eran personas completamente nuevas en su radar. Y todo salió bien.

En los tres años de carrera el estudiante aprendió de todo un poco –advertencias sobre incendios, trabajos de preparación de senderos, reconocimiento de flora y fauna y varios temas más de su interés–. También trabajó en la reserva del cerro Pan de Azúcar y llegó, incluso, a ser el guía de un grupo de estudiantes del colegio del que es exalumno.  

Para Antonio los consejos de su padre son sagrados, pero hay uno que destaca por sobre el resto: “No hay cosa más dolorosa que la soledad”. Porque para el joven, no hay forma de mejorar la relación con la naturaleza si primero las personas no pueden unirse como especie. “Conocí a todo tipo de gente, aficionados a la pesca, a la flora y fauna, a gente que pasó por historiales de bullying y a quien hoy es uno de mis mejores amigos (Mauricio)”, destaca Antonio de su paso por Arrayanes. Aunque deja lo mejor para lo último: “En tercero conocí a mi primer amor”.

Joselín tiene 20 años, es de Soriano y antes de compartir carrera con Antonio era una de las seguidoras de @urugwild, la cuenta de Instagram que creó el bichero para enseñarle al mundo cuáles son las especies que se encuentran en este rincón del mundo. Lo que no se imaginó Antonio era que el primer día de clase de tercero iba a abrir la puerta del salón y se iba a encontrar con quien ahora es su novia. Ahora ella lo ayuda con la plataforma.

Además de las fotografías crea videos explicativos que sube a sus redes sociales y a su plataforma de YouTube, también bajo el nombre Urugwild. En los trabajos audiovisuales habla en inglés porque entiende que de esa forma puede llegar a más gente. Antonio sueña con comunicar su pasión a través de documentales y se imagina la fórmula ideal como un híbrido entre las influencias de sus ídolos (el director del bioparque de Río Negro M’Bopicuá Juan Sebastián Villalba-Masías, el director de la BBC Earth David Attenborough y el “cazador de cocodrilos” Steve Irwin).

Antonio también piensa en la posibilidad de empezar este año la facultad de Ciencias. Quiere especializarse en zoología de vertebrados, pero siente un poco de inseguridad al respecto porque no sabe si va  a poder lidiar con el mundo universitario “que está a otro nivel de complejidad”, reconoce.

Niño pingüino

Talones hacia adentro y empeines alineados en el mismo eje hacia afuera, brazos rectos a los costados y corre que te corre. Mientras muchos niños imitan a sus ídolos de los dibujos animados o a sus héroes de película, Antonio jugaba a ser pingüino. Y lo que para muchos era visto como algo absurdo, tenía toda una lógica cargada de información detrás.

Pingüinos de Magallanes en SOS Fauna Marina, Punta Colorada.

Todo empezó con un interés moderado hacia los bichos. “Hasta que de repente vi una especie que rompía por completo con el estereotipo de ave. La mente me explotó y la quijada se me cayó al piso. ¿Y este bicho qué es?”, se preguntó.  “No es un ave que cante, vuele o coma semillas. Es pesada, robusta, rebuzna como un burro. En lugar de volar aletea bajo el agua, puede vivir tanto en áreas de hielo con -50C° como en playas tropicales, desiertos y bosques. Unos hacen madriguera y otros nidos con piedras”, describe con los ojos bien abiertos. También le fascina todo lo que es capaz de hacer el pingüino para salvar a sus crías de los depredadores.

Y si una sola especie podía ser así de increíble y compleja, tenía que haber más. Los pingüinos fueron las raíces de un árbol que hoy no para de ramificarse.

Pingüino Saltarrocas o Penacho amarillo

Greta Thunberg 

Cuando en 2018 una activista sueca de 15 años agitó al mundo con sus potentes mensajes de alerta, el entorno del joven uruguayo, que fue fundamental en apoyo y acompañamiento en todo su proceso de crecimiento y de aliento a lo que era su pasión, también lo festejó.  “Antonio, mirá esta chica que tiene asperger como vos y lo que está haciendo, qué maravilloso”, le dijo su madre. Y él sintió orgullo cuando el nombre de Greta Thunberg explotó con fuerza.

Pero aunque Antonio la admira,  difiere con Greta en algunos aspectos. “Antes que activista es una chica de 16 años (este mes cumplió 17) que está en pleno proceso de aprendizaje y crecimiento y le faltan un montón de conocimientos que adquirir para tener más poder en sus palabras –que no digo que no tenga, yo a su edad no era tan abierto– para que la gente la tome en serio”, afirma el joven y repite, “la experiencia y el conocimiento son poder”.

Cuando habla de este tema Antonio se entrevera un poco. Enseguida se disculpa y explica: “Se me lengua la traba porque es un tema muy complejo y no hay nadie que entienda mejor a un asperger que otro asperger”. Lo que pasa es que para él, Greta debería bajar un poco más la pelota y no generalizar tanto.

“Cuando dijo ante la ONU ‘me arruinaron la vida’”, recuerda el uruguayo, “yo pensé, ‘no, no te arruinaron la vida’”. Y enseguida citó lo que dijo en aquel momento Vladímir Putin de que muchos niños en el mundo desearían tener al menos el uno por ciento de los privilegios que tienen los niños en Suecia. “Tienen acceso al agua limpia, a energías eléctricas autosustentables como la eólica y solar”, ejemplificó Antonio y sostuvo que es un tema mucho más complejo. Tampoco está de acuerdo en que la joven diga que una de las formas de salvar al mundo es a través del veganismo porque no todos pueden soportar económicamente una dieta vegana.“Yo le recomendaría que aprenda a usar su pasión para generar lazos con gente que tiene experiencia”, dice Antonio y cuenta que actualmente tiene amigos expertos en distintas áreas –directores de zoológicos, zoólogos, biólogos, criadores, rescatistas y veterinario– de los que aprende constantemente. Y le encantaría conocer a Greta para intercambiar historias.

Extender la perspectiva

A diferencia de los animales, los humanos pueden identificar las emociones que los atraviesan. Lloran y ríen a carcajadas. Aman y odian. Reflexionan. Las personas se piensan individual y colectivamente.

“De opinólogos que no van más allá de sus conceptos está lleno”, señala Antonio mientras interpreta a todos los que lo cuestionaron y se burlaron de él como personas que “a raíz de la sociedad en la que vivimos, no son capaces de ver con otra perspectiva que no sea la de sus propios ojos”. Aunque cuenta que en aquel momento veía a sus agresores con odio, ahora les tiene compasión. Además, señala que hace unos diez años el desconocimiento en torno al asperger era mucho más grande. Ahora hay mayor conciencia sobre este síndrome y el bullying es un problema que se aborda y problematiza más que antes en las instituciones y familias.

“Empecé a notar ese cambio en el Harwood. Fue la primera institución a la que fui que cambió y se modificó para poder acogerme y ayudarme. A medida que pasaron los años, la cantidad de gente que me hacía bullying disminuyó y en determinado momento me convertí en uno más de la clase”, aseguró.

Los animales nunca fueron motivo de aislamiento. Todo lo contrario. Desde que ese universo lo cautivó, quiso compartirlo con el resto. Y hoy desea dar batalla en la lucha a favor de conectar a la humanidad con el mundo natural. “Tenemos que acercarnos entre nosotros y acercar la vida silvestre a nuestros corazones”, asegura, convencido. 

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