A más de 120.000 muertos asciende el saldo provisional del maremoto que barrió el domingo el sureste asiático, donde más de cinco millones de personas han perdido sus casas, mientras las réplicas seguían aterrorizando este jueves a los ya traumatizados supervivientes.
Sólo en Indonesia, el país más afectado por el sismo del domingo y el maremoto que lo siguió, han muerto al menos 79.940 personas en el norte de la isla de Sumatra, anunció este jueves a la AFP un responsable del ministerio de Sanidad.
Según la máxima autoridad mundial en materia de salud, entre uno y tres millones de personas están desplazadas en Indonesia y otro millón en Sri Lanka. El resto se distribuye por India, Maldivas y otros países afectados.
"¡Qué vienen las olas!, gritaba la gente mientras huía a pie, en autobuses o en cualquier medio de locomoción disponible.
El del domingo se produjo después de un sismo de intensidad 9,0 a 150 km de Sumatra.
Yudhoyono dijo que ya cuenta con el apoyo del secretario general de la ONU, Kofi Annan, y del presidente estadounidense, George W. Bush.
El coordinador de la ayuda de emergencia de Naciones Unidas, Jan Egeland, dijo de esta iniciativa: "Creo que complementa de forma excelente nuestros esfuerzos de coordinación".
Pero mucho antes de que la maquinaria burocrática de la ayuda entre en funcionamiento, la gente de la calle en las zonas devastadas ha empezado a ayudar a los supervivientes.
Otros ayudan a enterrar a los miles de cuerpos que tapizan las playas y las calles, convirtiéndose en una seria amenaza a la salud pública.
"Simplemente quiero ayudar a la gente", dijo el hotelero Khun Wan que ha ofrecido alimentos y alojamiento a los turistas extranjeros que tratan de hacer frente a la tragedia.
Según el ministerio del Interior, más de 700 extranjeros figuran entre los 2.394 muertos oficiales.
Cerca de mil suecos y otros tantos alemanes, 420 noruegos, 90 franceses y 13 españoles están desaparecidos y Suiza no tiene noticias de unos 1.200 de sus ciudadanos.
El balance de muertos provisional en Sri Lanka es de 24.743 personas y 4.916 personas siguen desaparecidas.
Mientras los socorristas luchaban para acceder a algunas zonas, la desesperación ha llevado a una ola de delitos sin precedentes en una región profundamente religiosa, en la que los delincuentes campean a sus anchas pues tanto la policía como los militares están dedicados a las labores de salvamento.
Los niños han sido los más afectados por la tragedia. Unos arrastrados por las aguas, otros, perdiendo a sus padres y hermanos. Para la mayoría, los asesinos tsunamis vuelven una y otra vez en sus pesadillas.
(AFP)