11 de abril de 2011 18:59 hs

Omar Lugo, EFE. Bajo la premisa de que la selva tropical tiene más valor en pie que convertida en madera y aserrín, científicos brasileños investigan las propiedades de plantas y animales de la región, en busca de principios activos que puedan ser industrializados.

Muchos científicos y ecologistas están convencidos de que la selva amazónica, que comparten Brasil, Bolivia, Colombia, Ecuador, Perú, Venezuela, Guayana, Surinam y la Guayana Francesa, tiene sus años contados, arrasada a un ritmo vertiginoso por motosierras y tractores, sin que llegue a ser bien estudiada.

Bajo el microscopio están hoy aceites esenciales y vegetales, emolientes que sirven de base para cremas y jabones, además de los misterios de alimentos como el açaí, fruto de una palma cuya pulpa se ha popularizado en todo Brasil como bebida energética y rica en antioxidantes.

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Para promover negocios en ese campo, la Zona Franca de Manaos ofrece incentivos fiscales para las empresas que desarrollen cosméticos con productos de la Amazonía, explicó Araújo.

"Una cosa que tiene que ser hecha para evitar esa destrucción (de la selva) es agregar valor a esos productos" para aumentar su rentabilidad, señaló a Efe José Augusto Cabral, coordinador del área de Productos Naturales del CBA.

Sin embargo, buena parte de lo que se ha descubierto hasta hoy en la Amazonía ha sido "más por casualidad", en opinión de un especialista.

También se investigan los microorganismos, como hongos, levaduras y bacterias que habitan esos ecosistemas o están asociados a las plantas de la región. Nadie sabe bien si los efectos de algunas plantas se deben a ellas mismas o a sus microorganismos, explicó Araújo.

Para esta vasta tarea el CBA cuenta con 24 laboratorios de investigación y desarrollo en farmacología y toxicología, una central de producción de extractos y una unidad de experimentos con animales y plantas, además de una de procesamiento industrial.

El Centro no ha sido terminado todavía y sólo en 2009 estará al cien por ciento de su ritmo de trabajo. Entre sus experimentos más avanzados se cuentan el estudio de dos plantas amazónicas para producir repelentes y tres insecticidas naturales no tóxicos, además de un proyecto con la palma de dendé para mejorar su calidad como materia prima para la fabricación de biodiesel.

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