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Masajes a Suárez y a Paul McCartney: las anécdotas de Richard López, el kinesiólogo de las estrellas

Arrancó con Julio Ribas, que le decía que no atendiera a los jugadores porque "no quería nenitas"

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30 de abril de 2018 a las 05:00

¿Señor López? No corte que le van a hablar". Se hace una pausa de corto tiempo. Hasta que aparece una voz que le pregunta si podía ir al hotel Sheraton de Punta Carretas a hacerle masajes a Paul McCartney. Lo primero que pensó fue: "Me están jodiendo. La verdad, pensé que era una broma. Recuerdo que le dije que no podía porque tenía pacientes en el consultorio".

Pero tomó el tema en serio cuando se pasó a los hechos. "No dábamos con los números hasta que arreglamos".

Antes de partir le transmitieron una sugerencia: "Le pedimos absoluta reserva, por favor". Y allá fue Richard López, uno de los kinesiólogos de la selección uruguaya.

Arribó al Sheraton y los nervios le invadían el cuerpo. "Cuando llegué al hotel fue todo un protocolo. Entré por un lado y cuando salgo estaban todos los canales filmando", contó el protagonista de la historia a Referí.

"Una persona se presentó y me dijo: 'Mira que va a las cinco de la tarde. Está en la sala con la pareja y van a bajar los dos. El sector donde estaba era en la parte vip del hotel. Y ahí me quedé esperando, en la suite 123".

A falta de 15 minutos para las cinco de la tarde se abre la puerta... "Y cae el monstruo de Paul McCartney con una bata. Me puse nervioso imaginando que me iba a venir con determinadas condiciones. Pero lo primero que me preguntó fue si las cremas no eran derivadas de animales. Cuando lo empiezo a masajear le comenté que era masajista de la selección uruguaya y me dijo: '¡Uhhh, soccer!'. Y ahí empezamos a hablar de fútbol con mi poco inglés y el español de él. Resultó un tipo sencillo", comentó López.

Cuando estaba terminando, el kinesiólogo fue sorprendido por McCartney: "Mañana toco en Paraguay, ¿querés venir?". A López se le iluminaron los ojos. "Cuando le dije que por supuesto me respondió que era una joda".

Richard no podía creer que estuviera masajeando a uno de los cuatro genios de Liverpool. "Podía haberle sacado una foto ahí y la vendía (risas) pero ni loco. Lo único que le pedí fue un autógrafo". Lo conserva en un papel junto con la lapicera con la que Paul firmó la dedicatoria.

Mi santo

La historia de López con el fútbol comenzó corriendo atrás de la pelota en el baby fútbol del Unión Vecinal. Luego pasó a Defensor pero, como él mismo se define, "era vago, me gustaba salir", entonces agarró para el trabajo.

"Lo que son las vueltas de la vida, trabajando de administrativo tenía un compañero que había jugado en Sud América y era kinesiólogo, Alfredo Ferreira, que fue el que me impulsó a hacer el curso de masajista. Y me fue gustando. Con el paso del tiempo lo tomé más profesionalmente, y no solo hice masajes, sino terapias y a partir de ahí arranqué en el fútbol, en Sud América. Luego fui de gira dos veces con la selección de la B. Tenía 24 años", rememoró.

Una vez inmerso en el ambiente de los kinesiólogos, Richard pasó de un lado a otro. "Hice fútbol femenino, estuve en la Copa Davis con el tenis, en la selección de rugby, con El Trébol de Paysandú, Central Español, Danubio, que fue donde conocí a (Jorge) Fossati que en 2003 me llevó a la selección, donde permanezco hasta el día de hoy".

Ahí pasó a convivir con las estrellas de la celeste. "Tengo el plus de haberlos tenido en juveniles, los conozco a todos y ellos ya me conocen, por más que se fueron a sus clubes en Europa y pueden crecer, para mí lo más importante es la calidad humana. Tengo afinidad con todos, con Cavani, con Suárez, con todos", dijo López.

A Tabárez lo define como "un buen técnico, una persona capacitada y fue el que armó todo. Con la tarea que se realizó con los juveniles se ven los frutos. Pero ante todo es una gran persona".
López reveló en la charla que en la selección lo conocen por un particular apodo que le quedó de bromear con el médico Gustavo Chiara en Danubio: "Mi santo". "A todos les digo 'Mi santo', y ahí quedó el apodo. Me ven y me dicen '¿cómo andás Mi santo?'".

Sacrificio

López recuerda cada momento de su carrera. "Me acuerdo lo primero de Sud América cuando clasificamos a la Copa Conmebol que jugamos en Paysandú. Ahí fue que Julio (Ribas) diseñó la famosa camiseta negra. Ahí era todo sacrificio. Me acuerdo de hacer unos estribos con cinta aisladora porque ni leuco había. Después de salir campeón sudamericano con la sub 20 en Ecuador, luego de tantos años sin lograrlo, mi primer título con la selección de la B en China, las clasificaciones a los mundiales. De la amargura de no poder clasificar en la definición por penales con Australia, de perder una final del Mundial de la sub 20 con Turquía. Se te pasan tantas cosas... La familia, el apoyo, los sacrificios, la lucha. Nadie me regaló nada. Yo empecé de abajo...", dice mientras hace una pausa.
"Todo sacrificio, lucha, y me pasó de no tener nada. Recuerdo salir de Sud América e irme a cuidar enfermos. Y de noche iba de encargado de un restaurante. La verdad, no tenía (dinero), es la justa. Me pasó de irme caminando al Fossa. Todo fue una lucha, mi vida, mis cosas y para mí es espectacular, porque por el sacrificio estoy acá, como decía Chiquito Vismara, fue sangre, sudor y lágrimas".

Ribas le gritaba: "no quiero nenitas"


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Julio Ribas, con Peñarol, el primer DT en ganar invicto un Clausura.
Julio Ribas, con Peñarol, el primer DT en ganar invicto un Clausura.

Richard recién empezaba en el mundo del fútbol. Y de pronto, en pleno partido, caía un jugador lesionado y escuchaba un alarido.
"¡Guerrero! ¡Vení, no salgas a la cancha! ¡Quiero guerreros!". Levantaba la vista y era Julio Ribas. Los ojos desencajados, las manos en la cintura y el rostro de furia de Julio lo decían todo. En aquel Sud América de Ribas, el kinesiólogo Richard López empezó a realizar sus primeras armas. No lo olvida.
"Con Julio en el Fossa tengo miles... No me dejaba salir (entrar) mucho a la cancha porque ellos eran gladiadores y guerreros. Los 300 guerreros. Y me decía: '¡Vení guerrero, no salgas a la cancha porque no quiero nenitas!'. O si no me decía: 'Mañana vamos a traer un cuaderno rosado y vamos a anotar. El que se quiera ir, firma, y se va'".

López acota: "Julio se movía para todo. Recuerdo que para los trabajos en triple horario conseguía muchas cosas. Fue uno de los motivadores de esa época. Me dejó muchas enseñanzas".
El kinesiólogo de la celeste dijo que en Sud América era todo a pulmón.
"Una vez, en un partido contra Villa Española en Las Acacias, estaba Mauber Torres caído y el spray frío estaba vacío. Entro corriendo, sacudo el spray y cuando le voy a aplicar no tenía nada. El juez me miraba. Y empecé a hacerle ruido y Mauber me mira y me dice: 'Richard, no sale nada'. Y le digo: 'Cállate la boca y quedate quieto que no hay nada. Te tiro agua bendita y adentro'. Esas cosas te llevan a valorar dónde estás".

Paolo Montero, un referente


Paolo Montero

"Paolo fue un gran capitán, buen tipo, siempre buscando el bien de todos, de los jugadores, los funcionarios. Un referente, sin sacarle mérito cuando estuvo Lugano y ahora Godín, que son ejemplos. Paolo era cuestionado porque decía cosas, pero él defendía a sus compañeros, tenía problemas y le hicieron la fama de problemático pero no lo tomaron como el referente que fue. Conmigo fue un gran compañero de trabajo".

Luis Suárez, el día de la lesión


Luis Suárez celebra su gol número 50 en Uruguay
Luis Suárez celebra su gol número 50 en Uruguay
Luis Suárez celebra su gol número 50 en Uruguay

"Me tocó vivir ahí, in situ, la lesión de Luis Suárez previo al Mundial de 2014. Fue en una jugada donde gira, se siente y enseguida llamamos al carrito del Suat. Lo llevamos a la sanidad, le dimos unos analgésicos y se ordenó el traslado. Por la forma en que giró el cuerpo te dabas cuenta de que algo había pasado. Además se agarraba la rodilla. Después quedó como anécdota que un tipo sacó la foto donde salgo con Luis en el carrito y la vendió a Inglaterra".

Botellazo, internado en Venezuela

Richard López no olvida la pelea que se generó en la era Fossati cuando la selección enfrentó a Venezuela por las Eliminatorias. "¡Pahhh... fue brutal cuando se armó el lío en Venezuela...!", dice Richard. Y acota: "Fue en la manga, rumbo al túnel. Se armó un lío terrible y volaban trompadas para todos lado. En un momento logro salir de la manga y me tiran un botellazo y me pegan. Estuve internado toda la noche. Pasé un momento embromado".

Diego Forlán, disciplinado y culto

Forlán y su vincha en Sudáfrica
Forlán y su vincha en Sudáfrica
Forlán y su vincha en Sudáfrica


"Diego Forlán es un profesional tremendo. Una persona muy disciplinada. Es muy aplicado. Primero lo tuve al hermano (Pablo) en Sud América, con el que quedó una amistad. Diego es una persona muy culta. Hablamos hasta de literatura. Podés hablar de cualquier cosa con él. Pero era muy poco lo que lo masajeaba, no molestaba, entre comillas, para nada. Él tenía sus vendas y entraba a la sanidad y parecía que ni estaba".

Walter Ferreira, el referente


El fallecimiento del kinesiólogo Walter Ferreira pegó duro en el entorno de la selección. Richard López reveló a Referí que Walter fue su referente y dijo: "Habría mil cosas para hablar del hombre porque dejó una huella imborrable".
"Walter para mí fue un gran amigo y un gran referente para los kinesiólogos que hoy en día tenemos la Unión de Kinesiólogos, a la que le pusimos de nombre Walter Ferreira en honor a él por su trayectoria".

Richard reconoce: "Con Walter aprendí más allá del área nuestra. Era como mi hermano mayor, aprendí todo, más que nada lo principal que debe tener el ser humano, que son los códigos. Un tipo con un sentido de compañerismo brutal, solidario. Muchas cosas me llevé de los momentos que me tocó vivir con Walter".

El actual kinesiólogo de la selección nacional comentó: "Cuando vine a la selección Walter siempre me ayudaba, porque comencé con los juveniles, entonces iba y preguntaba si me faltaba algo. Más que un compañero fue un referente. Siempre te daba una mano. Cuando se iba con Nacional me decía 'venite a la clínica', y me dejaba a cargo, me dejaba los trabajos. Esa confianza no se paga con nada".

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