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Mauricio Macri después de Franco: de acusado a acusador

El presidente argentino quiere usar la denuncia por corrupción contra su recientemente fallecido padre como una muestra de su compromiso con la transparencia

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27 de marzo de 2019 a las 05:04

Para los argentinos, tan afectos a las interpretaciones psicoanalíticas, fue todo un filón para elaborar teorías: las declaraciones de Mauricio Macri en las que admitió que su padre –fallecido hacía apenas dos semanas- había incurrido en un delito al pagar coimas para ganar licitaciones de obra pública dieron material para todos.

Por un lado, fue la ratificación de las diferencias personales, políticas y éticas que el presidente siempre ha querido marcar con su dominante progenitor, el fundador de un conglomerado empresarial que ha jugado un rol fundamental en el ámbito empresarial argentino.

Para muchos –incluyendo muchos empresarios colegas de Franco-, recién cuando Mauricio llegó a presidente se liberó de la etiqueta de “el hijo del Tano” y pasó a tener entidad propia.

Esa relación contradictoria tuvo momentos fuertes, como cuando Franco pagó seis millones de dólares por el rescate de Mauricio, cuando éste fue secuestrado en 1992 por una banda de ex policías. Luego, cuando el hijo quiso ir a la presidencia de Boca Juniors y desde ahí saltar a la política, Franco no disimuló su desagrado y hasta “boicoteó” su carrera al acercarse al kirchnerismo.

Finalmente hubo una reconciliación, aunque eso nunca impidió que Mauricio dejara entrever su desaprobación hacia el estilo empresarial y personal de Franco.

"Tuve una relación muy intensa con mi padre. Al final del camino le estoy eternamente agradecido. Siento orgullo por el padre que he tenido”, definió el presidente.

Y, al despedirlo en el funeral, no dudó en calificarlo como “una persona que predicó con el ejemplo del esfuerzo y del trabajo”.

Pero eso no fue obstáculo para que apenas dos semanas después, en televisión, dijera que su participación en el entramado corrupto de la obra pública durante la gestión anterior “era un delito, y él era parte de un sistema en el que se vio extorsionado por el kirchnerismo”.

La fina línea entre Franco, Gianfranco y Mauricio

Pero más allá de la interpretación sobre los vaivenes de la relación entre Macri y su padre, está la consecuencia política y judicial de sus dichos.

En realidad, no es que el presidente haya dicho algo que no se supiera, porque las acusaciones contra el grupo Socma aparecen en la causa judicial conocida como “los cuadernos de las coimas”, donde se investiga un entramado de corrupción con la obra pública durante la gestión kirchnerista.

Y, desde ya, Franco Macri y su conglomerado empresarial siempre ha sido considerado como un fiel exponente de eso que los argentinos llaman “la patria contratista”.

Pero es la primera vez que Macri admite una culpa que salpica de forma tan directa a su propia familia. Y de inmediato se planteó la pregunta sobre si la responsabilidad queda en Franco o si se debe extender también a sus herederos.

Y más concretamente, si el decreto sobre extinción de dominio, que impulsó el gobierno para recuperar para el Estado los bienes de funcionarios corruptos, puede aplicarse en este caso al propio presidente.

Hay dirigentes de la oposición peronista que interpretan la frase de Macri casi como una autoincriminación y que creen que el grupo Socma o el propio patrimonio del presidente deben ser objeto de detracciones para resarcir al Estado.

Por caso, Sergio Massa señala que correspondería aplicar la extinción de dominio porque “a partir de la confesión que realiza un accionista de la compañía Socma, hay que investigar el patrimonio y la herencia de la familia Macri. Y la confesión de un delito por parte de un accionista obliga a que un juez y un fiscal comiencen la investigación”.

Otros dirigentes recordaron luego que, por un dato que se filtró desde el organismo impositivo, se supo que el hermano del presidente, Gianfranco Macri, había adherido al blanqueo de capitales convocado por el gobierno en 2016. En el plan original, el blanqueo quedaría vedado para parientes de funcionarios, pero luego esa prohibición se hizo más laxa.

Lo cierto es que Gianfranco blanqueó unos 35 millones de dólares y reconoció ser el dueño de una cuenta off shore que figuraba en los documentos conocidos como “Panamá Papers”. Y los ingresó al país aprovechando la amnistía fiscal y el secreto que prometía la ley.

Cuando, dos años más tarde, la justicia lo citó para que dijera qué sabía sobre el pago de coimas a funcionarios del gobierno kirchnerista, se limitó a declarar: “yo nunca en mi vida pagué una coima; mi papá no sé”. En ese momento, Franco ya se encontraba enfermo y no estaba en condiciones mentales de declarar.

Es así que en el mundo político y empresarial argentino interpretaron la actitud de Mauricio y su hermano como un intento por acotar en la figura de su padre Franco cualquier posible culpa por corrupción.

Pero las cosas se complicaron cuando el abogado Luis Conde, que representaba al fallecido Franco Macri, dijo “Mauricio Macri manejaba Socma”. Agregó que desde hacía años, cuando el patriarca repartió y delegó en sus hijos el manejo del conglomerado empresarial, el que manejaba los hilos era el actual presidente.

En otras palabras, insinuó que no había forma de que el actual presidente no estuviera al tanto sobre el pago de sobornos hechos por ejecutivos de sus empresas durante el gobierno kirchnerista.

La estrategia: hacer del defecto una virtud

¿Corre riesgo Macri de perder parte de su patrimonio o, peor aún, de ser considerado cómplice en un entramado corrupto? La opinión de los abogados es que no.

Por un lado, descuentan que nadie lo acusará formalmente mientras sea presidente. Pero además recuerdan que la ley indica que nadie está obligado a denunciar a un pariente hasta segundo grado.

Por otra parte, en el entorno de los Macri alegan que, en el caso específico de la empresa Autopistas del Sol, la tenencia accionaria familiar ya se había reducido considerablemente, tras una serie de ventas a sus socios españoles e italianos.

De hecho, apuntan que sólo un 7 por ciento de las acciones estaban a nombre de los Macri y que, además, se había recurrido a la figura de un fideicomiso para su manejo. Esto implica que los tenedores de esas acciones no formaban parte del directorio ni concurrían a las asambleas.

En otras palabras, que ningún Macri tomaba decisiones ni tenía por qué tener conocimiento de que la empresa pagara coimas a los funcionarios del área de vialidad durante el gobierno kirchnerista.

Aun así, hay quienes creen que la defensa no resultará tan fácil. Ocurre que la cifra blanqueada por el hermano Gianfranco –también investigado en la causa de los cuadernos- quintuplica el patrimonio declarado por el presidente.

Eso reforzó las sospechas respecto del presidente: para muchos no resultó creíble que el hermano menor tuviese más dinero que Mauricio, quien durante años había sido el ejecutivo principal y “delfín” de Franco.

Pero, más allá de la discusión jurídica o de las eventuales sanciones que afecten el patrimonio del clan Macri, está la cuestión política: ¿el sinceramiento del presidente respecto de las prácticas ilegales de su padre lo perjudica o lo beneficia ante la opinión pública?

Es una batalla que está en pleno desarrollo. Es claro que, en plena campaña electoral, el peronismo se propuso sacar provecho político de las sospechas de corrupción sobre los Macri.

Sin embargo, hay algunas limitaciones a esa estrategia. Es claro que si se acepta que son válidas las denuncias sobre que Franco pagaba coimas, entonces se debe dar por bueno todo lo expuesto en la “causa de los cuadernos”. Y esa investigación apunta a un esquema corrupto manejado por Néstor y Cristina Kirchner.

En otras palabras, cuanto más se acuse a Franco, más se aceptará tácitamente que todo lo que figura en esa causa es cierto y no, como alega la ex presidenta, un armado ficticio destinada a perjudicarla.

La apuesta del macrismo es que estos eventos sean interpretados como un compromiso del presidente con la verdad y la transparencia. Ya se había insinuado eso la primera vez que Franco fue acusado.

En definitiva, la estrategia del macrismo es blindar la imagen del presidente y enfatizar en que no es responsable de eventuales culpas que correspondan a su padre en el manejo empresarial. Esa misma línea argumental ya fue utilizada en otras ocasiones, como cuando en medio del escándalo internacional de los “Panamá Papers”, el propio Franco presentó una declaración en la cual se asumía dueño de firmas off shore no declaradas que se le atribuían a su hijo.

En las últimas horas, muchos recordaron una frase de Elisa Carrió, principal aliada política de la coalición Cambiemos, quien había dicho “Si tiene que caer Franco Macri, que caiga”.

Pero no todo termina en los problemas familiares de los Macri. El hecho de apuntar contra su propio padre fue también interpretado como un mensaje del presidente hacia todo el empresariado.

A fin de cuentas, hay decenas de empresarios de primera línea que están siendo investigados, por acusaciones similares a las que pesaron sobre Franco. De manera que el presidente envió un mensaje entrelíneas que juega a favor de su postura ética: así como no impidió que “cayera” su padre, tampoco lo hará por los más poderosos de la Argentina

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