Por Beatriz Lecumberri, AFP
En menos de tres semanas, más de 75 palestinos han muerto en la franja de Gaza, donde las infraestructuras construidas en los últimos años se han derrumbado bajo el peso de las bombas.
Israel no llevaba a cabo una ofensiva de esta envergadura en Líbano desde hace 10 años, cuando lanzó su operación "Uvas de la ira", en la que más de 150 personas murieron en 16 días, y no enviaba un tanque en este país vecino desde mayo de 2000, cuando se retiró de este territorio.
Las primeras víctimas de esta ofensiva son los miles de civiles palestinos y libaneses que han visto como sus puentes, carreteras, centrales eléctricas, aeropuertos y escuelas volaban en mil pedazos bajo las bombas.
"La comunidad internacional debe comprender que Israel responda de manera firme contra objetivos enemigos como Hezbollah", declaró el primer ministro del Estado hebreo, Ehud Olmert.
"Europeos y estadounidenses deben reaccionar antes de que estos dos frentes simultáneos se conviertan en una guerra incontrolable", declaró el analista palestino Mjaimar Abu Sada, profesor de la universidad Al Azhar de Gaza.
"Sumados a la guerra en Irak y a la crisis nuclear iraní, el conflicto israelo-palestino e israelo-libanés acentúan el sentimiento de caos que sólo favorece a las tiranías y a los que defienden la ley del más fuerte en la región", aseguró Abu Sada.
"Este es el único medio de poner al mundo entero delante de sus responsabilidades y de orientar la mirada internacional al sufrimiento y humillaciones que sufren miles de presos en las cárceles israelíes", declaró Hassan Nasralá, líder del Hezbollah.
Según los analistas políticos de la prensa israelí, la operación militar del Estado hebreo podría contar entre sus víctimas al gobierno "intransigente" que la lanzó. "La crisis muestra las debilidades del gobierno israelí y muestra que ninguno de sus miembros escapa de la mediocridad", afirmó el diario Yediot Aharonot.